Vestmannaeyjar (Parte I)

costa de Vestmannaeyjaer
El océano penetra en Vestmannaeyjar como un manto de vidrios azules, zigzagueando, casi estático, plegando su piel en ondas que se destruyen contra la piedra del fondeadero: esa pesadilla natural contra los corsarios que aún así no impidió que la isla fuese saqueada por los piratas argelinos.
En el mismo instante en que el barco interrumpe su movimiento y se dispone a atracar, los pasajeros caminan velozmente hacia las puertas aplastándose unos a otros como mosquitos.
Anna, Sophia, Sergei y yo permanecemos sentados en la minúscula sala de cine esperando a que el enjambre de personas se disipe.

"¿Has visto las cajas de papel amontonadas en las esquinas?" dice una de las alemanas mirándome.

"Sí"

"Recuerda donde están, el mar no suele ser tan tranquilo en esta zona y tal vez tengas que vomitar en ellas durante el viaje de vuelta"

10 minutos después nos encontramos caminando en el centro del pueblo, una gran vaca está siendo asada en la plaza mientras los aldeanos beben cerveza y la observan como niños que han de esperar a que el helado se descongele lo suficiente antes de poder hundir la cuchara en él.
Les dejamos atrás caminando lentamente, la casa a la que nos dirigimos, una de las más antiguas del pueblo, está a cincuenta metros de distancia.

Sylvia ha depositado una nota y la llave, estará trabajando hasta bien entrada la noche puesto que se conmemora el aniversario de la erupción volcánica que obligó a desalojar a todos los habitantes de la isla en 1973.

Tras dejar los sacos de dormir y las maletas en la habitación salimos de nuevo a la calle dispuestos a explorar la isla, la Última Thule transforma a sus visitantes en yonkis de su belleza.

Necesitas otra dosis, ya sea real o algún sucedáneo que, a modo de metadona, ofrezca la televisión.

Sergei y yo subimos una pequeña ladera desde la que otear el puerto, la vista muestra el casco de la ciudad, tiene una gran superficie debido al urbanismo horizontal que domina Islandia.
En el lado opuesto, un enorme mar de lava petrificada se extiende desde el volcán del horizonte hacia el océano, imitando a una herida de la que manase sangre antes de cicatrizar, ondas como arrugas, piedras cubiertas de la oscuridad de ese asfalto reseco que son las cenizas, plaquetas del torrente que cruza las arterias de La Tierra.

canon en vestmannayjaerDiviso un pequeño cañón y camino hacia él.

"¿Quieres ver el fuerte de la isla?" interviene Sergei colocándose a mi altura.

"Sí"

Podrían imaginarse batallas y luchas heroicas en ese puerto de ensueño sacado del Caribe,
lamentablemente el gobernador danés de la isla y sus escasos soldados corrieron a guarecerse en su mansión dejando a los locales indefensos ante la rapacidad y la violencia de los piratas.
La mitad de los habitantes de Vestmannaeyjar fueron tomados como esclavos, pasando el resto de sus días en presidio o como peones y concubinas de algún musulmán rico del Magreb.

Acaricio el cañón, su potencia es escasa y los muros del fuerte demasiado bajos, tal vez los daneses sabían lo que era obvio: no puede repelerse un ataque de una flota corsaria con unas defensas escuálidas.

Vikingos devenidos en pescadores, puñales embotados por el trabajo y la cotidianidad... las redes y los anzuelos nunca generan en el malvado el mismo respeto que las hachas y las lanzas.

Cerca del fuerte hay una iglesia, está cubierta de la linfa de los árboles puesta en ebullición hasta adoptar un tono negruzco y un olor repelente.
La lava, como reconociendo la propiedad divina, decidió parar su curso devastpuerto de vestmannaeyjaerador a escasos metros de la ermita.

Vivía ahí.

La belleza natural de Islandia vivía ahí, salvaje, pura, masculina, se concentraba en ese punto, en unos metros donde confluían los destellos del sol en los riscos del puerto, la vista de los glaciares en el horizonte y la lengua volcánica que, sedienta, trataba de lamer el agua del mar.

Unas horas más y la delgadez de la noche cae sobre el cielo, mientras todos duermen me visto en la penumbra y salgo de nuevo a la calle.

Camino hacia la ensenada con las manos en los bolsillos.

Taciturno.

En medio de esa noche breve y magnética.

10 comentarios:

Ivan dijo...

Bueno, bueno, Mr. Floppy, espero la segunda parte. Muy bueno el blog, y muy buena tu cabeza. Gracias por compartir. Un abrazo.

monttse dijo...

ME ha encantado! Por un momento pensé que estaba alli .. :)

Mister Floppy dijo...

Takk

oria dijo...

Menos mal que no fuiste el primer fin de semana de agosto. Gracias por hacerme caminar por esa bella isla desde España.

maría dijo...

Es cierto, el fin de semana que viene es la fiesta aquella tan salvaje, no recuerdo su nombre ahora mismo.

Yo que pensaba que Islandia era femenina! Muy femenina. Femenina a lo bestia. Pero nunca pensé en su belleza o en la isla como "masculina". Para mí masculino es el mar que la rodea y que no la doblega, sino que ella se sirve de él.

monttse dijo...

Velbekomme ^_^

Mister Floppy dijo...

Islandia es bollera: cuerpo de mujer, personalidad de hombre.

Mister Floppy dijo...

Oria, cuidado con Vestmannaeyjar, no solo es espectacular (en ese buen-mal sentido) a principios de agosto.

ClaveDeSol dijo...

Jajajajajaja "Islandia es bollera"... tremendo comentario.


Tomo nota para mi proxima escapada... habra que apuntarlo en la agenda.

señorfrodo dijo...

Enhorabuena Mr. Floppy, te has superado, me ha dado la sensacion de vivir aquellos tiempos-momentos...., que se va a esperar de estos daneses?? si tomaron la isla sí o sí por las buenas...,fueron peores ellos que los propios piratas, en fin, sigo ansioso por la segunda parte, otro vez, felicidades

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