Hielo azul y el mundo de Mordor (Parte I)


El teléfono sonó.

"¿Sí?"

"Sal, tengo el coche aparcado en frente de tu casa" dijo Gerhard.

Cogí la mochila y revisé mis bolsillos: no me había dejado nada de manera que podía cerrar la puerta y salir a la calle.

"Hola Dashiell" dijo el alemán al verme.

"¿Cuál es el plan?"

"¿El plan?" preguntó Gerhard con una sonrisa.

Mientras el coche arrancaba volví a inquerirle.

"Sí, ¿Dónde vamos y en qué casas rurales habeis reservado habitaciones?"

"¿Reservado?...." dijo gallegueando maliciosamente a la vez que aceleraba. Diez minutos después estabamos en el centro de Reykjavik con la parte de atrás ocupada por Piotr, Erika y Paula.
El coche dejó la capital, algo en mí empezaba a decirme que las palabras de Gerhard no eran una broma pero aún no sabía que iba a vivir el viaje más increíble de mi vida....

Sentí el cansancio en mi interior: había trabajado hasta las 21:30hrs y posteriormente corrido más de 1 kilómetro a máxima velocidad en busca de un autobús que no se detuvo al pasar a mi lado. Y todo ello por viajar sin saber a dónde ni en qué condiciones.

Piotr y las chicas hablaban, Gerhard y yo apenas intervinimos en la conversación hasta que el coche se detuvo.

"Esta es la primera parada" señaló el alemán, "Seljalandsfoss", miré el reloj era la una de la madrugada.

Salimos del coche y miramos la cascada, era majestuosa, diferente de Gulfoss, no era salvaje ni violenta como aquella, simplemente reflejaba la idea preconcebida que una persona puede tener si nunca ha visto una.
Había dos caminos que se dirigían hacia la parte posterior de Seljalandsfoss, eran caminos de piedra, caminos artificales pero perfectamente integrados en el entorno, una obra de arte hollywoodesca que permitía ubicarse tras la corriente de agua.
Rodeamos la catarata, una nube de diminutas gotas flotaban en el ambiente como impulsadas por la turbina de un avión, me toqué la mejilla, el agua perleaba mi cara, la misma que mojaba el pelo de Erika y Paula.

Miré por última vez la cascada antes de volver al coche y cerré los ojos.

Gerhard abrió una guía de carreteras.

"A 300 metros de aquí debe haber una granja abandonada, está en el mapa, allí podremos dormir" dijo el alemán.

Mi voz interior empezó a subirse por las paredes "¿Abandoqué....?"

Había sido una decisión terriblemente equivocada no haberme quedado en casa, pensé.

El coche deambuló por la carretera tratando de encontrar la granja deshabitada pero nuestra búsqueda fue infructuosa, solo podían verse casas de verano con coches en la entrada y era evidente que no podíamos llamar a medianoche a sus puertas.
Gerhard siguió conduciendo 20 minutos más, me puse la mano en la cara y ahogué un suspiro de desaprobación, de repente Piotr, cual Rodrigo de Triana, señaló una gruta en el lado izquierdo de la carretera.
El coche se dirigió hacia ella y Gerhard aparcó en su interior.
Cogimos nuestros sacos y salimos de él, miré a los lados, si el conde Drácula existía debía vivir en alguno de sus recovecos, no cabía duda de ello.
Extendí mi saco, la sensación térmica se situaba alrededor del cero, decidí abrochar la cremallera dejando al descubierto únicamente mi cara.
El sonido de las pisadas de Gerhard me despertó, Paula y Erika dijeron algo en inglés pero no pude entenderlo, sólo sentía el frío congelando mi nariz.
Hice un esfuerzo por volver en mí y bajé la cremallera del saco, el calor abandonó inmediatamente mis extremidades y me hizo despertar por completo.

"¿Cuál es la siguiente parada?" pregunté

Media hora después estabamos en Skógafoss, "la cascada del bosque", recibía ese nombre por un pequeño conjunto de pinos situado muy cerca de ella.
Las cataratas que admirabamos en esta ocasión eran similares a las de Seljalandsfoss pero con dos diferencias: el caudal de agua era mucho mayor y el camino construído para observarlas en lugar de llevar a la parte trasera de las mismas lo hacía a su cúspide.
Subir todos los escalones sin hacer un descanso era un reto para el visitante, llegué a la cima sintiéndo los musculos de mis piernas bloqueados.
Piotr, Gerhard y Erika volvieron al coche.
Empezó a llover, mi chaqueta no tenía capucha dado que me la habían robado semanas antes, bajé los escalones a toda velocidad, al llegar al automóvil cogí una camiseta limpia y me la puse en la cabeza, estaba empapado, solo le deseaba al ladrón que le crecieran cinco culos y que le dieran mucho por ellos hasta el día del juicio final.
No era pedir demasiado, pensé.
Paula llegó al coche y dejamos la catarata atrás.
Conducíamos por la carretera que circumbalaba Islandia, seguía lloviendo profusamente pero Gerhard detuvo el coche frente a un pequeño grupo de casas con tejados de hierba.

"Éste era un punto de encuentro y descanso para los comerciantes del sur" dijo el alemán.

Miré en todas direcciones mientras caminaba por las minúsculas calles que separaban las casas: era lo más parecido a la "Comarca" de los hobbits que la arquitectura humana podía crear: tejados de hierba para cubrir hogares semienterrados en el suelo, paredes claras y el verdor típico que refleja la vida cuando el hombre no la ha transformado en gris.

Un micromundo ajeno al asfalto.

Y entonces la vi, era la iglesia más pequeña que jamás podía haber imaginado, abrí sus puertas y entré en su estancia, una inscripción señalaba la fecha "1789", sobrecogía la sencillez de un templo no mayor que el salón de una vivienda de cualquier gran urbe.
Toqué la madera de sus paredes, si Dios existía sería allí donde alguien podría recobrar la fe.
Cualquier hombre era capaz de pasar horas en su interior, nada de lo que me ocurriese allí dentro hubiera sido malo.
El coche avanzaba por la carretera pero seguí pensando en aquel lugar, lo seguí haciendo hasta llegar al paraje más desolado que nunca había visto: kilometros de tierra y piedras ennegrecidas tras los que se situaban montañas oscuras y tenebrosas de las que ascendían nubes grises como humo.
Aquello era el infierno, el mundo de Mordor, no había vida, ni rastro de ella...
Gerhard tomó un caminó de tierra y apareció una de las lenguas de "Vatnajökull" el mayor glaciar de Europa, bajamos del coche y caminamos hacia esa enorme masa de una superficie dos veces superior a la de Luxemburgo.
No se oía nada excepto el extraño sonido de la imensa presión que el hielo ejercía sobre la piedra. La lengua era como una inmensa mano de hielo blanco y azul arrastrando cenizas, podía verse incluso la forma de los cinco dedos titánicos.
Caminé hacia la nieve intentando encontrar una forma de acceder a ella.

Paula señaló el glaciar.

"¿Por qué es azul el hielo de Vatnajökull?"

Gerhard, Erika y Piotr dieron diferentes razones, yo les dejé atrás, solo quería llegar a ese enorme ser vivo que se arrastraba por la superficie islandesa enguyéndolo todo.
Escalé por la ladera de la montaña, mis pies resbalaron y descendí tres metros, seguí caminando, utilizaba cada saliente para avanzar.

Noté que Piotr también trataba de llegar al glaciar.
Seguí trepando, cada vez estaba más cerca, me así a una hendidura y traté de escalar un pequeño montículo, mis pies resbalaron sobre él: era nieve endurecida cubierta de cenizas, decidí rodearlo.
Había perdido la noción del tiempo pero ya podía tocar el hielo blanco y azul aunque no veía manera de subirme a ese enorme caballo de cristal.
Por fín encontre una marca en la pared y una pequeña grieta encima de ella, utilizándolas escalé y pude llegar arriba.
Caminé sobre el glaciar, escuchaba ese rumor callado y violento que desprendía.
Miré a mis pies, había ríos azules en su interior.
Era temerario estar allí sin herramientas, una pequeña fisura en el hielo y moriría en dos minutos sin que ninguno de mis amigos pudiera hacer nada por mí.
Pensé en la muerte, todos ibamos a morir tarde o temprano, todos ibamos a perdernos en la inmensidad eterna de la nada.
Hasta el fin de los tiempos.
Si tenía que morir, encontraba mucho más sentido en que Vatnajökull me matase en lugar de que lo hiciese un yonky o un político.
Seguí caminando sobre el rey de los glaciares como un Atreyu enloquecido sobre Fújur...

Cuando volvimos al coche miré a Paula.

"Sé por qué hay hielo azul en Vatnajökull"

Ella me devolvió la mirada y acercando un pequeño libro de hojas en blanco dijo:

"Escribe por qué"

Mis dedos garabatearon la respuesta en el papel vírgen.

"Vatnajökull tiene sangre azul"

17 comentarios:

Gael dijo...

Ajaa!!!! Haciéndole de aventurero??

Mr. Floppy, que tanto crimen hay en Islandia? Es cierto que se puede salir a las 3 de la madrugada para pasear a la foca doméstica? xD Leí una noticia de un conductor de un Ferrari que tuvo que ir caminando a buscar ayuda porque se averió el coche, lo había dejado abierto.. Ahh y hablando de focas domésticas.. Hay animales en Islandia? (salvajes o domésticos) .. y arboles?? Y algo más.. Si el agua que se suministra proviene directamente de la tierra.. ¿No apesta a azufre? =)

Saludooozz!! Eres un vagooo =)

Fio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fio dijo...

Por algún extraño motivo, tu entrada de hoy ha hecho que me acordase de la película "Cold Fever"...

Edito para añadir: aparte del Islandia como punto en común, claro :)

Silvia dijo...

Y a mí me ha recordado al glaciar noruego de Briskdal, pequeño bufón del Rey islandés por lo que cuentas. Allí, tras saltar la señal de peligro, le vi removerse, soltando gruñidos como jamás había oido al tiempo que escupía piedras mientras corríamos. Me quedé helada,pero fue divertido je,je.

Y tu relato me sigue removiendo las ideas de irme a probar suerte allí (Me ha encantado la frase de las cenizas descansando sobre el glaciar)

Y una pregunta ¿en islandia es normal que te roben la capucha? un bien necesario, supongo.

Señor Guichompli dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cuadonga dijo...

Ya tenía yo ganas de que nos contaras alguna excursión. Islandia debe de ser fascinante. Pero, cuidado, ya sabes que es el acceso al centro de la tierra según Julio Verne. Aléjate de los volcanes, jajaja.

Mister Floppy dijo...

Hola Fio, he oído hablar de esa película, intentaré verla esta semana.
Silvia, no debe ser normal, probablemente alguien borracho con ganas de hacer el gamberro.
Sí que pueden robarte algo, sobre todo los sabados por la noche pero hay que reconocer que casi siempre son extranjeros quienes lo hacen.
Cuadonga: gran película basada en el libro.
Gael...
Lo del Ferrari es verdad pero hay que tener algunas cosas en cuenta: aquí si se sale de Reykjavik apenas hay nadie en muchas carreteras, Islandia está aislada, nadie puede robar un Ferrari sin que lo detengan, es una sociedad de pueblo, con todo lo que ello implica: más honrada, cercana en algunos aspectos, cerrada en otros, etc... lo mismo que podía verse 15 años atrás en algunas zonas de España donde la gente podía dejarse las llaves de su casa en la cerradura y las puertas de los coches abiertas.
Pasear a las 3 de la mañana sin problemas se puede hacer en casi cualquier ciudad de Europa occidental, yo jamás he tenido problemas en ninguna.
El único mamífero endémico de Islandia es el zorro ártico los demás son importados (caballos, vacas y ovejas) a partir de ahí solo hay pajaros, árboles muy, muy pocos.
El agua no huele muy bien.

Un saludo.

Gael dijo...

Jajajaja, una vez en Guatemala estuvimos en un lugar en que el agua tenía azufre.. Los guías nos decían que no bebieramos del grifo y hasta usabamos agua envasada para cepillarnos.. ¿Será así la vida en Islandia? xD

Es una lástima lo de tu chaqueta porque demuestra como una sociedad tan bonita comienza a pudrirse como consecuencia de la inmigración y esa es la razón por la que existe la discriminación cuando una persona decente llega legalmente a cierto país, porque los criminales que estuvieron ahi del mismo orígen, ya les han hecho la fama de basura. Bueno aclaro.. el problema no es la inmigración sino la cultura y ética de las personas que emigran.. personas con poca educación que llegan a abusar de la seguridad social y a delinquir, gente con fanatismos religiosos y culturas extremistas que buscan llegar a imponer sus costubres en lugar de integrarse en la sociedad. Por ejemplo en Canadá, dónde las pandillas comienzan a ser un problema serio, pandillas de inmigrantes.. creo que Noruega está en una situación parecida y que decir de España y EEUU.

A propósito, ya que mencionas al borracho-extranjero-ladrón... Siempre me pregunté si en Islandia, por ser una sociedad en la que se consume mucho alcohol, (al igual que en todos los países nordicos) no causará esto demasiados problemas.. (como tu chaqueta jeje) Según he leido, en Mexico DF (yo no sé porque yo no vivo en México :P) el 40% de los accidentes de tránsido están relacionadas con el alcohol y en 2003, 1,498 capitalinos murieron por hechos de tránsito.. hasta atropellaron a 36 policías por huir de los alcoholímetros.

Saludooozzzz!!!

Mister Floppy dijo...

Hola Gael

Llevas razón, ya se ha comentado con anterioridad pero conviene recalcarlo: cuando uno viaja al exterior no solo es el representante de su imagen sino de la de todos sus compatriotas por eso hay que tratar siempre de actuar de la mejor manera posible, y jamás con una actitud negativa.

Aquí cuando la gente bebe le da por pelearse, los fines de semana es habitual.
En el caso de las chicas por otras cosas.

Un saludo

silvia dijo...

Gael, creo que la gente que emigra no lleva del todo cultura de su país. Todo el que ha estado en otro país sabe que allí hacemos cosas que no haríamos en el nuestro. tampoco creo que nadie deba integrarse, cada uno debe llevar su diferencia pues de otro modo robarían tu esencia, y ese me parece el mayor de los delitos que pueden cometerse en este aspecto.

En los países árabes o asiáticos nunca me robaron nada, tampoco en los nórdicos (salvo con sus astronómicos precios). Creo que la religión domina en los dos primeros y un fuerte espíritu de autocorrección en los segundos.

fernando dijo...

Pues yo sí creo que hay que integrarse. Es como si invitas a alguien a tu casa y a la hora de comer se niega a sentarse en la mesa en presencia de otros hombres. Te parecerá una falta de respeto, por mucho que sea su tradición.

La identidad y las costumbres de cada uno deben quedar en casa, y adaptarse uno a lo que le ofrece la nueva realidad.
Ya que tenemos dichos para todo, diré "allá donde fueres, haz lo que vieres".

Mar. dijo...

Ambas cosas no están reñidas. Se puede integrarse en el país que te acoge sin perder tus raíces. Esa esencia nunca se debe perder, aunque convivas en el país donde has emigrado.

Bien lo dice Bunbury en su temazo
"El extranjero" http://www.youtube.com/watch?v=8oX-H6ro0lM&feature=related

Gael dijo...

Por supuesto que hay que integrarse. Si nuestro país está más sucio que un basurero, y esa es nuestra cultura, no vamos a ensuciar Islandia, ni perderemos nuestra "esencia" si no lo hacemos.

Es solo un ejemplo bastante salvaje xD, La gente no se integra, y he ahí el origen de la discrimianción, llegan a un país desarrollado y quieren seguir robando, holgazaneando, ensuciando, etc.

Salu2

Cuadonga dijo...

Otro voto para la integración. Conservar tus raíces no significa imponer tus costumbres allá donde vayas.

Cuadonga dijo...

Otro voto para la integración. Conservar tus raíces no significa imponer tus costumbres allá donde vayas.

Carlos Bra dijo...

¡Qué pasada de viaje! Da más detalles de las chavalas que te acompañan...

M. dijo...

No me extenderé mucho...El color es debido a la condensación del hielo. Me lo contó un guia especializado en glaciares, visitando el inlandis, en groenlandia.

Andaste sobre un glaciar sin crampones? con deshielo?...

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