Vida nocturna en la ciudad II

Al día siguiente me sentí mejor pero muy lejos de lo que era estar al 100%, la última cosa que necesitaba era introducirme en la vida nocturna de Reykjavik de nuevo.
Haciendo oídos sordos salí a celebrar que disponía de trabajo, un pequeño homenaje solitario a mi mismo, de hecho iba a ser la segunda vez que comería un plato caliente desde mi llegada a la isla, hasta entoncés mi dieta se basaba en los frutos secos, las barritas de cereales y los zumos de fruta rehidratada.

Fui caminando hasta el Café Cultura, durante el trayecto, como siempre, pasé junto al inquietante cementerio abierto del distrito 107, un cementerio donde las tumbas parecían sacadas de un film de terror gótico, cruces cubiertas de musgo y nieve y una pareja de gigantescos cuervos, inmóviles y oscuros, observandolo todo.


Subí las primeras cuestas de la calle Laugavegur y de inmediato giré para dirigirme a Hverfisgata, su pararlela.
Abrí las puertas del café cultura y elegí una mesa en la parte interior, la más cálida.
Los precios eran sorprendentemente competitivos así que me decidí por una ensalda de pasta y pollo con salsa dulce y parmesano. Su sabor era exquisito, y no tardé en devorarla, aún así pronto me di cuenta que mi estomago iba a resentirse, era un plato ligero, pero tras días y días alimentándome como un soldado escondido tras las líneas enemigas mi cuerpo no aceptaba completamente la carne.
Sentí casí de inmediato como la poca energía que tenían mis músculos me abandonaba.

De pronto vi a Fabio, Fabio era un increíblemente interesante italiano que había residido en Tanzania y Kenia y que ahora había cambiado sus pasos hacía latitudes más septentrionales.
Nos saludamos y se sentó a la mesa, charlamos un rato, mientras sonreía comentó que había traído dos documentales, piezas que había rodado durante su estancia en el continente negro, iban a ser proyectados al inicio del encuentro multicultural que todos los viernes se celebraba en el mismo bloque donde nos encontrabamos.

Miró el reloj y dijo “Es la hora”

Le acompañé hasta el lugar, veinte minutos después estaba completamente lleno, era el momento de iniciar el visionado.

Los documentales mostraban la pureza de los Masai y de sus tradiciones, su ingenuidad y su garra, era un trabajo brillante mucho más viniendo de alguien que no era un profesional de los medios como Fabio.

Tras la tertulia descendimos hacia la planta baja donde los islandeses y buena parte de la comunidad extranjera de la isla bebía sin cesar.

Me acerqué a Fabio y le dije, “Hey, Fabio, esto es aburrido vamos a conocer chicas” ,

“Ok”, contestó, “Que te parecen las de esa mesa”,

Miré hacía la dirección que me indicaba, solo pude quedarme anonadado, sentadas, juntas, se encontraban las dos chicas más bonitas que había visto en el país, la clase de mujer que un hombre imagina dedicándose a ser supermodelo, altas, de ojos claros, rubias como el trigo y con buen cuerpo.

“No, mejor no Fabio”

“¿Por qué no?” preguntó él.

Yo había reconocido a una de las chicas tras unos segundos, mi memoría era demasiado buena en cuanto a las caras y los cuerpos, un grave defecto en Islandia.
La chica estaba hablando con un chico latinoamericano, yo no tenía pinta de latino, era terrible en ese lugar no aparentar ser español.

Fabio insistía, caminamos hacia su mesa y preguntó si podíamos sentarnos con ellas.
Nos despejaron de allí en menos de tres segundos.

El ragazzo caminó hasta la parte interior del local y me presentó a otras tres chicas, la primera era una preciosa italiana, su sonrisa era radiante y su culo no tenía nada que envidiar a los de la isla de hielo.
La segunda era checa, aunque parecía islandesa, risueña y preciosa aunque había algo en ella que no me convencía.
La última de ellas, lituana, se mostró bastante agradable, hablamos sobre baloncesto y dejó clara su apasionada afición por ese deporte.

Las chicas decidieron ir a Kaffebarinn y nos preguntaron si queríamos acompañarlas, Fabio comentó que el mejor momento para acudir a ese lugar era sobre las cuatro de la mañana de forma que esperamos unas horas, ellas se fueron y nosotros nos levantamos para beber.

El camarero nos sirvió dos cevezas, eran San Miguel, el italiano dió un sorbo a la suya y comenzó a caminar por la pista del pub como un chacal por la sabana.

Se colocó cerca de una preciosa islandesa, rubia y alta, no debía tener más de 20.

“¿Como te llamas?” preguntó

“Asta” dijo ella

”¿Quieres un poco de cerveza?”

La chica sonrió ingenuamente y de un trago acabó literalmente con lo que de cerveza quedaba en la botella, más de la mitad.

Ella volvió a sonreir y se fue.

Fabio vino hacia mi y dijo:

“Nunca invites a beber a las ragazzas islandesas”.

Reí, noté mi cansancio al hacerlo, la cerveza no me entraba en el cuerpo ni habitaban en mi fuerzas para dirigirme a nadie, sentía una terrible debilidad que me vaciaba.
Justo en ese momento tres rubias entraron en el local, una de ellas me miró a los ojos y se dirigío hacia donde yo estaba, empezó a darme culatazos en la pelvis y en la pilila, daba igual, seguía amorcillada, como una cobra durmiente.

Me tapé los ojos con la mano derecha y la mantuve así unos segundos, no tenía fuerzas y era inutil intentar buscarlas.
Cuando aparté la mano vi a veinte centimetros de mi cara a una islandesa de unos 45 años, debió haber sido muy guapa en su juventud, ahora las huellas de la cerveza y los divorcios se apreciaban en los surcos que cortaban sus facciones.

Separé mis ojos de la dirección de los suyos para no hacer contacto visual, ella para conseguir mi atención movía las manos con insistencia delante de mi cara, giré minimamente el cuello y esbocé una sonrisa con desgana, tomándolo como una concesión o una victoria me cogió la mano como sugiriendo que le diera permiso para probar de mi cerveza.

No me di por aludido, aún así ella empezó a separarme los dedos que agarraban la botella tal como un malvado personaje de película haría con los del protagonista mientras este trataba de no soltarse de la roca que le separaba del precipicio.

Lo consiguió, mi cerveza estaba casi llena, bastó un sorbo para dejarla al cincuenta por cien.
Me la devolvió con una sonrisa, descarté volver a beber de ella, no estaba seguro a cuantos tipos podía habersela chupado en los baños del pub en lo que llevabamos de noche.

Le di la espalda, dejé la cerveza en la barra y esperé unos segundos para pedir otra, en ese momento ella se agarró a mi cintura y empezó a dar caderazos contra mi pierna como un perro completamente fuera de control.

Ya era demasiado.

Miré de soslayo y dije

“I'm sorry” aunque por dentro era “me-cago-en-tu-puta-calavera-dos-cientos-millones-de-veces-reparida” y traté de separarme.

A ella no le importaba si hacia el ridículo o si era el fin de los tiempos, cuando traté de huir me di cuenta que me atenazaba una pierna con las suyas, me agarré con un brazo del pilar para liberarme, mientras lo hacía seguí diciendo “sorry”, aunque mi mente gritaba “mal-meteorito-te-cayera-encima-so-puta-o-te-abriera-en-canal-un-caballo-bien-dotado”.

Conseguí escapar de esa carcel de carne y busqué a Fabio, estaba hablando con un grupo de islandeses a los que conocía, un cuarteto pintoresco y jovial, por su comportamiento parecían más latinos que nórdicos, yo por desgracia no mejoraba.

Dianna, la más abierta y neumática de las nórdicas del grupo me preguntó por qué no bailaba, era morena y con unos pechos de escándalo, lamentablemente ni la mismisima Briana Banks me habría hecho contornear el cuerpo esa noche.

“Ahora es el momento de Kaffebarinn” dijeron los islandeses

“Ok, respondimos”, dejé el local sintiendome feliz de huir de aquella loba.

Ya en Kaffibarinn los porteros nos hicieron esperar más de treinta minutos, cuando por fin nos abrieron el paso avanzamos hacia el fondo del local más famoso de la ciudad.
Aquello parecía una novela decadente del siglo XIX o una película de Passolini:

Una rubia perfectamente vestida pero con el rimmel esparcido por toda la cara como consecuencia de un llanto violento caminaba serpenteando por la pista como el último tripulante de un barco que naufragaba, era la viva imagen de Norma Desmond en “Sunset Boulevard”, una mujer de un metro noventa era asida por un tipo con la altura de un niño de trece años mientras bailaban un vals al ritmo del “Highway to hell” de los ACDC, una islandesa con cara de ninfa y con corona de reina del baile de instituto americano trataba de besar a un tipo con camiseta de tirantes a pesar de que la temperatura no superaba los diez grados, grupos de chicos encorbatados a lo Reservoir dogs, rubias con pechos tuneados y minifaldas imponsibles, chicas con capa y caperuza imitando al cuento...

Fauna endémica de la isla.

Había quien cruzaba el local, no importaba el sexo, y soltaba besos como puñaladas al objetivo que se había marcado.

No salía de mi asombro.

Fabio dijo:

“Aquí la pregunta más complicada que puedes hacer es “¿Cómo te llamas?”

Era cierto, todo era mucho más simple, las chicas entraban en un bucle, como robots, cuando se les hacía preguntas complejas.
No les interesaba que los hombres tratasen de ser ocurrentes y divertidos.
Todo era más directo, físico y primario.

No pude decidir si eso era bueno o malo, en el estado en el que me contraba había tomado esa noche como una segunda aproximación, esta vez más real.

Los amigos islandeses de Fabio nos sugirieron dirigirnos a Prikid, un pub situado en frente de Solon, el ambiente allí era odioso, media hora después estabamos sentados en los sofás del apartamento de uno de ellos, podría decirse que era una fiesta privada...

Dianna, la islandesa de cuerpo celestial, cantaba sin descanso mientras el resto la seguía al tiempo que se contorneaban en el sofá, en cierta manera había una extraña inocencia, una extraña pureza, en los habitantes de la isla.

Miré el reloj: eran las ocho de la mañana y aún tenía que caminar en estado febril hacia mi habitación.

El viento helado de la calle me esperaba, no puede ser audaz quien tiene miedo al dolor.

17 comentarios:

Mar. dijo...

Tienes una estupenda habilidad para compaginar frescura y naturalidad con un divertido sarcasmo que desdramatiza cualquier situación de dolor. Lo que da una pista importante de cómo enfocas las cosas. Tiene bastante mérito sacar una carcajada a alguien en el estado físico en el que te encuentras. Pero al leerte, lo consigues. Dan escalofríos pensar en el cuerpo-jota que tienes que tener, pero me alegra que estés disfrutando a tope.

Gran vividor estás hecho jajajaja. Haces bien, que sólo se vive una vez!!

¡¡A cuidarse, señor!!

Anónimo dijo...

se disfruta mucho leyendote

Roark dijo...

Grande, ENORME, Floppy! Enhorabuena por esos cojones, a otros nos costo mas haber hecho menos!

Espero leerte mas a menudo :)

Minerva dijo...

Soy una vieja "conocida" a la que ayudaste casi tanto como a Luis :)

Es apasionante leerte. Enhorabuena por tu blog y por tener lo necesario para tomar las riendas de esta manera

Cuídate

Mister Floppy dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios, espero que os guste el blog, este es un país bastante especial...

Missharakei dijo...

Floppy, ya te seguía con interés en FT, ahora seguiré tus andanzas por Lýðveldið con tanto o más.

Bien hecho. Supiste lo que querías y fuiste a por ello!

DESTRUCTOR dijo...

Hola tio!!

Que envidia vivir en Islandia! Siempre quise hacer lo mismo y acabé en Arabia, que como ves poco tiene que ver. Seguiré tus aventuras!!!!

coupdecoeur dijo...

Hello
a small mark at the time of my passage on your very beautiful blog!
congratulations!
thanks for making us share your moments
you have a translation of my English space!
cordially from France
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http://SweetMelody.bloguez.com

Mister Floppy dijo...

Gracias por tus palabras Misskarakei

¿Te conozco?

Destructor, suerte por la península arábiga aunque no la vas a necesitar, eres un superviviente.

maresdelsur.wordpress.com dijo...

Muy simpatico tu blog, llegue por un comentario que dejaste en la nota de El Pais. Algo de lo que cuentas, parece ser cosa islas
http://maresdelsur.wordpress.com/2008/03/12/mujeres-en-nueva-zelandia/
Saludos desde el Sur,

Mister Floppy dijo...

Gracias por participar Mares, el artículo de "El País" era exageradamente benevolente con Islandia y era palpable que muchos de los lectores, especialmente sudamericanos, veían una imagen excesivamente idílica.

tu.con100cia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
maresdelsur dijo...

Tuve esa misma sensacion, sobre todo porque aqui conoci un islandes que me conto algo mas que lo que El Pais, basicamente publicitaba. Dicho esto, igual evidentemente, esta por encima del resto del mundo en muchos aspectos de calidad de vida. Supongo que el paraiso, no existe en la tierra. Te seguire leyendo.

Mister Floppy dijo...

Hola tucon100cia

Racismo no he experimentado en el país aunque yo tampoco soy precisamente muy moreno, lo de no aparentar ser español lo comentaba por qué siempre me preguntan si soy francés o del este de Europa, en determinadas situaciones, los fines de semana, me ha parecido que era mejor "ser más moreno".

Si piensas venir aquí, intenta traerte dinero ahorrado, bastante, para pasar las primeras semanas hasta encontrar trabajo y tampoco sobreidealices el país, hay muchos lectores sudamericanos que me mandan correos con ideas muy alejadas de la realidad.
Si, por otra parte, no tienes nacionalidad comunitaria todo es extremadamente complicado y me consta que hay planes en los próximos meses para hacerlo más aún, lo mejor en esos casos es ver si se puede sacar alguna doble nacionalidad.

Un saludo

Maresdelsur, es muy agudo que tuvieras esa impresión, la mayoría de personas del cono sur que escriben sobre la isla no podrían estar más euivocadas, me comentan incluso paralelismos políticos sobre por qué Islandia es rica y sus países de origen no, pero eso merece una entrada del blog aparte.

Un saludo y mis mejores deseos en esas tierras lejanas!

Silvia dijo...

Sin ir más lejos ayer leí esta noticia:

Islandia, cerca del colapso por culpa de Estados Unidos

Mister Floppy dijo...

Silvia, muchas gracias por el artículo, es muy, muy recomendable y muchos de los puntos que trata son debatidos aquí, hay una sensación de que algo puede explotar en los próximos meses.

Jorge dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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