El pasado, tu pasado

Quedaban cinco semanas para que finalizase mis estudios en Madrid, esa era probablemente la última fiesta a la que iba a acudir en la ciudad.

Decidí emborracharme.


El piso era enorme y estaba lleno de gente charlando en los sofás de los dos salones, no menos de quince veinteañeros comportándose cívicamente, una sorpresa que merecía otro vodka con Sprite.

No conocía a nadie excepto a uno de los chicos que vivían allí y a su novia.
Me quedé sentado en una de las butacas, bebía en silencio sin prestar mucha atención a las conversaciones, cuando empecé a hacerlo, una chica con cara de miembro de una ONG preguntó al tipo que tenía frente a ella:
“¿Crees en Dios?”
Sin pestañear y modulando la voz contestó “Creo en una energía, pero no creo en la iglesia”
Había tenido suficiente, me serví más vodka y fui al otro salón a husmear.
Pablo estaba con su novia y tres tipos más, hablaban entre risas mientras iban compartiendo un porro.


Me vio entrar, sonrió y dijo: “Quieres una calada?”.


“No, gracias” contesté, “con una droga es suficiente”.


Di un sorbo largo al vaso.
Hablaban de política y de cómo las empresas habían arruinado África, cualquier otra noche podría haber intentado discutir sobre ello pero en esa en concreto me importaba muy poco el hambre en el mundo.
Yo solo tenía sed, y esa sed no se aplacaba con agua.
Di otro trago, era la tercera copa que tumbaba.
Me serví la cuarta, primero el alcohol, luego busqué el refresco en la mesa.
Solo había coca-cola.
“Alberto, ¿queda más Sprite o Ginger Ale?” pregunté.
“Mira en la cocina, seguro que hay algo”
Me levanté de la silla y crucé el pasillo, había dos gays dándose el lote y obstruyendo el paso, los franqueé y seguí avanzando.
Dudé si era la puerta correcta, la abrí despacio, solo un poco, vi la nevera al fondo y entré.
Detrás de mi oí hablar a unas chicas, reían y cantaban a dúo.
Había una botella de Ginger Ale, me serví y cerré el frigorífico mientras sonreía, al volverme las vi abrazadas mientras continuaban cantando, tenían cara de ser todo lo felices que alguien puede llegar a ser, se separaron y dieron dos pasos hacia mi, al hacerlo pude ver a una tercera chica detrás, callada, observando a las otras dos, vestía una falda de tela azul y una camiseta roja.
Estaba inmóvil, sentada en altura sobre la placa de mrmol de la cocina.
Su cara era de facciones suaves, y el pelo negro contrastaba con la palidez de su piel.
Pero eran sus ojos lo que llamaba la atención, eran demasiado claros, más que azules, celestes, celestiales. Eran ese tipo de ojos que uno no puede dejar de mirar, si se ven en el metro, en el autobús, en el cine o en la calle uno tratará de observarlos de nuevo, furtivamente, como para no ser detectado.
Era como ver a una chica de pechos rotundos, imponentes, la mirada, con mayor o menor discreción, no puede dejar de repetirse.
Las chicas que cantaban se pusieron delante de mi.


“Somos lesbianas” dijo la más delgada.

A mi me importaba tres cojones si lo eran o no, solo podía mirar esos iris.

“Muy bien” dije

Bebí un sorbo de vodka, pensé en hacer un ataque envolvente, manteniendo la conversación con las lesbianas ficticias para luego cambiar, en el momento adecuado.
“Muy visto” pensé.
Las chicas siguieron hablando pero aunque las miraba no les prestaba atención.


“¿Te gustaría ver cómo nos damos un beso?, ¿A que si?, los tíos sois unos guarros” dijo la más delgada otra vez.


“Sí, me gustaría, pero no quiero que tu novia se ponga celosa porque, por primera vez en tu vida, estás delante de un hombre de verdad, perdonad”


Las rodeé dejándolas atrás y me dirigí directamente a la chica de los ojos azules, sus piernas colgaban inmóviles desde el banco de la cocina.


“Hola, ¿Cómo te llamas?” pregunté.


“Lucía” dijo con tranquilidad


“¿Y tú?”


“Dashiell”


Ahora que la tenía a menos de un metro podía apreciar mucho más el magnetismo de esos ojos, era como verse arrastrado, como levantar el tapón del fregadero y ser empujado por el agua.
Me sentía agua.


“¿Eres amiga de Pablo?” continué.

“Bueno, soy amiga de su novia” dijo mientras se pasaba la mano por el pelo.

“Entiendo...” dije susurrando para mi mismo.
Di un salto y me senté a su lado, no quería mirar esos ojos.

“¿Nunca te ha ocurrido?”

“¿A qué te refieres?”

“Quiero decir, ¿nunca has estado en el metro y has visto a alguien con un defecto físico horrible?, sabes que no es adecuado mirar pero intentas hacerlo a hurtadillas”

“Si, es cierto, siempre ocurre, es espantoso”

“Tú eres igual que esas personas, ¿nunca te lo han dicho?”

Arqueó una ceja y me miró sorprendida: “¿Por qué me dices algo así?”

Continué mirando al frente, “Porque tienes los ojos tan azules y tan claros que es imposible apartarse, son como los faros de un coche lanzándote luz a la máxima potencia, no puedes ver nada más y baam..” chasqueé los dedos “...estás atropellado”
Giré el cuello hacia ella y la miré, la tenía a 15 centímetros.

“¿Estás de acuerdo conmigo?”

Ella intentó decir algo, pero movió la cabeza como corrigiendo la frase y exclamó:

“No lo sé”, hizo una pausa y continuó “ A veces me han dicho que mis ojos son bonitos pero nunca...”, hizo una segunda pausa...”no sé qué decir”

Di un salto y me puse de pie, “Entonces no digas nada”, sonreí.

Caminé hacia la puerta de la cocina y sin volverme dije: “Conduce con cuidado..”

Las siguientes horas no hablé con ella, ella y yo estábamos en conversaciones distintas, esperé a que el alcohol hiciera su efecto, a las cinco se levantó del sofá con un martini en la mano y se dirigió a la cocina.

A los 10 segundos me levanté también.

Al llegar estaba abriendo la nevera, cogió hielo y dijo “¿Me estás siguiendo?”.

“No, solo quería que me iluminaras el camino, el pasillo estaba muy oscuro”, contesté,
La oí reír.

“¿Siempre eres tan ocurrente?”

“Puedo serlo más, aunque he de estar cerca para eso”

Di un paso hacia ella, tenía que besarla.

Acaché la cabeza....

“¡¡ Lucía, vámonos !!”oí gritar a la novia de Pablo detrás de mí.

“¿Qué ocurre?” preguntó ella...

Marta empezó a llorar violentamente, un drama de pareja, el tercer drama del mes, a las cinco de la mañana lo dejaban para siempre, dos noches después estarían abrazados viendo una película de Meg Ryan en el sofá, tapados con una manta.
El peor momento para un dramón con sus confidencias a las amigas.
Salí de la cocina y fui a hablar con Pablo, esta era la definitiva, “la rotura definitiva”, me dijo maldiciendo a Marta.
Ese era el momento, pensé en los ojos azules.
Pablo se tranquilizó y yo salí a buscar a Lucía.
No estaba, se había ido del piso acompañando a su novia.

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La semana siguiente la vi dos veces, hablamos un poco, nos buscábamos, me sentía enrojecer cada vez que iniciaba una conversación, los rastros de timidez que siempre había arrastrado eran patentes, aunque el alcohol los maniatara no podía beber como aquella noche todos los días.
Avanzaba poco a poco, la segunda semana hablé más con ella, le pedí el teléfono y noté que se alegraba de que se lo hubiese preguntado.
Siete días más y empezamos a bromear, quedamos juntos para ir al cine...pero no sabía que me ocurría, estaba atenazado no podía intentar besarla, los días pasaban y sentía como esos ojos azules iban atropellándome a diario, me sorprendía pensando en ellos mientras hacía otras cosas, mientras caminaba solo por otros lugares.
Busqué trabajo para quedarme en Madrid, ya no quería volver, dos semanas después pude encontrar uno, no era un gran sueldo pero me permitiría pagar el alquiler y sobrevivir, me permitiría ganar experiencia en algo relacionado con mis estudios.
Mi padre trató de convencerme de que no lo hiciera, no valía la pena estar lejos de casa con un sueldo tan raquítico y pagando un alquiler.
No le hice mucho caso, acepté la oferta, entraría a trabajar en quince días.
Llamé a Pablo y se lo dije, él y Marta me invitaron al piso de ella, iban a celebrar allí el cumpleaños de su primo, un tipo con pinta de surfista y pelo rapado que cada dos por tres se empeñaba en enseñar los abdominales y que ya había venido alguna vez con nosotros.
“Genial” dije, esa era la ocasión.
Estaba tranquilo, confiado, a pesar de mi timidez, a pesar de que los últimos días no había mostrado lo que me gustaba Lucía un momento así era el que marcaba la diferencia y hacía que una partida se decantara.
El día del cumpleaños esperé otra vez a que fuera avanzando la noche y el alcohol corriera, yo apenas bebí, no lo necesitaba, estaba decidido.
El surfista, Sergio, hizo unas cuantas bromas graciosas y todos le entregaron los regalos, la gente bailaba y se abrazaba.
Decidí que a partir de las cinco era el momento.


Vi a Lucía estaba hablando con Sergio, llevaban media hora haciéndolo, caminé hacia ellos para meterme en la conversación y darme pie para quedarnos solos.
“De regalo te quiero a ti”, fueron las primeras palabras que escuché decir a Sergio a Lucía al acercarme.

Estaban bebidos.

La cogió de la mano y caminaron hacia la habitación, ella giró la cara y me miró.

Nos miramos.

Lucía estiró del brazo de Sergio y le hizo parar, seguíamos mirándonos los dos allí.
Debía caminar hacia ella, me pedía un gesto.

No lo hice, solo me quedé parado, inmóvil.

Treinta segundos más tarde di media vuelta y me marché, salí a la calle, caminando hacia mi casa, diez minutos después de empezar a hacerlo miré a los lados, me di cuenta que lo hacía en la dirección opuesta, corregí el error y apreté el paso.

La semana siguiente, el viernes, Pablo me llamó para preguntarme si quería ir con ellos al cine.

Di una excusa, lo mismo que para el sábado y el domingo.

En el móvil, tenía tres mensajes y siete llamadas de Lucía.


Los borré.


Mis padres me llamaron y volvieron a insistirme en que me replanteara lo de quedarme en Madrid.


“Lo he pensado, he hecho números y no vale la pena, voy a volver” dije


“Hijo, debes valorar que tengo más experiencia en la vida que tú y que cuando te doy un consejo lo hago buscando lo mejor para tí” apostilló mi padre.


“Lo sé”


El viernes siguiente volvía a casa así que el miércoles y el jueves me fui despidiendo de todas las personas a las que esos años en la capital me habían unido.


Recibí una llamada de Pablo, era el único al que no había ido a ver, insistió en que fuera a su casa, me dijo que no me perdonaría si me iba sin decirnos adios y darnos la mano.


Cogí el metro y me dirigí al centro, al día siguiente todo eso quedaría atrás pensé, Madrid, la línea verde, el Retiro, los churros de la Chocolatería San Ginés, el Palacio Real, las tardes tirado en el césped del Templo de Debod, las tapas y los vinos en la plaza de Santa Ana, las noches en Huertas, las películas en versión original del Cine Doré...


Quedaría atrás, todo quedaría atrás.


Llegué al edificio y subí las escaleras hasta la primera planta.
Marta y Pablo me recibieron, fueron muy amables.


“Aunque a veces seas un cabrón te quiero como a nadie tío, espero que mantengamos el contacto."


Marta me dio dos besos y se fue a la cocina, un minuto después se fue Pablo con la excusa de comprobar que estaba haciendo.
Sabía lo que me esperaba, lo supe desde el momento en que me habían hecho ir allí.


Me levanté, no podía culparles.


Lucía estaba detrás de mí, noté su presencia, siempre se nota a alguien cerca de uno aunque intente no hacer ruido.


Me giré hacia ella


“Hola Lucia” dije sonriendo


No había nada que desease menos que oír explicaciones.


Pero me sorprendería, solo caminó hacia mi y me abrazó, me abrazaba aunque yo no la abrazaba a ella, me abrazó con fuerza mientras yo seguía inmóvil, mi mirada se desenfocó, como cuando una persona se queda observando el infinito.


Noté mi cuello mojándose.


Lucia estaba llorando, era la primera vez que veía, que sentía a alguien llorar en silencio, sin el más mínimo susurro, sin esas pequeñas respiraciones bruscas y entrecortadas, solo lloraba mojándome la piel.


“Te quiero” dijo


Las palabras se quedaron en el aire un instante, un instante que pareció eterno.

Sentí un océano dentro de mi. No podía abrirse la más mínima grieta en la presa.
Me solté con frialdad y salí, no dije ni una palabra, no tenía sentido hacerlo.

Caminé por la calle, no oía nada, no oía los coches, las risas, el traqueteo de los trabajadores o las puertas de los negocios abriéndose y cerrándose, solo caminaba, caminaba sintiéndome la única persona en la ciudad, caminaba con una expresión vacía y plana.


Estaba en Reykjavik, la vida era un lugar extraño, cada una de las decisiones que se toman cambian las siguientes, un detalle, una acción, decir algo o no hacerlo, todo lleva a un lugar, todo va influyéndote y pasa a formar parte de ti.
Lo bueno, lo trágico, lo brillantemente inolvidable todo va empujando tu vida hacia el futuro, sin saber la dirección, un pequeño cambio y todo sería distinto, tu vida no sería lo que es.
Estaba en Reykjavik yo era mi pasado y mi memoria, lo era porque de una manera o de otra habían hecho que estuviese allí.


Como cada uno de nosotros.

                                                                                                                                                    

37 comentarios:

Daniel dijo...

Me has dejado sin respiracion chaval. No comento blogs, no los leo practicamente pero esta entrada en el tuyo me ha puesto los pelos de punta. Es la una de la mañana y segun leia no sabia si reir, si llorar, si gritarte, si gritarle a ella.
Ha sido fuerte. Me voy a tomar una copa.

Cuidate, seguire leyendo.

Daniel

Eduardo dijo...

Hola, floppy:

Te llevo con mas o menos asiduidad desde que vi tu blog en spaniards y me encanta. Tienes una forma de escribir que te hace leer sin esfuerzo, sabes expresar lo inexpresable, encuentras definiciones para estados de animo que son dificiles de explicar con palabras y haces que con cada escrito tuyo la gente se pare a reflexionar.

Con esta historia me ha pasado lo mismo que ha Daniel, han sido una mezcla de sentimientos, de ira, de rabia, de tristeza...me ha emocionado mucho.

Se que ya es demasiado tarde y supongo que esto te pasaria años atras, pero creo que es un buen consejo el decirte que todos nos merecemos una segunda oportunidad-

Se ve que estabas muy enamorado de Lucia y que ella actuó como un pendón con el jodido surfista. Me imagino que el surfista seria el tipico guaperas musculitos, que le dice cuatro cositas graciosas a las chicas y se las lleva a la cama. A ver, piensa que por mucho que las chicas digan que son diferentes a nosotros y que no miran el fisico...yo la verdad que no me lo creo del todo. Ellas ponen los cuernos lo mismo que los tios. Diran que solo miran el interior, pero cuando se les ponga delante un guaperas musculitos y les tire los tejos...ya te dire yo lo que opinan del interior :) No te digo que todas sean asi, pero quiero decir que este aspecto no son tan diferentes a los tios.

¿Que hubieras hecho tu si estando bebido se te hubiera acercado un peaso de rubia de cuerpo escultural y pechos espectaculares y te dice que te vayas a la cama con ella? Yo lo tengo casi claro, yo puedo estar enamorado de otra persona pero mientras no tenga nada con ella, yo a esa rubia me la como enterita :) Hay que aprovechar las buenas ocasiones, como todo en la vida. Y en el tema del amor, a mi me ha pasado de estar con dos sillas y verme sentado en el suelo, no se si me explico. Asi que, chico, mientras no se tenga nada agarrado, hay que llevarse a todas las que se pueda por delante :) Eso si, una vez que estas con una persona se acabaron los dulces.

Y esto lo aplico a Lucia: distinto hubiera sido que os hubierais declarado vuestro amor y se fuera a la cama con el Sergio ese delante de tus narices! Pero si la tenias ahi...esperando...ponte en su lugar...pensaria muchas cosas de ti: le gusto? no le gusto? sera solamente una bonita amistad? Pues mientras si o mientras no, la chica no desaprovechaba un buen rato, y ademas estando bebida que las tias se desinhiben un monton.

Razones en su contra: sabiendo ella que parecia haber "algo" entre vosotros, no deberia haber hecho el pendon delante tuya. Esa imagen, esas palabras tuvieron que ser como un puñal que se clavara en tu corazon. Y ese dolor creó muchisimo resentimiento.
Razones a su favor: aun no tenia confirmado nada serio contigo y estaba en su derecho de hacer lo que le diera la gana, pero te vuelvo a decir...hacerlo delante tuya no estuvo bien.

Conclusion: creo que deberias haber apartado ese dolor, rabia y resentimiento hacia ella y haberlo hablado, haberla perdonado...si es que pensabas que esa chica te merecia la pena, si es que pensabas que era la mujer de tu vida. Todos cometemos errores y todos tenemos derecho a que nos den una segunda oportunidad. Ella te la pidio y tu dolor no te dejó darsela.
No soy perfecto ni muchisimo menos ni soy el mejor dando consejos, pero me gusta ayudar a la gente que veo que merece la pena. Recuerda: la segunda oportunidad, solo una segunda oportunidad, todos nos la merecemos si mostramos nuestro arrepintimiento. No sabemos que nos estaremos perdiendo si no concedemos esa segunda oportunidad...

Y como ya dijo uno por aqui: eres el tio con mas huevos que conozco. No he conocido a nadie que de una manera tan brutalmente valiente luche contra el destino y sea él quien lleve las riendas de su vida, no que la vida le lleve a él las riendas.

Cuidate.

Mar. dijo...

Vale, si dos tiarrones como los que han escrito reconocen que les ha llegado a la fibra sensible, me avergüenza menos reconocer a mí también que... en fín, me caló de lleno cuando lo leí. Ahora no lo he releido porque estoy en el curro y no es plan de ponerse ñoña. Pero vamos, es increíble que la opinión que generas sea unánime tanto para chicos como para chicas. Lo que da a entender que hombres y mujeres no nos diferenciamos tanto en algunos aspectos.

Esta situación es una prueba de ello.

Lo que importa es que de este tipo de situaciones se aprenda.
Y tú seguro que has aprendido de un modo o de otro.

Asha dijo...

Me has dejado si palabras.
Hace un par de días que llegué a tu blog por casualidad y me gustó. Lo añadí a favoritos después de leer alguna entrada.
Ayer empecé a leerte desde el principio y hoy lo he terminado entero...
...y no sé que decir.
Escribes de un modo facinante, eres muy valiente, eres demasiado
perfecto.

Seguiré leyéndote y soñando con ser capaz algún día de sentir con la misma intensidad con la que sientes tú cada momento.

Ánimo en tu aventura

Anónimo dijo...

Si echas un vistazo a la prensa española desde tu actual lugar de vida-más-allá-de-la-vida-habitual, igual ya lo has visto. Si no es así, puede que te interese saber que Islandia puede ponerse de moda:

http://www.elpais.com/articulo/portada/buena/vida/elpepusoceps/20080406elpepspor_7/Tes


Gracias por la historia.

Asha dijo...

Se me han adelantado.
Acabo de terminar de leer el reportaje que el País Semanal le dedica a Islandia y había venido a avisarte por si te interesaba.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Curiosidad, a mi me has dejado con mucha curiosidad...

Exiliado dijo...

Yo estuve a punto, hace dos años, de irme a Islandia a acabar la carrera de Erasmus. Problemas económicos y de otra índole me lo impidieron, pero aún tengo el gusanillo metido en el cuerpo de acabar yendo a ese país...por lo de pronto, sigo leyendo tu blog desde la otra punta del mundo (en la que no sé muy bien cómo he acabado)...

Anónimo dijo...

Impresionante tu blog. tu manera de escribir... el dia 14 de mayo voy para alla dos semanas. Un amigo islandes, su coche y lo que salga...

Trabajo de guia en Escandinavia desde hace 7 años. Pero me falta Islandia. No puedo dejar de ilusionarme. Se lo que es el frio del norte, los paisajes yermos, el mar... me he pasado 3 veranos sin parar ni un dia en la zona de Cabo Norte en Noruega. Me fascina. Faltaba el reportaje de El Pais y tu blog. Te sigo...

sergio

www.fotolog.com/moneypenny007



sergioaustralis@yahoo.es

Gerardo dijo...

Pasé por la misma experiencia, detalle más o menos, hace más de treinta años, y a pesar del tiempo transcurrido aún se me forma un angustioso nudo en el estómago cuando lo recuerdo o lo sueño. Al leer tu relato lo he revivido y llevo toda la mañana con ganas de llorar. Nada en mi vida me ha afectado tanto ni me ha causado un dolor mayor. Lo has descrito demasiado bien. Casi preferiría no haberlo leído.

C-18 dijo...

Enhorabuena por el blog, escribes muy bien. Me ha gustado especialmente el final del post.

Julio dijo...

No te conozco de nada. Bueno te conozco de tu comentario en El País sobre Islandia y los países nórdicos. Me gusta lo que voy leyendo en tu blog. Diría que eres bastante joven y se te nota en como escribes, pero a pesar de ello (o quizás por eso mismo) me gusta. Yo también te he agregado a mi lista de blogs... Esperemos que la primavera septentrional no te seque las ganas de contar cosas ;-).

Saludos desde el Báltico,

Julio

Manu dijo...

Hola Dashiell. Llevo unos dias de vacaciones escapando del ordenador...por eso no veias comentarios mios. El pasado siempre vuelve porque conoce todos los atajos y en muchos aspectos lo hace cuando menos nos lo esperamos. A mi me ha vuelto un episodio de mi pasado hace poco pero en vez de condicionarme como había hecho en los ultimos 5 años...me ha impulsado hacia adelante en vez de agarrarme...porque ya no le hago caso...por primera vez en mi vida...

Un abrazo.

PD: sigo con mis vacaciones...

Mister Floppy dijo...

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios en esta entrada, son muy amables.

Asha y anónimo, os agradezco el enlace al artículo, vale la pena ser leído a pesar de los errores del autor.

Un saludo

ICO dijo...

Y qué ha sido de ti desde entonces??

Cuadonga dijo...

Y yo que con las chicas te veo un pelín lento... :)

Mister Floppy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

...

Maite dijo...

Acabo de leer por segunda vez esta entrada que has escrito, me ha impresionado mucho.
¿Volviste a saber algo de Lucía?

Maite dijo...

Acabo de leer por segunda vez esta entrada que has escrito, me ha impresionado mucho.
¿Volviste a saber algo de Lucía?

Mister Floppy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
bitdrain dijo...

¿Qué decir? Wow! Creo que sobran calificativos pero si fuera chica estaría ahora mismo derretidita :D

Un saludo.

Anónimo dijo...

Navegando por la blogosfera he llegado a tu bitácora, no voy a repetir todo lo que ya te han dicho pero me ha sorprendido el talento con el que escribes.
Mucha suerte, te seguiré leyendo.

Mister Floppy dijo...

Gracias.

Anónimo dijo...

Realmente sublime. Sobran las palabras...

Iris dijo...

Sæll,
kvað segiru? Bueno pues comento para decirte que me encanta tu blog y tu forma de escribir. Yo tambien escribo, pero desde que leo lo que escribes se que debo mejorar.
Yo tambien he visto unos ojos así y estoy de acuerdo en tu forma de describir lo que provocan.
Me gustaría mucho que contactaras conmigo, te dejo mi correo: irishadda@msn.com
Un saludo;)
pd: yo soy Islandesa y vivo en España

Anónimo dijo...

(Xela)

Descubrí hoy tu blog por casualidad y desde entonces llevo un buen rato leyendo tus entradas. Todas muy buenas. Pero esta es increíble.
A mi me pasó algo parecido, al revés; conocí a un chico, quedábamos muchas veces, yo me iba a ir de la ciudad e hice lo imposible por quedarme, todo para en una fiesta verlo pirarse con otra. Al final me vi obligada a marcharme de allí, y la verdad es que con el tiempo, aunque me duele, pienso que casi tuve suerte en que todo aquello ocurriese. Aunque supongo que siempre te queda esa espinilla ahí clavada, no?
Espero que a ti ese cambio de no haberte quedado en Madrid te haya venido bien.

Muchos saludos y seguiré entrando en tu blog!

Anónimo dijo...

Joder, me ha dejado la sangre helada.

Anónimo dijo...

Joder, me ha dejado la sangre helada.

Anónimo dijo...

Me he sentido conmovido, me ha llegado, incluso demadiado.

Anónimo dijo...

Me he sentido conmovido, me ha llegado, incluso demadiado.

Fede dijo...

He llegado tarde a tu blog, pero me estás dejando muy impactado la verdad. Voy a intentar releer todo lo que pueda, pero no he podido evitar ponerte este coment a modo de felicitación, por si te vale...

Anónimo dijo...

¿Qué pasó luego?

Aabel11 dijo...

Impotencia es lo que he sentido al terminar de leerte. Es impresionante como una simple decisión puede cambiar tu vida por completo... Me ha recordado mucho a la rima nº 30 de Becquer, que es la siguiente :


Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mis labios una frase de perdón...
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”
y ella dirá: “¿Por qué no lloré yo?”


Seguiré leyendo.

Anónimo dijo...

Y yo que he llegado aquí rebotado de un foro de baloncesto y me encuentro esto….

Sencillamente soberbio. No he podido evitar sentirme identificado. Hacia mucho que no leía algo en español que me atrapara y que me llenara tanto. Joder, macho, que casi estoy llorando y todo.

Mis más sinceras felicitaciones.

Un abrazo desde la Pérfida Albión.

Antya The Great dijo...

Brutal tu forma de escribir.
No ha sido la entrada que más me ha gustado, lo cual debería sonarte a cumplido, aunque sí una de la que más ha removido mi fibra sensible.
No repito lo que tus lectores afirman anteriormente, a sus comentarios me remito.
Saludos!

Lucien Lemans dijo...

Un pequeño traspiés, conduce al desequilibrio que puede hacerte caer con estrépito y llevarte rodando al borde de un precipicio.

El peso de los errores es tremendo. Se paga por ellos un altísimo precio. Desmedido y en absoluto proporcional a la insignificancia del dislate.

Dicen que el tiempo lo cura todo...El tiempo, lamentablemente, no cura nada...

La gente critica y denosta a los altos ejecutivos debido a sus altas remuneraciones. No entienden, que no se les retribuye así por su trabajo, para trabajar ya están otros. Se les paga por tomar decisiones. Anticiparse con un juicio certero, es una de las cosas que hacen triunfar una empresa.

De haber tomado las decisiones acertadas, nuestras vidas indudablemente, serían más plenas. No imagina uno, cuando empieza a caminar en la vida, el pesado lastre que serán nuestras pifias. Aunque como magistralmente ilustra Dashiell, Una cosa nos lleva a otra y no seríamos quienes somos, sin la concatenación de fallos y aciertos en que consiste la vida. Lo fundamental es ¿Estamos satisfechos con quienes somos? La mayoría de los que hemos convertido nuestra existencia en una eterna búsqueda, contestaremos...No.

No lo veáis un derrotismo. La legítima aspiración a la felicidad, es tan difícil, tan esquiva, que a veces la suma de decepciones me hace pensar...¿Está en mi mano?

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