Cruzar el Rubicón

Entregué mi billete en el mostrador, la maleta pesó justo el límite establecido: había sido un buen trabajo de planificación.

Después de facturar me dirigí a la zona de embarque, pasé los controles de seguridad y me senté en una de las butacas esperando que el tiempo volase.

Las semanas previas no sentí aflorar el nerviosismo, pero estando allí en el aeropuerto a pocos minutos de despegar mi mente empezó a componer preguntas, yo tenía claras las respuestas.
Era cierto, probablemente iba a cruzar una línea, al igual que César en la orilla del Rubicón al decidir vadearla, mi vida ya no podría ser igual tras ello, había dejado un trabajo fijo, una existencia tranquila y cómoda con una familia y unos amigos extraordinarios por un futuro incierto en un país remoto y frío que nunca había visitado.

En los paneles apareció mi vuelo, el embarque estaba abierto, treinta y cinco minutos después flotabamos en el aire.
Cesar se convirtió en un proscrito al cruzar el Rubicón, sería perseguido por todos los ejércitos de su patria que no estuvieran a su mando.
Yo había vadeado un río menos importante para la historia pero más profundo y ancho: el Atlántico.

El avión se dirigía veloz hacia la capital más al norte del planeta.

Sentí a todos los ejércitos del mundo persiguiéndome, había cruzado la línea.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues creo que me toca estrenarte el blog.... ¡Qué responsabilidad! :)

Mucha suerte Dashiell (o Mister Floppy, tú decides) en las frías tierras del norte. Los mejores auguruios están de tu parte.

Y mis mejores deseos. :)

Queribus

Mister Floppy dijo...

¡¿Muchas gracias!

Grelo dijo...

Lo mismo digo!!!

Espero que te vaya de lo mejor por esas tierras tan frias!!

Un saludote desde España

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