Trabajo en el servicio Postal (parte II)


El jefe de grupo indicó una parada de veinte minutos, había tres por jornada, la última de ellas para cenar.
Todo el mundo caminó hasta los servicios para lavarse las manos, yo me quedé rezagado para comprobar la posición de los pueblos y las ciudades de Islandia en el enorme mapa que había en la pared.
Los trabajadores cruzaban por el pasillo situado a mis espaldas, un pasillo amplio que acababa afluyendo en la cafetería de la empresa, era allí donde con más fidelidad podía comprobarse la segunda advertencia que me había hecho Antonio:



“Los islandeses eructan, lo hacen en cualquier situación durante el trabajo”



Era cierto, ya fuese levantando un paquete, dando los buenos días, o simplemente yendo en silencio hacia otra sección, cualquier momento y lugar era bueno para dejar un eructo en el aire.
Había situaciones más sorprendentes dado que también podían hacerlo en el medio de una conversación, mientras degustaban un perrito caliente o a la vez que pagaban la cena de la cafetería.



Pero nada de ello podía compararse a lo que ocurriría segundos después.



Dejé el mapa y me dirigí en solitario a los servicios, en ellos dos piletas con dos monomandos, una de las mismas estaba vacía así que procedí a lavarme las manos, a mi izquierda un chico de azul y de unos 25 años hacía lo propio.
Abrí el grifo y presioné el pulsador del jabón, miraba su consistencia mientras lo extendía por los dedos, al masajearlos surgía espuma, una espuma blanca, inodora y de mala calidad.



Sentí un extraño sonido que provenía del chico de azul, era una ventosidad sin fuerza aunque extremadamente larga, yo seguía lavándome las manos pero también lo hacía el sonido, era un sonido monocorde, como una versión enloquecida del hilo musical de un ascensor.



El traqueteo cesó, aunque lo que vino después fue peor.



Un estruendo como el rúgido de un tigre siendo castrado salió de su culo, era como si un avión hubiese roto la barrera del sonido allí mismo.



Lo primero que pensé es que se había cagado.



No era posible soltar semejante bomba termonuclear y que la onda expansiva no hiciese salir disparados pequeños trozos de mierda, probablemente la punta del mojón le había garabateado la firma de “El Zorro” en sus calzoncillos o le había agrietado el esfínter.



A todo ello siguieron pequeñas detonaciones, como en una granada de fragmentación...Rak-tak-tak-tak-tak-tak, era como oír a alguien pisando nueces.



Desestimé el secarme las manos dado que el olor empezaba a aflorar y no era agaradable.
Volví al mapa, era impresionante ver el tamaño de los glaciares, una buena parte de la isla tenía nieves perpetuas, esa amable imagen se desvaneció cuando el chico de azul pasó por mi lado dirigiéndose hacia el comedor. Había sido un pedo mochilero dado que el olor le seguía a todas partes.


Le vi alejarse mientras trataba de despegar sus calzoncillos del ojete estirando de la parte trasera del pantalón, su pose era la de un joven Chaplin con ademanes de pato.



Bienvenidos al siglo XXI.

11 comentarios:

Julián dijo...

joder, que guarracos son los islandeses....

Cuadonga dijo...

Menudo giro escatológico que le has pegado al blog!!
Supongo que al estar en el servicio, el chaval se encontraría en pleno derecho de exteriorizar sus flatulencias.
Al fin has descubierto la Islandia profunda.

Álex dijo...

Doy fe de que mis compañeros de trabajo no se comportan de esa manera tan desagradable.
Desde que estoy en este trabajo no he escuchado ningún eructo intencionado, ni he percibido olores corporales sospechosos.
Eso sí, no me sorprende lo de las ventosidades en correos... Se oyen verdaderas historias para no dormir sobre sus empleados.

Mar. dijo...

Jaaaaaaaaaaaaaaajajajaja ay, qué buen acabar del día, por favor. Muchas gracias.

No debe ser una costumbre única de los islandeses. Pues este verano, cuando fui a Berlín, frecuentábamos una cervecería irlandesa que nos gustaba mucho. En frente nuestra estaban sentados un grupo de irlandeses de mediana edad. En un momento dado, uno de ellos soltó un pedete, pero conseguí contener la risa. Al rato, emite una tremenda bomba explosiva que me hizo estallar a carcajadas, era inútil intentar disimular.

Mister Floppy dijo...

No es que los isalandeses sean sucios, simplemente tienen costumbres distintas, aunque es cierto que no todos lo hacen.

oria dijo...

Yo una vez lo dejé caer y algún islandés se me tiró a la yugular. En general depende del ambiente, pero como decía una camiseta de esas de coña desde que no se fuma en los bares hay olores extraños. Una amiga decía que la culpa era de la cerveza, que tenía demasiado gas.

Mister Floppy dijo...

Es curioso, los islandeses a los que se les ha preguntado eso en mi presencia responden que no tienen por qué ocultar algo que ocurre en todos los cuerpos del planeta.
Tiene su lógica, aunque no la comparta.

Silvia dijo...

Si el reportaje de El País ya avisaba de que los islandeses no tienen prejuicios... En cuanto al argumento de "los cuerpos del planeta", tiene su lógica...

E. dijo...

En una canción, hoy he escuchado esta frase: vive al norte del futuro. Y me he acordado de ti, por tu blog, porque a veces, sólo algunas veces, lo que dices, es como un eco.

Anónimo dijo...

Esto de las ventosidades y eructos debe de ser algo muy nórdico, porque me ha pasado muchas veces en Suecia también. El concepto de la higiene también cambia, lo de ducharse una vez por semana es lo normal(el sábado por lo general). Lo que no sé es si es por motivos ecológicos o porque se creen que con el frío no huelen. La higiene de las jóvenes féminas brilla por su ausencia. Muy guapas eso sí, pero huelen raro. Una vez compartí piso con un estudiante sueco que salía a hacer footing y después colgaba la ropa en su habitación para que se secara, hasta los calzoncillos. Se llevó dos meses sin lavar el chándal. Lo de los piojos aquí no son cosas de niños, pasa en todas las generaciones;-)

Grelo dijo...

Tio, eres la leche!!!

HAcía tiempo que no me reía tanto XD XD XD :-)

Espero que la "comida" no fuera tan "sonora" jejeje LOL XD

Saludos

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