Desconectado

desconectadoLa curiosidad es el límite de la juventud, allí donde termina empieza la madurez.

¿Los 25, quizás los 30? son el acantilado cronológico, el fin del principio, el momento en el que termina el yo y acaba el aprendizaje.

Alguien dijo que la vida iba en serio, algo que solo puede comprenderse cuando se recibe la primera paliza, esa que llega siempre tarde en los hogares ultraprotectores del Mediterráneo donde el miedo a ser uno mismo se instala en los huesos para mantener el statu quo de la seguridad y del grupo.

Acojonados por nimiedades, experimentando como una tragedia el vivir en una ciudad diferente o un país distinto, el dejar a una novia o el cambiar de trabajo, imponiendo almas mediocres en cuerpos salvajes.

Funcionarios de la vida, adolescencia eterna que desemboca en la vejez en lugar de en la edad adulta.

¿Cuánta curiosidad queda en el interior?

No sé quien es Lady Gaga ni el último rapero famoso falsamente rebelde, ni siquiera cuál es el disco rojo de la semana o la polémica entre los dos últimos número 1 de la Mtv.

¿Es la música el reactivo que cambia de color para indicar la muerte de la juventud...?

Para decirte que eres parte del pasado.

Cruzo Ingóflstorg, dos adolescentes islandeses rapean en la acera, cuando paso a su lado dejan de hacerlo y me dicen algo.

Presiono stop en mi reproductor y acerco mi cara a diez centimetros de la del más alto.

A diez centimetros del futuro.

La ironía y los países nórdicos

ironia en los paises nordicos
Mi jornada de trabajo acababa en el momento que cumplía mi carga laboral diaria, independientemente de la hora en que eso ocurriera, aún así Bjarni, el islandés que trabajaba en el ordenador contiguo al mío, siempre se despedía con la misma pregunta:

"Dashiell, ¿Vas a venir mañana a trabajar?"

Los primeros meses respondía de una manera educada y sonriendo:

"Claro, como no"

Posteriormente empecé a hacerlo con un escueto sí y retirando, en la medida de lo posible la atención, a pesar de ello Bjarni continuaba formulando la misma pregunta una vez tras otra, le era por completo indiferente que no hubiese faltado ni un solo día desde que me contrataron.

"Dash, ¿Vas a venir mañana a trabajar?" dijo de nuevo.

Sus palabras eran como manos voladoras que iban directas a toquetear mis cojones.

Escondí a duras penas el tedio enmascarándolo bajo una expresión melancólica.

Respiré hondo, hice una pausa para poner su indiscreción en el alambre, y respondí.

"No"

"¿No?"

"No"

"¿Por qué no?"

"Porque he de ir al veterinario" dije con las bolas alcanzando la talla de dos melocotones peludos.

"¿Al veterinario?"

"Sí...mi tortuga es hiperactiva"

Bjarni se mesó la barba, mientras lo hacía empecé a caminar hacía la puerta, el islandés me alcanzó antes de que llegase al alfeizar de la ventana contigua.

"Dash" dijo con voz seria.

"¿Qué?"

"Espero que tu tortuga mejore"

Oscuridad

oscuridad
Estaba triste, solo quería sentarme en el dormitorio y aislar mi cuerpo del mundo.

Abrí una cerveza para hacer lo mismo con la mente.

Oscuridad total durante los escasos segundos en los que las pupilas no pueden seguir la velocidad de la luz, tras ello los muebles de la habitación van perfilando sus formas como en el revelado de una fotografía en blanco y negro.

Apoyo la espalda contra la pared y doy otro trago, esta vez hasta terminar con el contenido.

Cierro los ojos y me siento en el suelo, mi cabeza y espalda rebotan contra la pared al dejar caer hacia atrás su peso.

No hay mayor carga que la del vacío.

Abro de nuevo otra Heineken, el sonido de la lengüeta al chascar se asemeja al de la anilla de una granada.

Oigo unos nudillos que golpean contra la puerta de mi habitación.

No contesto pero alguien abre.

"Dashiell, ¿puedo hablar contigo?"

Rose trata de encender la luz pero la persuado de lo contrario, se que va a iniciar conmigo uno de sus soliloquios acerca de temas banales, no sabe que la detesto, que no soporto que acceda a la vivienda con la libertad que lo hace, sólo confunde mi falta de respuestas con la voluntad de escucharla, sólo confunde el asco con la empatía.

Pero estoy triste, jodido.

No quiero dar excusas para echarla.

"Dashiell, vengo a despedirme, ya sabes que no me va bien con Martin, mañana voy a dejarle una carta en su habitación explicándole que no quiero verle más, que me hace daño"

Lo poco que queda de mi alma se ríe a carcajadas ante esa treta de quinceañero pero no puedo más que bajar la cabeza.

"Me parece muy buena idea Rose" digo con el paternalismo cínico  con el que se trata a alguien a quien no se respeta.

Intenta buscar mi cara en la oscuridad, sus ojos aun no se han amoldado, no puede ver mi sonrisa triste aunque yo si veo su mueca desencajada.

"Eso era todo Dashiell, siento haberte molestado" Rose camina hacia la puerta aguantándose las lágrimas.

"No lo hagas" le digo antes de que desaparezca.

"¿El qué?"

"No escribas esa carta"

Dejo rebotar de nuevo mi cabeza contra la pared.

"No la escribes para alejarte, lo haces sólo para tener la esperanza de que él te diga que no te vayas...."

Levanta la mano y se la lleva a la boca.

"Necesito decírselo, necesito acabar con esto y que lo sepa"

"Tú no quieres que acabe, quieres que sienta miedo a perderte"

Rose vuelve sobre sus pasos y se coloca en el suelo junto a mí.

"¿Qué puedo hacer?"

"No le veas.... no le llames, pero de verdad, sin avisos, sin excusas"

"¿Volverá entonces?"

Bajo la cabeza y muevo la mano en el aire.

"No lo sé..."

Nos quedamos callados, el silencio nos une en la oscuridad.

"Si pienso en todo el tiempo que hemos pasado juntos, en lo que hemos superado..."

Continúa con un hilo de voz.

"...No puedo...la idea de que todo termine me hace mucho daño... nuestro esfuerzo no habría servido para nada......"

Repite.

"...No habría servido para nada"

"Humillarte no será la solución, nunca lo es. Cada vez que cojas el teléfono cuando te llama aún sabiendo que no debes hacerlo vas a hundirte un poco más, cada vez que aceptes verle a pesar de que intuyes que sólo quiere acostarse contigo porque eres el segundo plato, te seguirás hundiendo.
Si vives de las sobras todos te tratarán como a un perro o a un mendigo...."

Cojo la cerveza del parqué pero soy incapaz de llevármela a la boca.

"No sabes lo duro que es eso...son los pocos momentos que puedo ser feliz, cuando estoy con él"

Cierro los párpados.

"Eres mayor de edad, toma tus propias decisiones"

"Ojala todo fuera más fácil" dice levantándose.

Sus pies descalzos desaparecen del dormitorio y la escucho tratando de atarse las botas en el recibidor.

Pasé los dos días siguientes encerrado en mi habitación, deseando que el lunes llegase para volver a ejecutar día a día un trabajo que mantuviese mi cerebro ocupado.
Rose dejó de visitar el apartamento y tras unas semanas incluso eché de menos el tedio que me causaba.

Cogí el móvil y llamé a su ex-novio.

"Hola Martin"

"Hey Dashiell, ¿Qué es de tu vida?"

Tras cinco minutos de conversación estimé que era el momento adecuado de hablar de la irlandesa.

"Martin, ¿Qué vas a hacer con Rose?"

"No lo sé... ahora estamos bien, más tranquilos, ella por su lado y yo por el mío, follamos cuando nos apetece y cada uno a su casa"

"¿Aún quedas con ella?"

"Claro, ayer la llamé y dormimos juntos...¿Crees que hice mal?"

"Ni idea...yo en eso no me meto...quién cojones soy yo para hacerlo...."

"Le va la marcha, Dash, te lo digo yo"

"Claro" dije antes de despedirme y colgar.

Volví a apagar la luz como cada día.

"Acabarás mal, retrasada" pensé "acabarás mal"

Imágenes de Islandia III

                                                      
casas de tejado de hierba en islandia

Casas tradicionales, semienterradas, en la campiña islandesa, los dedos intentan tocar el aire para cerciorarse de la realidad.



Dimmuborgir
Vista desde el interior de los Castillos oscuros de Dimmuborgir.


geotermalismo en islandia
Geotermalismos en los alrededores del Blue Lagoon septentrional.


iglesia hostal de stodvarfjordur
Iglesia de Stöðvarfjorður al amanecer.


gruta cerca de myvatn
Entrada a la gruta aledaña a Myvatn, inolvidable zambullirse en sus aguas termales donde el tiempo se detiene y la calidez inunda la piel.


interior de islandia
Interior de Islandia a finales de verano, la ausencia convierte el paraje en un entorno agreste, puro y terrorífico.


parque de hofdi
Senda entre las flores de Hofði, un oasis sahariano de vida en el entorno muerto de los lagos de lava.


playa de arena de hofn
Playa de arena negra en Höfn


cueva de grat cerca de myvatn
Vista desde el agua de la cueva de Grat, la luz del interior penetra en la oscuridad como en un cuadro de Caravaggio.


vatnajokull

Polvo de lava y cenizas baja el cielo salvaje del sur.


alrededores de jokulsarlon

Playa de hielo a la que Jökulsárlón desemboca.


godafoss

Goðafoss, el gran telón de agua. El mayor reloj de arena de la vida.



Las series de televisión

la serie de los serrano"Dashiell"

"¿Sí?"

"¿Cual es tu serie de televisión preferida?" inquiere François.

Me quedo pensando, abro la bolsa de papel macilento y rebano una hogaza de pan. Mientras repito la operación empiezo a responder.

"¿Por qué lo preguntas?"

"Lo digo porque hay muchas que disfruto y al verte he recordado que mi favorita es española: se llama "Los Serrano", ¿la conoces?"

"Sí" respondo.

François hace una pausa, al ver que no añado ningún comentario pregunta otra vez.

"¿Te gusta?"

"No"

"¿Por qué no? las interpretaciones son magníficas y es muy divertida, creo que muestra muy bien algo que se ha perdido en muchos países pero no en España: la unión de las familias, desde el abuelo a los nietos compartiendo el desayuno, vivi...."

"Los españoles no desayunan" digo interrumpiéndole.

"¿Que quieres decir?"

Riego un trozo de pan con aceite de oliva tras añadir una rodaja de tomate y una loncha de jamón calentada ligeramente en la sarten.

"La gente no come justo después de levantarse, el español medio es como una estrella de rock, se despierta con café, cigarrillos y coñac"

"¿Y por qué muestran a una familia típica de tu país así?"

Le doy un mordisco a la tostada.

"Porque es una manera de introducir personajes de todo tipo: la esposa, el marido, que se supone rondarán los 40, el hijo adolescente con sus problemas de rebeldía, la hija con sus inquietudes por los chicos y el instituto, el niño pequeño haciendo gamberradas, el abuelo y hasta la señora de la limpieza.
Pretenden agradar a todos colocando al menos un personaje con el que cada cual pueda sentirse representado y de esa manera conseguir un nivel de audiencia importante, prueba de ello son las tramas, poco inteligentes y dirigidas al ciudadano medio"

"Debo ser alguien normal porque a mi me gusta, ¿tú no lo eres?"

"No, a mi me parece una serie lamentable"

François dibuja una mueca de confusión.

"¿Y el resto de series esapañolas?"

"Siguen el mismo modelo familiar de "Los Serrano" o añaden el componente profesional: abogados, periodistas, policías, prostitutas, etc..."

"¿Cuál es tu preferida?"

"Ninguna"

El francés muestra de nuevo la misma expresión.

"¿Y Prison Break, Cómo conocí a tu madre...?"

"Malas" digo interrumpiéndole.

"¿Hay algo bueno bajo el cielo para tí?"

"Deadwood. The Wire, Dexter, Roma, Fawlty Towers, Los Soprano..."

François me mira.

"No, definitivamente no eres normal"

Termino mi tostada.

"Si lo fuese no viviría en Islandia"

La Iglesia (Viaje alrededor de Islandia parte III)

iglesia de islandiaEl trayecto de Myvatn a Egilsstaðir es un salto al vacío de 290 Kilómetros en el que, a diferencia del resto de la "Ring road", la calzada se adentra en la isla huyendo de la costa para mostrar al viajero el pórtico de la mayor área deshabitada de todo el continente.


Y nieva.


Las nubes se desmigan en copos enormes y pálidos.


Caen como pedazos de cristal desde un cielo de vidrio al que los hombres apedrearan para convertir a los dioses en sintecho.


Caen mientras conduzco con la paz que otorga el sentirse libre, recorriendo ese lugar desierto de vida como un creyente en un lugar sagrado: avanzando entre las montañas.


Las mismas que movían mi fe.


La civilización no era otra cosa que el diseño constante de objetos para evadirse de uno mismo.


Para no pensar en tí, en tu desnudez.


Proseguimos el camino hasta llegar a Egilsstaðir, la capital del este, apenas 2500 habitantes agrupados en un complejo urbano sin orden ni espíritu, un pueblo beneficiado por el impacto que la industria pesada había traído a la zona oriental de Islandia.


"Hay que encontrar un albergue para pasar la noche" dije


Paula sacó su guía e inmediatamente empezó a nombrar hostales y leer sus descripciones.


"No"


"No"


"No"


"Completo"


"Excesivamente caro"


Vi a Paula sonreír a través del espejo interior, de inmediato comprendí que iba a leer algo especial.

"Iglesia de Stöðvarfjörður"

"¿Iglesia?" preguntó retóricamente Sergei.

"Sí, es la antigua Iglesia del pueblo, alguien la compró para convertirla en un albergue"

"Hecho, ese es el lugar" dije "llama para alquilarla"

Para llegar allí primero debíamos atravesar Reyðarfjörður y "Fáskruðs", pueblos orientados al océano, lugares donde la dureza de las anclas y el salitre dominaban la vida de sus hombres hasta que los marineros decidieron multiplicar los panes y los peces abordando bancos.

El sol nos había despertado en Myvatn y se disponía a fichar en el momento que cruzábamos la frontera de Stöðvarfjörður. Tras aparcar y recoger los enseres no quedó rastro de luz bajo la enorme pupila del firmamento.

La iglesia estaba en una pequeña colina, su silueta flotaba en las tinieblas como una imagen espectral y terrorífica, su dueño apareció detrás de nosotros de manera imprevista y empezó a hablar de forma extraña mientras nos hacía entrega de las llaves.

Al abrir la puerta todos nos sobrecogimos.

Los bancos alrededor de la mesa eran los mismos que se utilizaban años atrás durante las ceremonias, aún se conservaba el púlpito y podía reconocerse el altar.

El dueño, tras despedirse de forma amable y confusa nos recordó desde la puerta nuestra obligación de cerrar con llave, lo hizo mientras mirábamos alrededor encogidos por el impacto, un respeto hacia el lugar que nos impidió conciliar el sueño hasta la madrugada.

Noté que alguien me observaba, esa extraña sensación que hace sentir la presencia de alguien a tus espaldas aunque no puedas verle, la racionalidad de mi mente se negaba a aceptar los avisos de mi intuición pero la intensidad de lo que percibía siguió aumentando.

Alguien me miraba, medio desnudo, bajo la bóveda de aquella iglesia.

Abrí los ojos como un resorte y di un salto.

Delante de mí, un viejo de aspecto demacrado se situaba inmóvil junto a las velas.

No dijo nada, solo me miraba.

Giré la cabeza, las ventanas estaban llenas de facciones ancianas que dirigían sus ojos hacia mí.

Alguien más abrió la puerta, una enorme cámara colgaba de su cuello. Sergei salió a su pasó para placarle abriendo los brazos.

"Lo siento no pueden entrar aquí, esto ya no es una iglesia, es un albergue"

Los turistas contestaron en alemán mientras abandonaban la iglesia a regañadientes, minutos después su autobús desapareció entre las calles del pueblo.

Me limpié los ojos.

"Esto no puede haber sucedido"

Entonces comprendí por qué el dueño nos había aconsejado cerrar la puerta, para impedir la entrada de turistas.

Durante el desayuno Erika y Sergei repitieron constantemente bromas acerca del hecho, era algo que nunca olvidaríamos, sus risas siguieron endulzando el aire mientras abandonábamos el lugar en dirección al sur.

En dirección a Jökulsárlón el lago de hielo que vio nuestras huellas un año atrás.

Tras recorrer de nuevo ese entorno mágico esa playa de arena negra y hielo eterno completaríamos el círculo regresando a Reykjavík, a la casa del hombre, volviendo a nuestras vidas y al quehacer cotidiano de cada existencia.

Como viejos Ulises, cansados y taciturnos, pero con una verdad más en nuestra mente y en nuestro pecho:

La de estar viviendo la mejor etapa de nuestras vidas.

El Castillo Oscuro (Viaje alrededor de Islandia Parte II)

dimmuborgirRecorrimos las calles de Ólafsfjörður al amanecer, estaban vacías, solo eran pequeños puñales huecos acuchillando el puerto.

"¿Qué clase de persona puede vivir aquí durante toda su vida?" dijo Sergei.

"Alguien fuerte y con inquietudes modestas" respondí.

Tras unos minutos decidimos abandonar la aldea cruzando el túnel que comunica
Ólafsfjörður con Dalvík, 3 kilómetros y medio horadados en la roca, una estrecha galería carcelaria iluminada como un yacimiento de carbón o un hospital, para, desde allí, avanzar hacia Hjalteyri y Akureyri, la segunda ciudad más importante de Islandia.

La Barcelona del Ártico no era más que un conglomerado de edificios dispersos que gravitaban alrededor de un minúsculo núcleo de cafés vacíos, otra ciudad de urbanismo americano diseñada para el homicidio y en la que las distancias se demostraban enormes.

Entramos en uno de los restaurantes y tomamos asiento para recuperar fuerzas y charlar sobre el pasado.


Miré el liquido negro que contenía la taza, reflejaba una imagen tenebrosa de mis facciones, mientras mis ojos se perdían en ella Paula empezó a hablar de su vida en Alemania, un trozo de su cuerpo aún pertenecía a la tierra que pisábamos, todo el mundo se delata con sus palabras.

Dejamos atrás Akureyri siguiendo la carretera del anillo en dirección a
Egilsstaðir, la capital administrativa del este y su mayor centro de servicios, fundada a finales de los años cuarenta para asistir de una mejor forma al conjunto de granjas que moteaban los valles.

"Deberíamos parar en Goðafoss" dije sin apartar los ojos de la carretera.

"Por supuesto" contestó Paula "ya estamos muy cerca".

Conduje unos kilómetros más hasta que Sergei indicó que habíamos llegado a la Cascada de Dios, a diferencia de muchas otras no podía verse desde el camino de tierra que se desgajaba de la ruta principal.

Había que llegar hasta el mismo borde para poder observarla.

Había que hacer frente al viento y la lluvia para poder sentarse en el despeñadero frente a ella, en ese lugar donde el sadismo de la corriente crea un telón líquido y salvaje.

El telón de un anfiteatro que ofrece una obra donde sobran las palabras pero cuyo mensaje es estremecedor y directo.

Sergei, Paula y Erika se mantuvieron callados, solo podía escucharse el rumor del agua descabalgándose del río para caer en un pequeño lago del color del acero.
cascada de godafoss
Goðafoss, al modo de Circe, retenía tu cuerpo frente a ella.

Solo el anochecer nos hizo reiniciar el periplo, conducir por los promontorios y los estanques de hierba a la que el viento mecía en olas lentas y constantes.

Avanzar por ese pasillo humano que se aleja de la costa norte.

Avanzar.

Avanzar hasta Myvatn, el lago más famoso de Islandia y junto al que se encuentra la reserva natural de Dimmurbórgir.

"Cerca de aquí hay una grieta en el mar de lava" dije mirando hacia el interior "en su fondo hay una entrada natural a una gruta de aguas termales, la gente que vive cerca del lago coloca velas en las paredes para poder hundirse en las fuentes de noche. Es un lugar inolvidable"

Tras pernoctar en Reykjahlidh intentamos encontrar la ubicación exacta de ese estanque subterráneo de aguas cálidas pero la inmensidad del océano petrificado que rodeaba Myvatn no ofrecía vestigios humanos que seguir.

Escalar, descender, infiltrarse en las oquedades, todo en vano.

"¿Cómo se llama ese lugar que se ve a lo lejos?" exclamó Sergei.

Miré en la misma dirección, torres negras y volcánicas se levantaban en el horizonte como vestigios amenazantes de una civilización extinta y demoníaca.

"Se refieren a él como el Castillo oscuro" respondí.

El Castillo oscuro.

Sergei avanzó sin dudarlo hacia una pequeña cueva y desapareció en su interior.

Erika y Paula acudieron de inmediato, también yo lo hice.

¿Era allí?

¿Era ese el lugar?

La voz del ruso lo afirmó con un grito y descendí veloz hacia esa entrada minúscula hacia el centro de la tierra.
lago myvatn
La oscuridad cegó mis ojos de inmediato y no pude comprobar la forma de la gruta hasta que mis pupilas se amoldaron al nivel de luz, lo que descubrieron era ciertamente inolvidable.
La cueva tenía un lecho de agua cristalina, tan pura que podía observarse a la perfección el fondo de piedra.

Me quité la ropa poseído por la atracción de esa mujer volcánica y me introduje en el agua, la temperatura era superior a los cuarenta grados y el vapor flotaba en el aire como una gasa translucida.

Todo parecía diferente en ese microcosmos extraído de un cuento de hadas.

En ese universo subterráneo al que la luz del cielo accedía como una lluvia de polvo de 24 kilates.

En ese universo en el que el hombre y la naturaleza se reconciliaban.


Viaje alrededor de Islandia (Parte I)

iglesia islandesaTodo el mundo vuelve a Islandia, Erika y Paula también lo hicieron, también regresaron a satisfacer esa adicción que solo puede sofocarse mediante la sobredosis.
Reykjavík era, en cierta forma, el eterno proyecto inacabado de los que nunca empiezan nada.

"Quiero conducir yo" dije.

Cogí las llaves de la mano de Paula y me senté al volante, mientras calibraba los espejos Erika y Sergei abrieron las puertas de la parte de atrás del coche.

Encendí el motor y presioné el botón "Play" en el Ipod, las primeras notas del "Radar love" de los "Goldean earring" empezaron a sonar, el momento justo en el que empezar el viaje.

Islandia era un lugar fronterizo, la encrucijada donde la civilización y el mundo salvaje se cortan para seguir caminos diferentes.
Ese punto exacto puede apreciarse al dejar atrás Reykjavík, la única ciudad que puede considerarse como tal en la última Thule, e iniciar el avance en cualquier otra dirección.

Hielo, piedra y lava.

Islandia es el esbozo descartado de un mundo a medio construir, un universo erigido a fuerza de acero y odio.

El coche avanzó por la carretera siguiendo un camino que se ondula para amoldarse a las montañas, dejando atrás enormes prados verdes sobre los que pastan ovejas inmóviles como nubes embrutecidas.
La sensación de libertad impregna cada kilometro al volante, solo una pequeña línea de asfalto adentrándose en la nada, divisando granjas de tejados azules que jalonan la campiña como puestos avanzados del ser humano en el territorio enemigo de la naturaleza.

"Dashiell, podemos pasar la noche en Ólafsfjörður, los padres de la familia con la que vivía de au pair el año pasado tienen una casa allí y está vacía" dijo Erika.pueblo islandes

Di el visto bueno con la cabeza y volví a centrar mi atención en el pavimento, la noche empezaba a azular el cielo, asediando a los últimos estertores de un sol rojizo y lejano que se despeñaba entre los fiordos.

Aceleré.

Aceleré hasta llegar al norte.

Aceleré hasta llegar a las lenguas de tierra que rebañan del Círculo polar ártico.

Podría estar emborrachándome en Londres, maldiciendo mi suerte en Roma o teniendo una conversación sobre fútbol en un bar de Madrid, pero estaba en esa carretera, fondeando las aguas oscuras que golpeaban como un martillo los acantilados.

"Ese pueblo debe ser Ólafsfjörður" dijo Sergei.

Lo era.

Se trataba de un grupo de casas que se derramaban desde la colina hasta la ensenada como un alud.

Aceleré de nuevo y no disminuí hasta llegar a sus calles.

Erika me indicó el camino hacia la vivienda en la que íbamos a pernoctar, detuve el coche frente a ella y sacamos del maletero las mochilas y los sacos de dormir.

Tras abrir la puerta y dejar las bolsas las chicas decidieron preparar la cena, yo vagabundeé por los pasillos y las habitaciones.

Todas las paredes estaban cubiertas de fotografías.

Era la historia de una vida en imágenes, bebés, niños, adultos, sonrisas, besos auténticos, nuevas generaciones, muerte, existencia.....
playa
"Erika" dije

"¿Si Dashiell?"

"¿Qué ha ocurrido con los dueños de esta casa?"

"Son muy viejos, tienen casi 90 años, todos sus hijos y nietos viven en el sur"

Ni siquiera necesitaba de la aclaración, las paredes susurraban esa historia: las fotografías eran el intento de sustituir el contacto de la piel por imágenes.
Eran la crónica de un pueblo que se desangraba en una hemorragia constante y mortal en dirección a Reykjavík.

Ólafsfjörður, Þórshöfn, Bíldudalur, Þingeyri... compartirían el mismo destino tarde o temprano.

En ese momento comprendí que, en Islandia, emboscada entre las heridas de la tierra y la severidad del clima, la naturaleza iba a ganar la batalla al hombre.