Trabajo en el servicio postal (Parte I)


Correos era la primera empresa de mi lista en la que buscar un empleo, primordialmente debido a que tiempo atrás había valorado la posibilidad de trasladarme al país para trabajar en una empresa privada del mismo sector.
Intenté averiguar algo de información sobre ella a través de su web y la de Eures pero los datos eran escasos, por suerte, Antonio, el único español que conocía en la isla, había trabajado allí durante un año.
Antonio era un chico moreno con cara de científico, la clase de persona que cae bien a la primera.
Hablamos varias veces y me sugirió que me presentase en la empresa preguntando por la responsable de recursos humanos.

Y así lo hice.

La mala suerte quiso que no estuviese presente en el momento en el que visité la compañía con lo que la recepcionista se limitó a hacerme rellenar una hoja de solicitud de empleo, algo a lo que procedí a lentísima velocidad con la esperanza de poder ver aparecer a la directora de personal.

No ocurrió.

Unos días después la llamé por teléfono para interesarme por el resultado de mi petición de trabajo.

“¿Conoces a alguien en Islandia?”, preguntó la responsable de recursos humanos a modo de referencia.

“Conozco a Antonio, trabajó en la empresa hasta hace poco” contesté.


Dijo algo sobre él que no entendí (como la mitad de la conversación posterior) y se despidió diciendo que volvería a llamarme.


Me acaricié los labios con el móvil y di dos pequeños golpes con él contra mi cara.
No sabía si la mujer me había despejado o eran ciertas sus palabras.
Antonio me telefoneó y le conté la conversación.


“¿Quieres que la llamé?” dijo con tranquilidad.


Me sorprendió su gesto, no tenía por qué hacerlo, era el típico detalle que hace que valores a alguien y que esperes devolverle el favor si la ocasión se presenta.


“Esperemos dos días, si no me llama en ese plazo te agradecería enormemente que la telefoneases”.


Pasaron tres y no recibí ninguna noticia así que Antonio llamó a la jefa de personal y después hizo lo propio conmigo, me dijo que por ahora no necesitaban a nadie pero que tal vez si en una semana.
Le volví a agradecer el gesto mientras me deseaba suerte.
Unos días más tarde, mientras me encontraba tirado en el suelo de mi habitación dolorido y debilitado recibí la llamada de la responsable de recursos humanos en la que me pedía que acudiese a una entrevista con ella.


Había conseguido el empleo.


“Correos está lleno de gente rara” dijo Antonio


“¿Rara?, ¿En qué sentido?”, pregunté con curiosidad.


“Rara, simplemente rara”, apostilló.


No hizo falta más de quince minutos en la empresa para comprender cuanta verdad había en esas palabras, desde la manera de vestir, el peinado, la forma de caminar, de mirar, de reir, los empleados de correos eran auténticos tipos extraños.
No eran freaks ni miembros de tribus urbanas, eran tipos raros, uno podía quedarse minutos viendo esas inusuales cabezas o cortes de pelo, esa forma de balancearse, había algo anormal en todo ello.


Tras los dos primeros días de trabajo apareció él, no le había visto antes.


Se acercó a mi mientras yo trataba de dejar un paquete en el lugar correspondiente a Husavik y me lanzó un puñetazo a cámara lenta que pasó a 10 centímetros de la barbilla.
Le miré extrañado mientras telegrafiaba el gesto.
Seguí haciendo mi trabajo, él, Snorri, era la única presencia islandesa a ese lado de las máquinas, el equipo lo completaban dos alemanes, un irlandés y yo.
Uno de los sacos estaba lleno de paquetes, lo desenganché de su ubicación y procedí a pesarlo en la balanza y a imprimir su targeta identificativa en el ordenador para luego cerrarlo.
Lo hice con fuerza. Snorri estaba junto a mi haciendo lo propio con el suyo, una saca del código 470.

Volvimos al otro lado de las cintas, los paquetes avanzaban arrastrados por el movimiento de los rodillos, Snorri caminó hasta el más grande y pesado, hizo ademán de cogerlo pero lo empujó dejándomelo a mi y siguió paseando sin rumbo fijo mientras husmeaba los paquetes como una comadreja.
Uno de los tipos del otro lado de las cintas me tocó el hombro.

Me volví hacia él.

“Dashiell, esta no es la forma correcta de cerrar los sacos, los sacos han de sellarse con fuerza, estirando del cordón por la zona rugosa”


Vi el código, el 470.

“Lo siento, trataré de no volver a equivocarme”.


Seguimos clasificando los paquetes, otro de los sacos volvía a estar lleno así que me dirigí a la balanza para pesarla, allí estaban Snorri y uno de los alemanes.
Snorri empezó a apretar botones de la balanza electrónica, en lugar de 0 empezó a marcar menos 16 Kg.


“Está rota” dijo el islandés, el alemán protestó, “No, no está rota, la has tocado y por eso ahora no funciona bien, no digas que no, estabas a mi lado haciéndolo”
“Está rota” volvió a repetir.


Uno de los encargados pasó cerca de nosotros, el alemán dijo: “Hey, Snorri, llama a Gunnar”.
Snorri no contestó, nos dimos la vuelta para mirarle.


Ya no estaba allí, se había ido a las cintas.

Llamamos a Gunnar y le explicamos que teníamos un problema con la balanza, vino resoplando, aunque sin decir nada y empezó a calibrarla.
Volvía a marcar cero.

Los paquetes empezaron a llegar con una cadencia mucho más rápida, las cintas estaban atascadas por el volumen de cajas que se apretujaban unas contra otras, volabamos llevándolas a los emplazamientos de sus códigos.
Snorri alzó la voz.


“EH”

“EH”


Los cuatro dejamos lo que estábamos haciendo y nos acercamos a él, sostenía un pequeño paquete como un juez de la horca sostiene una biblia, mientras lo alzaba dijo en tono solemne:


“Alguien ha cometido un error, este sobre no debería estar en el vagón de Reykajik particulares, su sitio correcto es Reykjavik empresas”


Dió un pequeño golpe contra el metal de la jaula.

“Es importante, recordadlo”.

9 comentarios:

Mar. dijo...

Me tienes entregada al blog. Haces de lo cotidiano algo extraordinario. No son cumplidos vacíos, es la verdad.

Todos estamos liados de tiempo y con la hora siempre pegada. Pero merece la pena encontrar un hueco para leerte. El resultado es grato. Siempre es así. Sorprendente, aunque suene extraño, es la verdad.

Anónimo dijo...

Jajajajaja increíble la de chorradas que me haces decir, Dashiell, pero es que flipo con tu enfoque de las cosas. Casi no se nota.

Nada, que hay que salir fuera, está claro.

Cuadonga dijo...

Saco en conclusión dos cosas:

- Que vayas donde vayas siempre tiene que haber un Snorri en el trabajo para hacer la puñeta.

- Que efectivamente en Correos trabaja gente muy rara. Eso mismo pensaba yo en Francia, había un catálogo de personajes francamente curioso.

Por cierto, si no fuera por Antonio, te hubieran dado el curro?

Saludos

Mister Floppy dijo...

Mar, gracias por tus comentarios.

Cuadonga, buenas apreciaciones.

En cuanto a la pregunta, es difícil de decir, al principio creía que no me lo habrían dado, luego la jefa de personal me ha parecido una persona muy honesta así que tal vez hubiese cumplido su palabra.
Es difícil de decir, la verdad es que no lo se, aunque ese tipo de gestos siempre quedan, sobre todo teniendo en cuenta que un mes antes de venir había tomado dos decisiones que hacían que me estuviese jugando el culo si no encontraba un trabajo rápidamente, con la presión que ello conlleva.

Álex dijo...

Si se me permite opinar sobre el tema... Desde mi punto de vista, y por lo que has relatado, considero que Antonio sí que tuvo bastante que ver en que te concedieran el trabajo.
En primer lugar, dices que te sugirió que fueras a hablar directamente con la responsable de recursos humanos, en lugar de enviar el curriculum, como se suele hacer habitualmente cuando se busca trabajo. Probablemente, de esa manera, el curriculum habría acabado en algún cajón guardado, con un poco de suerte.
Posteriormente, le hablaste a ella sobre él cuando te preguntó si conocías a alguien en la empresa. En las empresas islandesas es una práctica habitual el preguntar si se tienen referencias. Lo que se conoce comúnmente como "recomendaciones", vamos. Yo mismo tuve que venir con una recomendación de mi antiguo jefe en España, por si acaso...
Y por último, dices que Antonio se ofreció a llamar a la responsable de recursos humanos, y habló con ella. Con eso quizás metió presión y dio veracidad a tus palabras, puesto que demostró que vuestra relación era real.
Cuidado, que no quiero insinuar que uno se tenga que sentir mal por recibir ayudas, o que sea algo indigno, faltaría más :)

Por otra parte, conozco algo a Antonio, y puedo asegurar que no es de esa clase de personas que ayudan a alguien con la vista puesta en recibir algo a cambio, aunque, por supuesto, estoy seguro de que agradecería cualquier tipo de ayuda en caso de necesitarla, como todo el mundo, supongo...

Mister Floppy dijo...

Hola Alex

Es cierto, la sugerencia de presentarse allí y sobre todo la llamada fueron muy importantes, estoy convencido de ello, aunque para ser sincero tuvo más peso la referencia en si dado que por aquí son un requisito y él dejó buena imagen en correos, de hecho cada dos por tres me preguntan que tal está.

Habrá que hacer una reunión ibérica dado que la comunidad no es precisamente grande.

Un saludo

Anónimo dijo...

enhorabuena por tu blog.Vi tu comentarios en "El país".Yo como tú vivo en uno de esos "perfectos" países nórdicos.Lo que me resulta asombroso es la ausencia de capacidad de crítica de la gente y el lavado de cerebro mediático.Está claro que en estos tiempos se crucifica al que no acepta las verdades incuestionables.Esto es peligroso,nos lleva al fanatismo y al nazismo otra vez.Pero supongo que es la forma de ser europea y que no tenemos remedio.La felicidad es relativa.No sé por qué la gente decide que los países nórdicos son el colmo de la perfección y de la felicidad mundial y que son mejores seres humanos que el resto(incluso genéticamente hablando, que es lo más penoso).Sigue escribiendo sobre todos esos puntos oscuros,que seguro que son muchos.

Anónimo dijo...

muy bueno tu blog, yo al igual q tu vivo en Reykjavik, tenemos q hacer una reunion iberica, molaria compartir experiencias..

Mister Floppy dijo...

Anónimo 1:

Tu comentario merecería por si solo un post, aunque no se si el blog debería tratar ese tema.
Las personas se mueven por imagenes mentales, es decir, uno asocia a cada objeto, concepto o país ciertas "fotografías".
Si se dice Colombia se piensa en tráfico de drogas, Finlandia, gran nivel de vida y seguridad, España, fiesta y pocas ganas de trabajar, etc...
Pero si alguien se preocupa de ir a las estadísticas que indican, por ejemplo, el número de asesinatos de mujeres por sus parejas en Finlandia y los compara con los de España verá que en ese país nórdico la cifra es mayor, más exactamente MUCHO MAYOR.
Casi el 40% de los islandeses ganan 150.000, coronas al mes unos o menos, (unos 1400 euros) lo cual a paridad de precios es ser mileurista en España, imposible, puede pensar alguien, ¡¡¡ si mileuristas solo existen aquí!!!
(Por cierto, siendo mileurista se sobrevive perfectamente, a veces parece que alguien que tiene ese sueldo está pasando hambre).

La realidad es mucho más complicada que esas "imagenes" mentales y la de los países nórdicos parece ser de un bloque cuando no se hasta que punto es así.
Habría que oír a alguien que haya vivido en más de una de estas naciones.
Dicho todo lo cual, Islandia tiene cosas, bastantes, en las que le gana la mano a España sin contemplaciones.

Muchas gracias por el comentario.

Anónimo 2:

Habrá que hacer un estudio de eso.

Un saludo

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