Obsidiana

Era la primera vez que salía de Reykjavik.

Cuatro personas en el coche y en la radio “Sweet Hitch-hiker” de la Creedence Clearwater, imposible encontrar una mejor banda sonora para un viaje de carretera.
Abandonamos la ciudad y nos dirigimos hacia Thinvedlir, uno de los enclaves históricos y paisajísticos más importantes de Islandia, más allá de ese lugar solo existía pura improvisación y deseo de descubrir la isla.

Al dejar atrás la capital la sensación de vacío se hizo inmediata, solo hielo y piedra a ambos lados de la línea de asfalto.
Erika y Paula, las chicas alemanas, empezaron a hablar con Fabio, intentaban darle instrucciones para encontrar el camino adecuado a fin de llegar al destino, yo seguí en silencio y apoyé la cabeza contra el cristal de la ventana, su frialdad recorrió mi frente como un impulso eléctrico.
El enclave estaba cerca y Paula no tardó en avistarlo, “Es allí” dijo en tono recio mientras señalaba con su dedo índice la dirección.

Salimos del coche y caminamos hacia el mirador, un desfiladero serpenteaba desde su vértice norte y se introducía en una gargante rocosa y bellísima.

“En ese lugar se encontraba el primer parlamento islandés, hace casi mil años” dijo Paula.

Miramos alrededor y continuamos observándo el paisaje mientras descendíamos por el sendero que zigzagueaba introducéndose en la piedra como el violento hachazo de un dios.
La sensación temporal se detuvo, era fácil imaginar a los antiguos vikingos discutiendo y argumentando sobre la tierra que mil años después pisabamos fascinados.
Miré el reloj, habían pasado dos horas, era el momento de continuar el viaje...

Una vez en la carretera seguimos avanzando hasta llegar a Geysir donde la actividad geotérmica del entorno provocaba violentas erupciones de agua en ebullición que salía disparada a casi veinte metros de altura, de allí nos dirigimos a Gulfoss, las cataratas más importantes del país.
El lenguaje es una herramienta inútil para describir los sentimientos, las palabras se convierten en meras aproximaciones de lo que de verdad se siente, no hay lugar en el mundo donde ese hecho sea más cierto que en Gulfoss...

El viento calaba hasta los huesos como una lluvia penetrante y el entorno parecía un inmenso glaciar en el que el agua se abría paso salvajemente, arrastrándolo todo a su encuentro mientras oradaba las rocas y destruía las barreras.

No era la altura, era la violencia, el ímpetu, la sensación de ser nada en medio de la naturaleza iracunda y todopoderosa.

Paula se acercó a mi, sabía lo que iba a decirme.
Lo sabía porque todos pensabamos lo mismo.

“Si alguna vez siento que mi vida no tiene sentido o que voy a morir me dejaré caer desde estos riscos hacia la cascada...”

Durante el resto del trayecto apenas hablamos, el coche recorrió kilometros y kilometros hasta llegar a Selfoss, la mayor ciudad del sur de la isla.
Fabio detuvo el automóvil en ella, y Erika hizo algunas fotos a su minúscula iglesia, no había mucho que ver alrededor.
No tardamos en dejarla atrás, el coche continuó deslizándose sobre el asfalto y deteniéndose en todas las pequeñas aldeas que encontrabamos a nuestro paso, en sus calles no existía vida, nadie caminaba por ellas.
Seguimos nuestro camino, la luz del sol era mucho más mortecina, el crepúsculo se acercaba y estabamos lejos de la capital.

“Quiero ver el mar” dijo Erika.

Fabio paró el coche y ellos salieron, me sentía cansado.
Me tapé los ojos con los dedos y suspiré, quería volver a Reykjavik, aún así no dije nada, desabroché el cinturón y abrí la puerta, caminé hacia el mar, una pequeña montaña de rocas impedía su visión, la escalé.

Había una playa tras ella, una playa de arena negra.

Paula, Fabio y Erika se colocaron a mi lado, caminé hacia el agua dejándolos atrás, solo podía oírse el oleaje del mar, un mar oscuro como el vino.
Doblé las rodillas y cogí un puñado de arena, era polvo de obsidiana.
Los últimos rayos del crepúsculo rebotaban contra ella, la playa adquirió tonalidades cobrizas hasta que poco después la luz hizo surgir una explosión de colores, como en un crisol volcánico.
Veía Los cabellos dorados de Erika y Paula brillando entre la obsidiana.

Pensé en mi mismo.

Por primera vez desde que tomé el avión hacia Islandia estaba pensando en mi, en medio de esa playa de arena negra, en el centro de ese silencio, de ese vacío.

Había roto el orden.

Estudiar, encontrar un empleo, escuchar a tu padre diciendo que hagas unas oposiciones, escuchar a tu madre diciendo que el primo Adolfo tiene un sueldo que tú nunca vas a tener, casarse, irse alejando poco a poco de los amigos, formar una familia, sacarla adelante, pasar las vacaciones en el pueblo o en la playa de Benidorm, pagar la hipoteca, ahorrar para comprar un coche mejor, dejar de sentir ese cosquilleo por tu mujer, seguir por los hijos, pagarles la universidad, mirarse al espejo a los setenta sintiendo que la vida es una mentira...

No podía decir en qué punto estaba mi existencia, había alterado el curso natural de las cosas.

Para bien o para mal.

Estaba conduciendo mi vida, cabalgando sobre ella.
Esparcí el polvo de obsidiana que retenía en mi mano.

Sentí extrañamente que por primera vez en mi vida estaba haciendo algo que tenía sentido.

24 comentarios:

Julián dijo...

Esta leyendo tu blog, y mientras lo iba leyendo pensaba.... si, muy bonito, pero demasiado... llamesmolo "bohemio/poetico", cuando leo lo siguiente:

"Estudiar, encontrar un empleo, escuchar a tu padre diciendo que hagas unas oposiciones, escuchar a tu madre diciendo que el primo Adolfo tiene un sueldo que tú nunca vas a tener, casarse, irse alejando poco a poco de los amigos, formar una familia, sacarla adelante, pasar las vacaciones en el pueblo o en la playa de Benidorm, pagar la hipoteca, ahorrar para comprar un coche mejor, dejar de sentir ese cosquilleo por tu mujer, seguir por los hijos, pagarles la universidad, mirarse al espejo a los setenta sintiendo que la vida es una mentira..."

Diosss, simplemente genial.

Cuadonga dijo...

Caramba, oye, que tampoco estás descubriendo América...
Te imaginas atravesar el estrecho en patera sin saber nadar hacinado con otros cincuenta en la misma situación, llegar a tierra y echar a correr para que no te deporten, ser carne de cañón para todas las mafias... y todo esto sin portátil, móvil ni internet.
Me parece estupenda tu aventura, una experiencia que sólo se puede hacer cuando no tienes responsabilidades a tus espaldas, pero tenerlas no implica que estés viviendo una mentira. Pregúntales a tus padres.
Por favor, procura no perder la perspectiva de las cosas.

ex-patriada dijo...

Cuadonga entiendo perfectamente lo que Mister Floppy ha descrito como darte cuenta que has vivido la vida como una mentira.
Yo senti exactamente lo mismo cuando me fui de Espana.
La vida esta llena de experiencias que nos perdemos sin saberlo. Y un buen dia hemos envejecido y nos damos cuenta que nos hemos perdido todo. Porque tenemos los ojos cerrados y solo repetimos lo que nuestros padres o la sociedad nos dicta.
Yo tambien tuve la suerte de verlo, curiosamente recuerdo el momento, fue en una playa al sur de Irlanda en invierno.
Salir de tu pais es una forma de ver otras formas de vivir. Es una forma de crecer. Es dificil de explicar, creo que hay que vivirlo para entenderlo. Mister Floppy tiene esa capacidad para poder describirlo.
Me gusta mucho tu blog, lo sigo cada semana, me trae muchos recuerdos, cinco anos atras.
Muchas gracias.

Cuadonga dijo...

Esas experiencias yo también las he vivido. He viajado muchas veces sola, al extranjero, a la aventura, sin billete de vuelta...
Experiencias que me han enriquecido muchísimo y que también me han hecho valorar lo mucho que tenía aquí.
Saludos.

Álex dijo...

Yo también comprendo ese sentimiento de, digamos, estar completamente libre y depender sólo de tus propias decisiones. A veces no es fácil darse cuenta de que tenemos la capacidad de ser dueños de nuestro destino hasta que no hacemos algo así como dejarlo todo y largarnos. Por contra, no pienso que sólo se consiga ser libre llevando una vida alejada de las otras más convencionales... Se puede ser feliz y libre igualmente yendo de vacaciones a Benidorm. Creo que todo depende de la capacidad que tengamos de dejarnos guiar por nuestros sueños, no de vivir como un indigente o como un rey.

Sin embargo, también estoy de acuerdo con lo que apunta Cuadonga. Yo vivo en Islandia desde hace más de un año, y la verdad es que nunca he tenido la sensación de estar en un país donde conseguir un trabajo y una cama es tan difícil. Conseguí trabajo sin ninguna ayuda, a la semana de llegar. Meses después, he podido encontrar un mejor trabajo, también sin ayuda, a pesar de que en Islandia el "enchufe" funciona de maravilla. No he sufrido ningún problema de integración, ni racismo, ni se me han cerrado puertas sólo por ser extranjero. En ese sentido, Islandia se podría decir que es un país bastante accesible para el inmigrante con un cierto nivel cultural y de educación.
No estamos hablando de sobrevivir en Kamchatka, ni de meterse en una patera como decía Cuadonga...
Aunque claro, siempre se puede tomar el camino más difícil a la hora de hacer las cosas, ¿no?

Con esto no quiero quitar méritos al autor de este blog, puesto que la vida que lleva es consecuencia exclusivamente de sus decisiones.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Hacía tiempo que no sentía el típico cosquilleo en la nariz al leer algo emocionante. No sólo por la magnífica redacción, sino por la manera de abrir los ojos a otras personas que entienden perfectamente ese sentimiento.

Considero que para nada pierde la prespectiva de las cosas. Exprimir la esencia de la vida y de tus metas con pasión nada tiene que ver con no mantener los pies sobre la tierra. Es una forma muy positiva de valorar las cosas.

Si suena raro es simplemente porque no estamos acostumbrados a este tipo de profundidades. Pero francamente, es envidiable ver las cosas así, y bastante contagioso.

Anónimo dijo...

Por cierto, soy Mar, que no he firmado.

frague dijo...

Vuestros papis definitivamente os han mimado demasiado... O_O

Aun así, es valorable que tengais ese arranque para salir de la burbuja.

Saludos!!

Mister Floppy dijo...

Gracias por vuestras líneas Julián y Expatriada.

Alex, a ti no se que decirte, excepto que cuando puedas tenemos que comer juntos, no me olvido de mi palabra.

Cuadonga, tus comentarios tienen sentido aunque no esté de acuerdo con ellos, y es por eso que los respeto.

Nunca he comparado mi situación con irse en patera, sobre todo porque irse en patera es mucho más fácil.

Si, es más fácil, lo difícil es hacerlo cuando no se tiene ninguna necesidad no cuando no se tiene nada que perder, de hecho hay países donde el 15% de la población se ha ido, Ecuador por ejemplo.
Pero este blog no va de eso porque no es una comparación con nada y no es un menosprecio de nadie, nunca hablo de las vidas de los demás ni las descalifico, hablo de la mía.
Hablo de mis errores, hablo de mis decisiones y de sus consecuencias... muchas de ellas equivocadas.
Cada persona tiene unos objetivos en la vida y desde el momento en que los va alcanzando y planteandose unos nuevos su existencia tiene sentido y es por ello que me merecen el máximo respeto y pueden sentirse completamente libres y plenos, tal como Álex señala.

Este blog no es un insulto a los demás, es un reto conmigo mismo.

En cualquier caso gracias por escribir en el blog, se agradecen enormemente tus palabras.

Un saludo

Mister Floppy dijo...

Mar, gracias por tu comentario, es un placer leerte.

Frague, "somos una generación de hombres críados por sus madres", apuesto a que Roark conoce la cita y la película, una película de hombres.
No hay razón para liarse a golpes, pero extrañamente tiene sentido, justamente por eso.

Gracias por tu comentario.

Álex dijo...

Discrepo en cuanto a la facilidad con la que los inmigrantes forzados abandonan su patria, en especial los subsaharianos que se hacen a la mar en esas embarcaciones que llamamos pateras o cayucos.
Me imagino que a ellos no les hará mucha gracia dejar su país, sus familias y su cultura, aunque no les quede más remedio si quieren sobrevivir. Con lo cual, fácil, lo que se dice fácil, no creo que les resulte. Sobre todo cuando pongan un pie en la barca, pensando si podrán volver a pisar tierra o sus cuerpos acabarán flotando en mitad del océano.
Pienso que, si uno toma la decisión de dejar su trabajo y su país, por el simple hecho de probar la vida en otro lugar, no está asumiendo riesgos comparables a los de esos inmigrantes que se ven forzados a lanzarse a la aventura de sobrevivir en un mundo que no es tan idílico como lo imaginan, sino que les es bastante hostil. A ellos ni siquiera les abren las puertas de Correos para que se ganen el pan honradamente.
Obviamente, el que se adentra en un mundo desconocido, lo hace corriendo un riesgo. Pero no creo que la comparación sea posible si ponemos de un lado de la balanza tu situación y, del otro, la de los inmigrantes forzados. Tú siempre has sido libre de tomar la decisión de venirte. A ellos no les queda otro remedio, quieran o no quieran. Y no hay nada peor que hacer algo que no quieres hacer...
Y además, hay una diferencia sustancial entre ambas situaciones. Tú y yo siempre podemos volver cuando queramos a nuestra patria si nuestro periplo por el extranjero se pone feo, pues siempre tendremos una familia y unos amigos esperándonos con los brazos abiertos. Ellos, si vuelven, serán deportados.

Por otro lado, no te preocupes por tu palabra. No escribo aquí para reclamar nada, sino por debatir sanamente :) Ya encontraremos el momento adecuado.

Un saludo.

Mister Floppy dijo...

No podría estar más en desacuerdo con tu opinión, aunque la respeto.
La decisión de salir del Africa Subsahariana es facilisima: no se tiene nada que perder, las madres animan a los hijos a irse, el futuro es nulo, la situación es tan mala que cualquier cambio puede ser potencialmente mejor.
De entre los bienes que destacan por su escasez en el planeta uno de ellos, probablemente el que se da con menos frecuencia, son los cojones.
Los cojones no crecen en los arboles ni en los todoacien y los pocos que existen son más comunes en las mujeres que en los hombres.
Y desde luego un 15% de la población de un país no puede tenerlos.
Una decisión no es difícil porque uno sea pobre o porque uno no tenga futuro en su tierra, bien al contrario eso facilita las cosas.
Una decisión es difícil en la medida en que lo que se apuesta sea mucho o poco.
La dificultad siempre encierra un ratio y ese ratio es el que lo rige todo desde el amor hasta la economía, ese ratio es la cantidad y el valor.

Howard Hugues en un momento de su vida llegó a ser el hombre más rico de la tierra, un día llegó a su oficina y se dió cuenta que todo eso no tenía sentido.
Se vistió con los harapos de un mendigo y sin despedirse de nadie excepto de su mano derecha se metió en un furgón de mercancías y se fue al otro lado de los Estados Unidos sin dinero a empezar de cero.
Estuvo casi un año viviendo así, hasta que se convirtió en un ciudadano de clase media, lo que le hizo volver a su compañía y tomar otra vez sus riendas.

Esa decisión, la de meterse en el tren y dejarlo todo atrás es una de las más impresionantes que haya podido oír y desde luego hace falta muchos más cojones para hacerlo que para dejar Senegal, es algo así como si Emilio Botín se fuese a recoger fresas en los invernaderos de Huelva sin decir nada a nadie.

La situación de los inmigrantes pobres me inspira solidaridad y rabia por la manera en que el mundo se rige, por la injusticia que lo gobierna todo.

Pero eso es algo muy distinto.

frague dijo...

Si te refieres a la película "El Club de la Lucha" no entiendo por qué la defines como "para hombres". Es una de mis favoritas y de hombre no tengo nada.

En cualquier caso, la culpa de la educación deja de ser de las madres en cuanto uno es consciente de ello y por tanto reponsable en adelante de su vida.

Por eso digo lo de la burbuja, ser consciente de estar en ella ya es un primer paso importante.

Saludos de nuevo!!

Anónimo dijo...

rigberg

Gaulion dijo...

un blog genial Mr. F.

Espero que tu vida siga mejorando.

aunque bueno eso parce ser lo unico que puede hacer!

Suerte!!

Anónimo dijo...

Curioso bohemio. Con razón la gente te admira. Enhorabuena, no es tan fácil conseguirlo.

Desearte buena suerte sobra. La atraerás tú mismo, gigolo.

Albert dijo...
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Mister Floppy dijo...
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Jota dijo...

Efectivamente, nadie mejor que la Creedence para un viaje por carretera. Hace años que en mi coche, el cd de la creedence es un accesorio tan vital como la rueda de repuesto. O más.

Me gusta tu blog y comentaría mil cosas de lo que en él cuentas... La Creedence entre ellas.

Mister Floppy dijo...

Hola Jota

La Creedence es uno de los grupos más injustamente ninguneados en la península, su música es genuína.

Muchas gracias por tu comentario, es raro encontrar fans de esa banda.

Jota dijo...

Ja! Pues no sólo eso, también soy un pirao de los Dire Straits. No sé si con eso me elevarás a los altares o acabaré en el barro más nauseabundo...

Nada, no te distraigas y a lo tuyo: danos más entradas! Masssss!

Anónimo dijo...

Alguien escribió que no se debía perder la perspectiva de las cosas.

Opino que en este tipo de situaciones, vivencias, llamemoslo como queramos, perdemos completamente la perspectiva, y es desde esta posición, una posición inexistente, desde donde podemos sentir la vida.

tayxd@hotmail.com

Mar. dijo...

Había pasado por alto una característica de este artículo: lo relajante que es...

Anónimo dijo...
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