La Iglesia (Viaje alrededor de Islandia parte III)

iglesia de islandiaEl trayecto de Myvatn a Egilsstaðir es un salto al vacío de 290 Kilómetros en el que, a diferencia del resto de la "Ring road", la calzada se adentra en la isla huyendo de la costa para mostrar al viajero el pórtico de la mayor área deshabitada de todo el continente.


Y nieva.


Las nubes se desmigan en copos enormes y pálidos.


Caen como pedazos de cristal desde un cielo de vidrio al que los hombres apedrearan para convertir a los dioses en sintecho.


Caen mientras conduzco con la paz que otorga el sentirse libre, recorriendo ese lugar desierto de vida como un creyente en un lugar sagrado: avanzando entre las montañas.


Las mismas que movían mi fe.


La civilización no era otra cosa que el diseño constante de objetos para evadirse de uno mismo.


Para no pensar en tí, en tu desnudez.


Proseguimos el camino hasta llegar a Egilsstaðir, la capital del este, apenas 2500 habitantes agrupados en un complejo urbano sin orden ni espíritu, un pueblo beneficiado por el impacto que la industria pesada había traído a la zona oriental de Islandia.


"Hay que encontrar un albergue para pasar la noche" dije


Paula sacó su guía e inmediatamente empezó a nombrar hostales y leer sus descripciones.


"No"


"No"


"No"


"Completo"


"Excesivamente caro"


Vi a Paula sonreír a través del espejo interior, de inmediato comprendí que iba a leer algo especial.

"Iglesia de Stöðvarfjörður"

"¿Iglesia?" preguntó retóricamente Sergei.

"Sí, es la antigua Iglesia del pueblo, alguien la compró para convertirla en un albergue"

"Hecho, ese es el lugar" dije "llama para alquilarla"

Para llegar allí primero debíamos atravesar Reyðarfjörður y "Fáskruðs", pueblos orientados al océano, lugares donde la dureza de las anclas y el salitre dominaban la vida de sus hombres hasta que los marineros decidieron multiplicar los panes y los peces abordando bancos.

El sol nos había despertado en Myvatn y se disponía a fichar en el momento que cruzábamos la frontera de Stöðvarfjörður. Tras aparcar y recoger los enseres no quedó rastro de luz bajo la enorme pupila del firmamento.

La iglesia estaba en una pequeña colina, su silueta flotaba en las tinieblas como una imagen espectral y terrorífica, su dueño apareció detrás de nosotros de manera imprevista y empezó a hablar de forma extraña mientras nos hacía entrega de las llaves.

Al abrir la puerta todos nos sobrecogimos.

Los bancos alrededor de la mesa eran los mismos que se utilizaban años atrás durante las ceremonias, aún se conservaba el púlpito y podía reconocerse el altar.

El dueño, tras despedirse de forma amable y confusa nos recordó desde la puerta nuestra obligación de cerrar con llave, lo hizo mientras mirábamos alrededor encogidos por el impacto, un respeto hacia el lugar que nos impidió conciliar el sueño hasta la madrugada.

Noté que alguien me observaba, esa extraña sensación que hace sentir la presencia de alguien a tus espaldas aunque no puedas verle, la racionalidad de mi mente se negaba a aceptar los avisos de mi intuición pero la intensidad de lo que percibía siguió aumentando.

Alguien me miraba, medio desnudo, bajo la bóveda de aquella iglesia.

Abrí los ojos como un resorte y di un salto.

Delante de mí, un viejo de aspecto demacrado se situaba inmóvil junto a las velas.

No dijo nada, solo me miraba.

Giré la cabeza, las ventanas estaban llenas de facciones ancianas que dirigían sus ojos hacia mí.

Alguien más abrió la puerta, una enorme cámara colgaba de su cuello. Sergei salió a su pasó para placarle abriendo los brazos.

"Lo siento no pueden entrar aquí, esto ya no es una iglesia, es un albergue"

Los turistas contestaron en alemán mientras abandonaban la iglesia a regañadientes, minutos después su autobús desapareció entre las calles del pueblo.

Me limpié los ojos.

"Esto no puede haber sucedido"

Entonces comprendí por qué el dueño nos había aconsejado cerrar la puerta, para impedir la entrada de turistas.

Durante el desayuno Erika y Sergei repitieron constantemente bromas acerca del hecho, era algo que nunca olvidaríamos, sus risas siguieron endulzando el aire mientras abandonábamos el lugar en dirección al sur.

En dirección a Jökulsárlón el lago de hielo que vio nuestras huellas un año atrás.

Tras recorrer de nuevo ese entorno mágico esa playa de arena negra y hielo eterno completaríamos el círculo regresando a Reykjavík, a la casa del hombre, volviendo a nuestras vidas y al quehacer cotidiano de cada existencia.

Como viejos Ulises, cansados y taciturnos, pero con una verdad más en nuestra mente y en nuestro pecho:

La de estar viviendo la mejor etapa de nuestras vidas.

10 comentarios:

Scott Joplin dijo...

Doy fe de ello.

ClaveDeSol dijo...

Guau, gran historia. Enternecedora y divertida a la vez. Rara, cuanto menos...

Mola!! Mola mucho lo que estás viviendo.

Mister Floppy dijo...

Como todo lo que viven los que lo hacen en el lugar que desean.

Paula dijo...

Mil gracias!

monttse dijo...

También doy fé :) llego a creer que el hombre es mucho mas feliz viviendo salvaje.

Oye Mr Floppy, ayer estuve intentando ver tu blog,(o fue antesdeayer) y solo aparecia la foto de la iglesia y nada de texto.

Pensaba escribirte por si tenias algun fallo en el blog o era problema mio, pero nada... hoy ya está todo bien! :)

Mister Floppy dijo...

Sí, ha habido un pequeño problema con el código HTML, ya está resuelto.

Mister Floppy dijo...

Paula...

maría dijo...

"lugares donde la dureza de las anclas y el salitre dominaban la vida de sus hombres hasta que los marineros decidieron multiplicar los panes y los peces abordando bancos."

JAJAJA... qué bueno! Totalmente.

monttse dijo...

Me alegro que se arreglase, pase un rato dale que dale a refrescar la web y nada.

Mister Floppy dijo...

Monttse, gracias.

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