"¿Dashiell?" Preguntó la profesora mientras estiraba el cuello para buscar mi posición.
Alcé la mano.
Tras ubicarme con los ojos volvió la mirada al papel y siguió leyendo.
"Has sacado un nueve..." hizo una pausa y comenzó a contar las cruces de mi columna "pero debes 21, 22, 23....debes 23 ejercicios...y cada uno te resta 0'25...además te puse 3 faltas negativas por mal comportamiento en los últimos dos meses así que tu nota debería ser 9.... menos 4'75 por tu holgazanaría y lo que te reste por tu actitud."
Hice el cálculo mental del resultado, también ella.
"Aún así no puedo suspenderte con la calificación que has obtenido en el examen.
Estás aprobado con la nota mínima, un 5, y debes entregarme los ejercicios que no has hecho durante esta evaluación, si no los resuelves volveré a penalizarte en la siguiente"
Cuando terminó la clase la profesora me hizo esperar.
"Dashiell, quiero que le des esta notificación a tus padres y que me la traigas firmada"
Cogí el papel y lo leí de un vistazo.
"Su hijo no colabora, tiene una actitud rebelde y no realiza los ejercicios que se le encomiendan"
Cada evaluación se repetía el mismo proceso, veía mi resultado menguar como el sueldo de un islandés tras los impuestos y arrastraba para la siguiente una penalización de trabajo extra por todo el que no había entregado.
Llegó el momento en que ni siquiera hubiera podido devolver los intereses de esa deuda argentinizada.
Y el global crecía y crecía clase a clase en el momento de resolver los deberes, ese en el que la profesora pasaba lista anotando al mismo tiempo cada dato con la exactitud y el cuidado de un usurero.
"Marta, ¿Has hecho el problema número 1?"
"Sí"
"Raquel, ¿Y tú?
"Sí"
"Álex"
"También señorita"
"Dashiell"
"No"
Cómo era una oveja negra de nada valía tratar de resolver los trabajos mientras se enunciaba su resolución, la profesora pedía inmediatamente que le enseñase el cuaderno para comprobar que había trabajado en casa.
"Dashiell, hoy te vas a quedar aquí cuando todos se vayan y vas a acabar los ejericios"
Cuando terminó la clase permanecí en mi pupitre rellenando el cuaderno con los deberes, era algo insoportable, tedioso. Aprovechando que la profesora había salido para hacer una pausa me dirigí a la mesa de uno de los alumnos que siempre entregaba lo exigido y agarré su libreta para copiarlos a toda velocidad.
Estaban en blanco.
Estaban en blanco y la maestra había aceptado su palabra sin hacer ninguna comprobación.
Ese día aprendí el valor de la auctoritas.
La auctoritas no es más que la legitimación y el peso que se desprenden de los actos y opiniones de una persona o institución que goza del respeto moral por parte del conjunto de individuos en el que se encuadra.
Cuando se está en posesión de la auctoritas lo que se dice deviene importante no solo por su contenido si no por la categoría del emisor.
"El Premio Nóbel de economia americano Paul Samuelson afirma que"
"El respetado escritor José Saramago considera a la sociedad moderna como"
"Alfredo Di Estefano piensa en"
Y la auctoritas se extiende hasta extremos insospechados que suponen un claro indicador de la evolución tecnológica y moral de la sociedad.
"Anunciado en televisión" ergo ese objeto ha de ser, necesariamente, de una calidad excepcional dado que el rectángulo de imágenes disfruta de un nivel de legitimación ética incontestable que otorga la presunción de verdad.
La auctoritas lo invade todo hasta el punto de inundar la economía, la política y el mundo de lo artístico, en este último caso, y tras la explosión cultural de las vanguardias, acaba siendo algo más relevante que las obras en sí.
En el Quattrocento un pintor renacentista alcanzaba auctoritas gracias a su habilidad con los colores y el dibujo para crear un mundo verosímil sobre el lienzo de forma que un espectador pudiese comprobar su pericia representando la realidad o recreando mundos inexistentes con coherencia interna.
A partir del siglo XX se da un vuelco a la situación, el espectador no puede juzgar si una obra de Tapies o Barceló es basura dado que son artistas "a priori" y se traslada el problema de la calificación al espectador.
No es que el cuadro sea pésimo si no que la persona que piensa así "no entiende", carece de los atributos para juzgar a alguien que está por encima de él.
"¿Quién es un ciudadano, ese número de entre la masa, para poner en duda el talento de Jackson Pollock, el cine de Manoel de Oliveira, las decisiones económicas de Allan Greenspan o la culpabilidad de una monja lesbiana y viva la virgen que ya condenó la televisión?"
El Oraculo de Delfos, fabricado en China en lugar de en Grecia , lo ha dicho, la película tiene una calificación de 5 estrellas aunque la incultura de la sociedad la va a empujar al horario de madrugada.
¿Y no fue Zapatero el responsable del 11M? ¿No descubrió el director de El Mundo tras pasearse como Pedro por su casa por el sumario de los atentados que ETA fue la responsable de las deflagraciones? ¿No dijo Coelho que el sentido de la vida estaba en tí a pesar de que siempre creíste que era 42?
Tú, oveja negra sin auctoritas, con un PageRank vital de 0, no eres nadie.
No soy nadie.
Le debo 23 ejercicios a la vida y ella nunca perdona una deuda.
jueves 10 de diciembre de 2009
La auctoritas y el sentido de la vida
sábado 5 de diciembre de 2009
Consecuencias políticas de la crisis islandesa
Pocos meses después de las elecciones las encuestas volvieron a encaramar al primer puesto en intención de voto al Partido de la Independencia, el mismo que con sus desastrosas decisiones y su política de compadreo había arruinado al país.
La vida siempre pone a éxamen a la capacidad de sorpresa, aun así semanas más tarde se acabaría añadiendo escarnio a la vergüenza en un "más difícil todavía" de proporciones inverosímiles:
Davíð Oddsson, el ex director del Banco central islandés y antiguo Primer ministro, era nombrado editor jefe de Morgunbladið, el periódico más influyente del país.
Dado el escaso número de medios y la concentración de estos la decisión se traducía en algo terriblemente grave: los causantes del colapso económico y de la ruina de miles de familias controlarían la información que iba a llegar a los lectores.
Vivir para ver, la historia convertida en un editorial.
Canal Sur, La Cope, Foxnews, El País, Liberation.... pobre de aquel que base su visión del mundo en las directrices interesadas de aquellos que solo aspiran a controlarle.
Anexo:
jueves 3 de diciembre de 2009
Propiedad intelectual y piratería, caso cerrado.
La industria basada en la información se enfrenta al mayor reto de su historia, un desafío clave que amenaza con pasar su existencia por la quilla del galeón pirata sobre el que navega el intercambio de archivos.
En ese estado de cosas los productores de contenidos presionan a los diferentes gobiernos a nivel internacional para que adopten medidas a fin de dificultar los servicios peer to peer y el streaming mediante los que los corsarios acceden a sus obras de forma gratuita causándoles pérdidas devastadoras.
Los políticos, esos malabaristas de circo, se ven ante una disyuntiva sin posibilidad de éxito:
Por un lado reciben presiones para satisfacer las demandas de los autores, en muchos casos afines a su propia ideología y que han colaborado publicitariamente en su elección y por otra a las peticiones generales de los votantes que ya han interiorizado como un derecho la gratuitidad de la cultura.
Que el propio interés está por encima de la ideología es algo que se constata al analizar la evolución de las diferentes partes en el conflicto: músicos autocatalogados como marxistas defendiendo la propiedad privada, su propiedad privada, como auténticos presidentes de una patronal de empresarios y personas corrientes y molientes atacándoles como a los mayores hijos de puta del país cuando antaño les adoraban.
Se es de derechas con el dinero propio y de izquierdas con el de los demás.
Esos mismos ciudadanos que justifican las descargas ilegales atendiendo a las más peregrinas razones (alto precio de la música, tiranía de las productoras, etc...) le partirían la cara al primero que se atreviese a robarles una barra de pan argumentando que su coste es excesivo.
Pero es imposible amurallar el oceano sobre el que se navega aunque en una decisión sin precedentes y ejecutando un triple mortal sin red para amordazarla el gobierno pretenda introducir la censura a través de un anteproyecto de ley de economía sostenible que no se tiene en pie.
Esa es la manera en la que unos políticos mediocres se enfrentan a un cruce de caminos: campo a través y tirándose al monte, cerrando páginas web sin autorización judicial y cortándo el servicio a los infractores como en una república bananera.
No va a ocurrir.
No lo hará porque el principal problema de la industria de la información no es la piratería, la piratería solo es la consecuencia de una evolución tecnológica que elimina los soportes físicos y al desaparecer estos, necesariamente, lo van a hacer la mayoría de intermediarios.
Negar ese hecho sería como creer que la industria de las lamparas de aceite podía sobrevivir ante el ímpetu de la electricidad.
El problema no es la piratería, el problema es que la piratería ofrece un mejor producto que los distribuidores.
¿No son el CD, el DVD, el Blue Ray e incluso el periódico tradicional así como el resto de soportes físicos algo obsoleto? ¿Quién adquiere un Discman o un Walkman hoy en día? ¿No son los lectores de libros digitales los electrodomésticos de mayor explosión en ventas? ¿No son los MP3 players el estandard utilizado para escuchar música? ¿No es la rapidez en el disfrute un valor añadido frente a las esperas interminables del canal de distribución y los detallistas?
El verdadero problema de la industria es que ofrece un producto de peor calidad y que a nadie interesa frente a otro gratuíto, inmediato y que se ajusta al hardware que todos utilizan.
El verdadero problema de esa industria de ciegos es que intenta iluminarnos con lámparas de aceite en un mundo dominado por la electricidad.
Ninguna ley puede salvar su futuro.
Ninguna ley puede salvar un barco a la deriva del abordaje.
martes 1 de diciembre de 2009
"No a la crisis"
Me levanté pronto para comprobar si Dios iba a ayudarme.
Lo hizo. A través de los periódicos digitales en Internet, los mismos que acusan a alguien de ser homosexual equiparándolo a un delito o cuelgan la etiqueta de homicida y pederasta a un veinteañero friegaplatos que nunca rompió uno.
"No a la crisis", ese era el lema balbuceante alrededor del cual protestaban los ciudadanos en las fotografías de una manifestación sevillana del Partido Comunista, los Sindicatos y las asociaciones de jornaleros.
"Por una salida de izquierdas a la recesión", no dejaba de ser anecdótico que todos esos piquetes representantes de los más necesitados prefiriesen mantener a un cuarto de la masa laboral en el paro a que se tomasen las medidas necesarias para reducir el desempleo.
Preferían garantizar el trabajo a las condiciones necesarias para que se crease, al ser lo primero imposible, se aspiraba a endulzar el desastre con prestaciones, ayudas y todo una serie de limosnas estatales con fecha de caducidad.
Esa era la forma de ser católico y ateo al mismo tiempo, de reivindicar a Max Weber.
Preferían convertir a cada empleado en funcionario y catalogar a cada inversor como alguien que explota a sus semejantes.
"No a la crisis", el dadaísmo corría a tumba abierta por el cementerio económico del país a golpe de charanga silbato y embotellamiento. Mucho ruído de recesión para tan pocas nueces de ideas en medio de una tempestad antishakespeariana sin futuro Próspero ni Ariel.
26% de paro en Andalucía y Canarias, 25% en Extremadura, 21% en Baleares, la lista continuaba por todo el sur de España y la costa de levante, ese cielo enladrillado de promesas y podrido por el trabalenguas autonómico de la corrupción urbanística.
Gracias a los periódicos comprendí el verdadero problema de España, un problema que iba más allá del simple nepotismo de Islandia.
¿Quién tendría el valor de enfrentarse a las protestas sociales, de introducir una tasa por cada vez que se pisa un centro médico, de flexibilizar el mercado de trabajo, de suspender las ayudas al carbón, de despolitizar las Cajas de Ahorros, de en definitiva, convertir el país en un lugar menos anquilosado y más dinámico?
Nadie.
Y hasta entonces:
"¡No a la crisis.... no a la fuerza de la gravedad y.... qué coño...no a la segunda ley de la termodinámica!"
lunes 30 de noviembre de 2009
Recuerdos de la niñez
Mi infancia no fue un patio de Sevilla, solo las calles iluminadas del Mediterráneo donde los chicos construían escudos de hojalata para defenderse de espadas de madera y las niñas saltaban a la comba mientras entonaban canciones.
Los recuerdos de las mujeres dejando la llave en la puerta, las noches calurosas en las que los vecinos cenaban juntos en las aceras, el tirador de vino que no podía probar, las aceitunas rellenas con las que todos se relamían menos yo, el correr con todas mis fuerzas hacia el puesto de golosinas...
Caramelos Drácula de melón, también de cereza, nubes, Escalofríos, Kojaks, Bubaloos, Peta zetas y la estrella de los gourmets de los mocos y las rodillas peladas:
El Fresquito.
Ese chupa chup en forma de dedo alojado en una bolsa con polvo ácido...costaba 15 pesetas y siempre lo comía al final.
¿Aún existían? ¿y los helados Camy durante julio? ¿El Colajet con premio en la madera? ¿El Apolo y el Superapolo?
Seguía corriendo en mi cabeza para comprarlos, seguía corriendo tras acabar las clases para encender la tele y gritar como un poseso viendo "Bola de dragón", haciendo kame-hames imaginarios para destruir todo lo que odiaba...seguía en el colegio gritando "los que se pelean se desean" y continuaba con el asedio a mis padres para que adquirieran un ordenador Amstrad y una Sega Master system.
Hipopótamos tragabolas, partidas de Monopoly que nunca pude acabar, amigos enganchados a Cluedo y encuentros de futbol que terminaban cuando los adolescentes decidían seguir la ley de la selva y expulsarnos del campo.
"La vida es así, a mi también me lo hicieron"
Nada de eso volvería a mi existencia más allá de los recuerdos, esa bodega de la mente donde el vino nunca se pica.
Pero todos, en cada generación, negaron un beso a una chica o la posibilidad de casarse siendo adultos, quisieron que un enemigo de fila se rindiese en una pelea, falsearon un corazón de tiza, corrieron para ver un nuevo monopatín, enseñaron con orgullo un sobresaliente.
Mi estómago y mis entrañas tenían hambre de Fresquitos.
sábado 28 de noviembre de 2009
Somos como las naves de Star Trek
"Todos los que se ahorcan mueren con la polla tiesa y el agujero del culo suelto" dijo Andrew
"No es verdad" respondió Michael tras apoyarse en la pared.
"Sí que lo es, puedes buscarlo en Google, escribe -suicidio ahorcamiento erección- y te ha de aparecer, es así, no hay vuelta de hoja, si alguna vez decides matarte cuando te encuentren verán que estás empalmado"
"Eso es una tontería, ¿Dashiell lo estás oyendo?"
"Emmmhh" traté de contestar pero la sorpresa y el alcohol me tenían fuera de juego.
"A tí te gusta leer, estoy seguro que has oído hablar de esto antes, la gente se caga, se mea y la pilila se pone en marcha cuando te estrangulan" exclamó Andrew mirándome.
"Ehhhh....yo no....no lo sé, ¿Cuál es la razón de eso?" dije.
"Ni idea, tal vez es porque todos somos como las lavadoras"
"¿Como las lavadoras?"
"Sí, claro, a veces se atrancan, has puesto la ropa dentro y se va la luz o tiene una avería o lo que sea, por eso los diseñadores ponen un botón escondido para abrir la compuerta y sacarlo todo"
"A ver si lo entiendo, nosotros tenemos un interruptor así, ¿no?" exclamé.
"Puede ser, tiene sentido, encaja perfectamente, si te ahorcan es como si presionaran ese botón del cerebro, las compuertas de la nave se abren como en Star Trek y el cuerpo puede expulsar toda la mierda y los pedos para empezar limpio en la otra vida"
"Y el rabo se pone como una piedra" añadí.
"Claro, porque si vas al cielo..... si vas al cielo....debe de poderse follar.... sería inaudito lo contrario y si te destinan al infierno te han de coger el culo salvajemente, así que una cosa se te afloja y la otra se endurece, ¿No es lógico?"
"Emmmm no, si, bueno... supongo" dije tratando de mantener la verticalidad.
"¿Y por qué no le ocurre a todo el mundo que estira la pata?" preguntó Michael.
"¿Cómo?"
"Joder, si has de ir preparado para empezar a chingar como un poseso o para que te rellenen el culo como a una aceituna ¿Por qué no todo el mundo muere empalmado y con el ojo abierto?" inquirió Michael como habiendo encontrado una grieta en el andamiaje filosófico de la argumentación de Andrew.
"Tal vez lo hacen... solo que no está probado porque es un momento familiar, íntimo, los ahorcamientos son ejecuciones públicas y el condenado no le importa un carajo a nadie, todo el mundo puede verlo y no se oculta, además....¿a cuánta gente le has quitado los calzoncillos o las bragas justo al morir? Ahhh...a ninguno....¿Entonces qué coño sabes tú? ¿Te has preocupado de googlearlo alguna vez?"
"No"
"Hazlo, somos como las lavadoras, como las lavadoras y las naves de Star Trek"
jueves 26 de noviembre de 2009
Fútbol y deporte
martes 24 de noviembre de 2009
Icelandic fashion week
icelandic fashion week 2009Salí de mi casa silbando, la diferencia entre un europeo del sur y un nórdico consiste en que el primero no necesita saber a donde va cuando camina.
Chaqueta calada, bufanda y auriculares Sennheiser.
Pasear por las calles de Reykjavík es como hacerlo por un pueblo abandonado y fantasmagórico, más allá del triángulo que conforman Hallgrímskirkja, Hlemmur y la plaza de Ingólfstorg las aceras no reflejan el más mínimo atisbo de vida.
Solo tras caminar unos 800 metros pude ver a otro peatón: una mujer polaca que llevaba a su hija de la mano mientras cargaba de la otra una bolsa de comida.
Seguí paseando bajo el frío y el viento, Islandia empezaba a aburrirme tras casi dos años en el país, era una nación ideal para un estudiante de intercambio o para una vida familiar y tranquila pero después de haber visitado todos los rincones más importantes de la isla quedaba muy poco que descubrir.
No existía la posibilidad de trasladarse de Nueva York a California, de París a Niza o de Bilbao a Madrid.
Reykjavík era la única opción.
Mantuve el paso como un autómata, concentrado en mis pensamientos y sin prestar atención a los coches o los semáforos.
Unos aplausos me sacaron de mi letargo, volví la cabeza y traté de buscar de dónde provenían.
A lo lejos, en el puerto, un grupo de personas jaleaban a unas modelos que desfilaban por la dársena rodeadas de barcos, algas y mierda.
Miré de nuevo para cerciorarme y caminé hacia el sitio exacto pero tras llegar al borde del recinto no pude aproximarme más.
"Sael" dije saludando a una islandesa que observaba el desfile.
Me miró como a un enajenado y no contestó.
Me la sudaba, volví a hablar.
"Perdón, ¿Qué es esto?"
"Es la Icelandic fashion week" dijo sonriéndome.
Las palabras no podían describir la chabacanería de un evento aderezado por el clásico hedor de las zonas portuarias.
Dos diseñadoras salieron coriendo del improvisado perímetro mientras discutían en inglés con uno de los organizadores.
"Esto es una auténtica estafa y una absoluta humillación" gritó una de ellas
"Entiendo vuestro enfado pero todas las semanas de la moda, en cualquier parte del mundo, son parecidas, está siendo un éxito"
"¿Un éxito? , nos habeis hecho dormir en una base militar abandonada, nos prometisteis una pasarela oficial de 40 a 45 metros y las modelos tuvieron que desfilar en una de 20 construída con palets de madera y botellas de agua envueltas en plástico, no hay perchas ni tomas de electricidad y tenemos que vestir a las maniquíes en tiendas de campaña con goteras.
¿Me estás diciendo que esto es un éxito?"
No tuvo respuesta.
Empecé a reirme y volví a casa, días después, ojeando la prensa internacional, descubrí que la "Icelandic fashion week" ,publicitada como la semana de la moda más glamourosa al norte de París, se había convertido en uno de los clásicos desastres organizativos islandeses:
Modelos desfilando entre puestos de perritos calientes, castings para maniquíes en gimnasios, catwalks y muestras de colecciones de diseño en concesionarios de coches, pasarelas construídas con palets... la lista de quejas de diseñadores de todo el mundo que habían acudido a Islandia tras aceptar la invitación a su semana de la moda seguía y seguía.
Es sencillo engañar a alguien cuando está dispuesto a creerte, algo que la reputación de un país nórdico facilita.
Seguí buscando datos al respecto y di con un artículo en español sobre Islandia, hablaba de las iniciativas del país para mejorar la economía, me detuve a leer los comentarios al respecto de internautas españoles y sudamericanos.
"Eso es un país y no esta península de mierda llena de politicastros e incompetentes"
lunes 23 de noviembre de 2009
Un buen samaritano
El coche no pudo arrancar tras el repostaje en la gasolinera.
Saqué la llave y la tiré sobre el cuentakilómetros.
"Inténtalo de nuevo" dijo Sergei
"No va a ponerse en marcha" exclamé mientras miraba por el espejo izquierdo
"Hazlo, por favor" repitió.
Cogí por segunda vez la llave y giré el contacto, el motor carrespeó como un enfermo pulmonar aquejado de tos seca pero no pudo iniciar su proceso.
"No ha funcionado y no va a hacerlo, necesitamos conectar las pinzas al motor de otro coche"
"Hay que preguntar a alguien si nos da permiso" dijo Sergei recalcando lo obvio.
Salimos del automóvil mientras me mordía la boca, no teníamos otra opción que pedir ayuda, algo que me hizo hervir la sangre.
Pinta de polacos y coche viejo.
Miré hacia la avenida, dos lexus se acercaban para repostar. Sergei y yo esperamos a uno de ellos, un islandés bajó de su automóvil de forma parsimoniosa y se puso a toquetear el cuadro de mandos de la bomba contigua.
"¿Hola, podríamos conectar los cables de batería a su motor?"
El tipo se quedó mirándonos pero sin contestar, como una especie de autista.
"No, si quereis ayuda pedidla a los trabajadores de la estación de servicio" dijo mientras elegía la cantidad de combustible a pagar.
"Gracias de todas formas" contesté.
Sergei y yo empujamos el coche hacia un lado alejándolo de la bomba de repostaje, aún así su ubicación equivalía a una grúa y una multa.
Caminamos un poco, mirando a nuestro alrededor, el eslavo no se atrevía a preguntar de nuevo, había vivido suficientes pequeños desplantes en los últimos meses.
Un taxista apareció, de inmediato supe que era la persona adecuada, los profesionales de la carretera son mucho más solidarios al haber vivido todo tipo de contratiempos en sus propias carnes.
Me aproximé al taxi.
"Góðan daginn"
"Daginn"
"Nuestro coche se ha quedado sin batería ¿podríamos conectarlo al suyo para arrancarlo?"
"Sí"
"Muchas gracias"
Sergei sacó las pinzas mientras el islandés abría el motor.
Me senté al volante e inmediatamente tras recibir el visto bueno le di al contacto, el automóvil se puso en marcha tras aplicarle ese electroshock para moribundos.
"Takk fyrir, ha sido muy amable"
"Me debes 1.500 krs" respondió.
Sonreí ante la broma.
"¿Vas a pagarme o qué?"
"¿Perdón?"
"Son 1500 Krs, este es mi negocio, no estoy aquí para hacer amigos"
Subí la ventanilla y Sergei entró en el coche.
El islandés volvió a pedirme el dinero, yo negué con la cabeza.
"Volved a vuestro país gentuza"
sábado 21 de noviembre de 2009
De cómo hacer que todo se vaya al carajo (La pobreza en el mundo parte III)
David O'Keefe nació en Irlanda en 1828, como tantos otros de sus conciudadanos acabó emigrando a los Estados Unidos al cumplir la veintena espoleado por el hambre y la falta de oportunidades, ese matrimonio incestuoso con residencia permanente en Dublín hasta que llegó Google.
Tras instalarse en Savannah fue saltando de empleo a empleo sin encontrar la fortuna que anhelaba y con la que siempre había soñado.
Huyendo de varios asuntos turbios y tras abandonar a su mujer estadounidense acabó enrolándose como marinero en una embarcación destinada a los mares del sur, tras entablar contacto con los habitantes de Micronesia y conocer el funcionamiento de las redes mercantiles de la copra y los productos derivados del mar decidió establecer una pequeña oficina comercial en Yap, una isla conocida entre los marineros europeos por la tradicional mentalidad de sus habitantes y por el extraño dinero de piedra que estos utilizaban para sus transacciones, dinero que debían traer de otras islas en peligrosos desplazamientos debido a la ausencia de roca caliza en Yap.
Aunque O'Keffe no había sido el primer hombre blanco en tratar de establecer líneas de comercio en el lugar, de hecho la isla contaba ya con centros mercantiles germanos y holandeses, el resto de europeos no habían tenido un éxito excesivo negociando con los locales, estos, al contrario que los habitantes de otros puntos de Micronesia no tenían interés en los productos del viejo continente y no estaban dispuestos a oferecer sus cosechas o los resultados de su pesca a cambio de ropa o bisutería de cambalache.
Su inconsciencia de indígenas les hacía incapaces de comprender por qué deberían de trabajar mucho más para adquirir cosas que no necesitaban.
Seguían prefiriendo sus ropas tejidas a mano y sus adornos florales a las telas, piedras y juguetes de los europeos.
Pero O'Keefe tuvo una idea brillante:
Si los yapeses solo estaban interesados en sus productos y en el dinero de piedra tradicional lo adecuado sería darles lo que buscaban. De esa forma, y teniendo clara su visión, se reunió con los jefes de las diferentes tribus de Yap para ofrecerles un negocio perfecto:
O'Keefe pondría a su disposición herramientas de metal endurecido así como los barcos necesarios para traer muchas más monedas de piedra en un mismo trayecto disminuyendo a su vez la posibilidad de naufragio, a cambio los yapeses pagarían por el servicio con una ingente cantidad de copra, aceite de palma y productos marinos.
Ese trato cambiaría su vida, y tras unos pocos meses O'Keefe se convertiría en millonario al vender los bienes conseguidos en los mercados de Asia y adquirir grandes superficies de tierra en Oceania.
Era un negocio perfecto en el que todo el mundo salía ganando por lo que el irlandés siguió trayendo piedra caliza a la isla, aumentando si cabe la producción al enseñar a los locales las técnicas básicas de la minería.
Sin embargo, apenas un año después, algo empezó a fallar, algo no funcionaba correctamente en el paraíso, el número de monedas de piedra había aumentado geométricamente mientras que los bienes producidos en Yap seguían siendo prácticamente los mismos.
El valor de las rocas calizas empezó a caer en picado y los precios aumentaron de una forma inversamente proporcional.
Se había generado un fenómeno de superinflación en la isla que estaba dinamitando su rudimentario sistema económico.
Pero O'Keffe ya había convertido en líquido la copra, el aceite y las algas, ya había comprado su tierra e Incluso el poder en la isla.
"¿No es el mundo algo sorprendente?" pregunta Marcus de forma retórica mientras cierra la tapa de su Apple "unos tipos en un garaje diseñan un ordenador por sus propios medios y acaban alterando la historia de la informática"
Pienso en Yap, y le explico al danés su historia, ninguno de sus jefes tribales podría haber imaginado nunca que alguien nacido en una aldea pobre del sur de Irlanda, en los confines del mundo, se convertiría en su señor.
Solo hay que darle a cada ciudadano lo que quiere:
Dinero.
Dinero....algo que no es más que un acuerdo social, una medida de intercambio que carece de valor más allá de los productos reales que lo respaldan.
"¿No era esa la forma en la que se exportaba la pobreza?"

