¿Qué vas a hacer con tu vida?

 La voz suena ligeramente distorsionada, a veces ocurre cuando se habla por teléfono.

"¿Vas a volver?"

No contesto, solo mintiendo pararía el interrogatorio.

"No tienes 20 años, hay una edad entre los veintimuchos y los treintaipocos en la que todo lo que hayas de ser ya lo tienes que estar siendo"

"Tal vez"

Repito en voz baja:

"Tal vez"

La luz está apagada y no quiero encenderla.

"¿Crees que puedes vivir así toda tu vida?"

"No"

"No lo entiendo, tenías un buen trabajo....¿Vas a volver a tenerlo?, ¿Por qué no haces una oposición para estar cerca de casa?"

"No voy a hacer ninguna oposición" contesto claramente.

"¿Por qué no?"

"Porque no quiero que algo que no me importa acabe haciéndolo solo porque me esfuerzo en ello"

"¿Qué vas a hacer entonces?, ¿Tienes pensado casarte, formar una familia?, ¿Crees que puedes conseguirlo con ese tipo de vida?"

"No lo sé"

"Yo si lo sé, siempre has hecho lo que has querido, nunca piensas en los demás, solo en ti, ¿Por qué estudiaste otra carrera si no querías trabajar en eso, no tienes suficiente con una?
Has perdido el tiempo"

Continúa.

"Todos tus amigos están empezando a casarse, ¿Quieres quedarte solo?"

No respondo.

"¿Vas a estar alguna vez contento con algo?, ¿vas a acoplarte a alguna mujer?, ¿Por qué dejaste a la chica de Madrid, a la que había estudiado Físicas? sabes que me encantaba..."

Aparto el celular de mi oreja, sigue hablando, solo escucho el ligero rumor, como de agua hirviendo, que desprende el altavoz.

Pasa más de un minuto, por fin el sonido cesa de forma que vuelvo a acercar el teléfono a mi cara.

"Solo quiero que seas feliz"

"Lo sé"

Hay un silencio, largo y neblinoso.

"Nunca hablas de tu vida ¿Conoces chicas?"

"Sí"

"¿Te interesa alguna?"

"No"

"¿Por qué no?"

"Porque solo me quieren por el sexo, no se puede ser guapo, millonario y trabajar en correos todo al mismo tiempo, las chicas se enteran y me quieren utilizar, hoy en día todas van a lo que van"

Oigo risas al otro lado de la línea.

"No me hagas esas bromas, a mí no debes hacérmelas"

No contesto, solo me tapo la cara en la oscuridad...

"Hijo, ¿Qué vas a hacer con tu vida?"

La pregunta rebota en mi mente como un eco...

¿Qué vas a hacer con tu vida?...
¿Qué vas a hacer con tu vida?...
¿Qué vas a hacer con tu vida?...

Susurro la respuesta...

"Ser feliz"

España 1 - Alemania 0

El Café cultura estaba a revosar.
Tensión, nervios y fraternidad a partes iguales, un placer incomparable defender a tu equipo sin que la palabra fascista vuele desde la boca de quien te rodea.
En diferentes ciudades, en Madrid, Dublin, Londres o Munich la ilusión gritaría alentada por la cerveza mientras recordabamos todo lo que nos une en lugar de aquello que nos separa.
Niños islandeses con camisetas de la selección española, brindis por los campeones y aplausos de respeto a los derrotados.

Mi país es un gran país, no necesitaba eurocopas o ciudadanos de Reykjavik alabándolo, solo necesitaba el respeto y la humildad del que no requiere humillarse a si mismo ni a los otros para sentirse importante.

Cenizas y Granjas (Hielo azul y el mundo de Mordor Parte II)




Dejamos atrás Vatnajökull, mientras nos alejabamos traté de mirar el océano, era negro, la mano del glaciar se introducía en el agua esparciendo cenizas, las cenizas de Odin, Thor y Aegir, las cenizas de los dioses en los que ya nadie cree, sacándolas de la tierra y disolviéndolas en el mar.
Recuerdos de una época que se perdería para siempre, recuerdos de una época donde los soldados hablaban a sus hijos al calor del fuego tras volver de países lejanos, ahora esos hombres llevaban traje y discutían por teléfono sobre la custodia compartida de los niños.
Los mismos tipos con gafas que daban soporte SAP o programaban C++ estarían asediando ciudades, rebanando cuellos, incendiando aldeas...
Y partirían de nuevo hacia su hogar. Las embarcaciones llenas de tesoros, mujeres y armas, dejando solo destrucción y caos atrás.

Llegamos al "Lago de hielo", donde gigantescos icebergs se desgajaban del glaciar para flotar en el agua como terrones de azucar.

En la playa contigua los bloques se acumulaban convirtiendo el lugar en un entorno surrealista donde el sol podía brillar y la arena sufría el peso de la nieve cristalizada.

Pero era tarde, la oscuridad comenzaba a caer.

Paula, Erika y Gerhard hicieron algunos comentarios en alemán, Piotr intervino en inglés, había que buscar una granja abandonada para dormir.
El coche seguía moviéndose por la carretera pero no se avistaba nada que pudiese ser utilizado como guarida.
Gerhard condujo y condujo, empezó a llover, no era divertido estar bajo una tormenta esperando que el cielo se diluya sobre tu pelo.
Sin resguardo.
Miré el reloj, casi medianoche..... en medio de la nada y bajo una tempestad.

Gerhard avistó una casa rural, estaba cerrada aunque cerca de ella había una granja, paró el automóvil enfrente de la misma.

"¿Qué vamos a hacer?" dijo Erika

"Todo esto no tiene sentido" contesté, "tenemos que encontrar algo"

Salí del coche y llamé a la puerta, nadie contestó pero oía voces de manera que me dispuse a girar el pomo de la entrada, lo hice como en una película de terror, la línea que estaba cruzando era la que indica si un granjero de Kentucky puede o no convertirte en una fotografía de la sección de sucesos.

Entré y dí con los nudillos sobre la madera del salón....

La puerta se abrió, en la estancia un grupo de jubilados borrachos y cuarentonas separadas jugaban a las cartas, frente a mí un tipo son sombrero tejano, puro y cubata, parecía un japonés queriendo hacerse pasar por un chulo de merendero.

"Ahhh... Godan Dagin" dije de forma estúpida, dado que literalmente significa buenos días.
No contestó.

"Lamento muchisimo las molestías pero mis amigos y yo necesitamos alquilar un lugar donde descansar, es muy tarde y llueve a cantaros, podrían darnos alguna sugerencia de qué hacer o simplemente dejarnos dormir en su almacen, estamos dispuestos a pagar lo que estimen oportuno"

El tipo me miró.

"¿Quién ha rokoki toki rokoki vienes con rokoki toki??"

"Ehhhh..." no sabía que contestar, no había cogido el concepto, de manera que repetí la petición.

Vino una segunda persona, pero tampoco hablaba apenas inglés, con lo cual alguien llamó a la tercera, una mujer de unos 40 años, simpática y masculina.

"¿Necesitais un lugar donde dormir?, no hay problema, mi amiga Alma tiene una casa rural muy bonita y barata a 1 Km. de aquí voy a llamarla para que os atienda y os prepare una habitación..."

"Muchisimas gracias, se lo agradezco muchisimo"

Gerhard y Paula vinieron y hablaron con la mujer, ella le dió al alemán las indicaciones para encontrar el alojamiento, 15 minutos después estabamos en nuestras camas, embutidos en los sacos
Mientras las luces se apagaban dije:

"¿Os habeis dado cuenta que hemos dormido en una cueva, visitado la iglesia más pequeña del mundo, trepado sobre el glaciar más grande de Europa y llamado a medianoche a la puerta de una casa perdida en medio de la nada para después allanarla y todo eso en menos de 48 horas?"

Llevaba una piedra de cada uno de esos lugares en mis bolsillos... en el futuro contaría su historia al calor del fuego.





Hielo azul y el mundo de Mordor (Parte I)


El teléfono sonó.

"¿Sí?"

"Sal, tengo el coche aparcado en frente de tu casa" dijo Gerhard.

Cogí la mochila y revisé mis bolsillos: no me había dejado nada de manera que podía cerrar la puerta y salir a la calle.

"Hola Dashiell" dijo el alemán al verme.

"¿Cuál es el plan?"

"¿El plan?" preguntó Gerhard con una sonrisa.

Mientras el coche arrancaba volví a inquerirle.

"Sí, ¿Dónde vamos y en qué casas rurales habeis reservado habitaciones?"

"¿Reservado?...." dijo gallegueando maliciosamente a la vez que aceleraba. Diez minutos después estabamos en el centro de Reykjavik con la parte de atrás ocupada por Piotr, Erika y Paula.
El coche dejó la capital, algo en mí empezaba a decirme que las palabras de Gerhard no eran una broma pero aún no sabía que iba a vivir el viaje más increíble de mi vida....

Sentí el cansancio en mi interior: había trabajado hasta las 21:30hrs y posteriormente corrido más de 1 kilómetro a máxima velocidad en busca de un autobús que no se detuvo al pasar a mi lado. Y todo ello por viajar sin saber a dónde ni en qué condiciones.

Piotr y las chicas hablaban, Gerhard y yo apenas intervinimos en la conversación hasta que el coche se detuvo.

"Esta es la primera parada" señaló el alemán, "Seljalandsfoss", miré el reloj era la una de la madrugada.

Salimos del coche y miramos la cascada, era majestuosa, diferente de Gulfoss, no era salvaje ni violenta como aquella, simplemente reflejaba la idea preconcebida que una persona puede tener si nunca ha visto una.
Había dos caminos que se dirigían hacia la parte posterior de Seljalandsfoss, eran caminos de piedra, caminos artificales pero perfectamente integrados en el entorno, una obra de arte hollywoodesca que permitía ubicarse tras la corriente de agua.
Rodeamos la catarata, una nube de diminutas gotas flotaban en el ambiente como impulsadas por la turbina de un avión, me toqué la mejilla, el agua perleaba mi cara, la misma que mojaba el pelo de Erika y Paula.

Miré por última vez la cascada antes de volver al coche y cerré los ojos.

Gerhard abrió una guía de carreteras.

"A 300 metros de aquí debe haber una granja abandonada, está en el mapa, allí podremos dormir" dijo el alemán.

Mi voz interior empezó a subirse por las paredes "¿Abandoqué....?"

Había sido una decisión terriblemente equivocada no haberme quedado en casa, pensé.

El coche deambuló por la carretera tratando de encontrar la granja deshabitada pero nuestra búsqueda fue infructuosa, solo podían verse casas de verano con coches en la entrada y era evidente que no podíamos llamar a medianoche a sus puertas.
Gerhard siguió conduciendo 20 minutos más, me puse la mano en la cara y ahogué un suspiro de desaprobación, de repente Piotr, cual Rodrigo de Triana, señaló una gruta en el lado izquierdo de la carretera.
El coche se dirigió hacia ella y Gerhard aparcó en su interior.
Cogimos nuestros sacos y salimos de él, miré a los lados, si el conde Drácula existía debía vivir en alguno de sus recovecos, no cabía duda de ello.
Extendí mi saco, la sensación térmica se situaba alrededor del cero, decidí abrochar la cremallera dejando al descubierto únicamente mi cara.
El sonido de las pisadas de Gerhard me despertó, Paula y Erika dijeron algo en inglés pero no pude entenderlo, sólo sentía el frío congelando mi nariz.
Hice un esfuerzo por volver en mí y bajé la cremallera del saco, el calor abandonó inmediatamente mis extremidades y me hizo despertar por completo.

"¿Cuál es la siguiente parada?" pregunté

Media hora después estabamos en Skógafoss, "la cascada del bosque", recibía ese nombre por un pequeño conjunto de pinos situado muy cerca de ella.
Las cataratas que admirabamos en esta ocasión eran similares a las de Seljalandsfoss pero con dos diferencias: el caudal de agua era mucho mayor y el camino construído para observarlas en lugar de llevar a la parte trasera de las mismas lo hacía a su cúspide.
Subir todos los escalones sin hacer un descanso era un reto para el visitante, llegué a la cima sintiéndo los musculos de mis piernas bloqueados.
Piotr, Gerhard y Erika volvieron al coche.
Empezó a llover, mi chaqueta no tenía capucha dado que me la habían robado semanas antes, bajé los escalones a toda velocidad, al llegar al automóvil cogí una camiseta limpia y me la puse en la cabeza, estaba empapado, solo le deseaba al ladrón que le crecieran cinco culos y que le dieran mucho por ellos hasta el día del juicio final.
No era pedir demasiado, pensé.
Paula llegó al coche y dejamos la catarata atrás.
Conducíamos por la carretera que circumbalaba Islandia, seguía lloviendo profusamente pero Gerhard detuvo el coche frente a un pequeño grupo de casas con tejados de hierba.

"Éste era un punto de encuentro y descanso para los comerciantes del sur" dijo el alemán.

Miré en todas direcciones mientras caminaba por las minúsculas calles que separaban las casas: era lo más parecido a la "Comarca" de los hobbits que la arquitectura humana podía crear: tejados de hierba para cubrir hogares semienterrados en el suelo, paredes claras y el verdor típico que refleja la vida cuando el hombre no la ha transformado en gris.

Un micromundo ajeno al asfalto.

Y entonces la vi, era la iglesia más pequeña que jamás podía haber imaginado, abrí sus puertas y entré en su estancia, una inscripción señalaba la fecha "1789", sobrecogía la sencillez de un templo no mayor que el salón de una vivienda de cualquier gran urbe.
Toqué la madera de sus paredes, si Dios existía sería allí donde alguien podría recobrar la fe.
Cualquier hombre era capaz de pasar horas en su interior, nada de lo que me ocurriese allí dentro hubiera sido malo.
El coche avanzaba por la carretera pero seguí pensando en aquel lugar, lo seguí haciendo hasta llegar al paraje más desolado que nunca había visto: kilometros de tierra y piedras ennegrecidas tras los que se situaban montañas oscuras y tenebrosas de las que ascendían nubes grises como humo.
Aquello era el infierno, el mundo de Mordor, no había vida, ni rastro de ella...
Gerhard tomó un caminó de tierra y apareció una de las lenguas de "Vatnajökull" el mayor glaciar de Europa, bajamos del coche y caminamos hacia esa enorme masa de una superficie dos veces superior a la de Luxemburgo.
No se oía nada excepto el extraño sonido de la imensa presión que el hielo ejercía sobre la piedra. La lengua era como una inmensa mano de hielo blanco y azul arrastrando cenizas, podía verse incluso la forma de los cinco dedos titánicos.
Caminé hacia la nieve intentando encontrar una forma de acceder a ella.

Paula señaló el glaciar.

"¿Por qué es azul el hielo de Vatnajökull?"

Gerhard, Erika y Piotr dieron diferentes razones, yo les dejé atrás, solo quería llegar a ese enorme ser vivo que se arrastraba por la superficie islandesa enguyéndolo todo.
Escalé por la ladera de la montaña, mis pies resbalaron y descendí tres metros, seguí caminando, utilizaba cada saliente para avanzar.

Noté que Piotr también trataba de llegar al glaciar.
Seguí trepando, cada vez estaba más cerca, me así a una hendidura y traté de escalar un pequeño montículo, mis pies resbalaron sobre él: era nieve endurecida cubierta de cenizas, decidí rodearlo.
Había perdido la noción del tiempo pero ya podía tocar el hielo blanco y azul aunque no veía manera de subirme a ese enorme caballo de cristal.
Por fín encontre una marca en la pared y una pequeña grieta encima de ella, utilizándolas escalé y pude llegar arriba.
Caminé sobre el glaciar, escuchaba ese rumor callado y violento que desprendía.
Miré a mis pies, había ríos azules en su interior.
Era temerario estar allí sin herramientas, una pequeña fisura en el hielo y moriría en dos minutos sin que ninguno de mis amigos pudiera hacer nada por mí.
Pensé en la muerte, todos ibamos a morir tarde o temprano, todos ibamos a perdernos en la inmensidad eterna de la nada.
Hasta el fin de los tiempos.
Si tenía que morir, encontraba mucho más sentido en que Vatnajökull me matase en lugar de que lo hiciese un yonky o un político.
Seguí caminando sobre el rey de los glaciares como un Atreyu enloquecido sobre Fújur...

Cuando volvimos al coche miré a Paula.

"Sé por qué hay hielo azul en Vatnajökull"

Ella me devolvió la mirada y acercando un pequeño libro de hojas en blanco dijo:

"Escribe por qué"

Mis dedos garabatearon la respuesta en el papel vírgen.

"Vatnajökull tiene sangre azul"