Viaje alrededor de Islandia (Parte I)

iglesia islandesaTodo el mundo vuelve a Islandia, Erika y Paula también lo hicieron, también regresaron a satisfacer esa adicción que solo puede sofocarse mediante la sobredosis.
Reykjavík era, en cierta forma, el eterno proyecto inacabado de los que nunca empiezan nada.

"Quiero conducir yo" dije.

Cogí las llaves de la mano de Paula y me senté al volante, mientras calibraba los espejos Erika y Sergei abrieron las puertas de la parte de atrás del coche.

Encendí el motor y presioné el botón "Play" en el Ipod, las primeras notas del "Radar love" de los "Goldean earring" empezaron a sonar, el momento justo en el que empezar el viaje.

Islandia era un lugar fronterizo, la encrucijada donde la civilización y el mundo salvaje se cortan para seguir caminos diferentes.
Ese punto exacto puede apreciarse al dejar atrás Reykjavík, la única ciudad que puede considerarse como tal en la última Thule, e iniciar el avance en cualquier otra dirección.

Hielo, piedra y lava.

Islandia es el esbozo descartado de un mundo a medio construir, un universo erigido a fuerza de acero y odio.

El coche avanzó por la carretera siguiendo un camino que se ondula para amoldarse a las montañas, dejando atrás enormes prados verdes sobre los que pastan ovejas inmóviles como nubes embrutecidas.
La sensación de libertad impregna cada kilometro al volante, solo una pequeña línea de asfalto adentrándose en la nada, divisando granjas de tejados azules que jalonan la campiña como puestos avanzados del ser humano en el territorio enemigo de la naturaleza.

"Dashiell, podemos pasar la noche en Ólafsfjörður, los padres de la familia con la que vivía de au pair el año pasado tienen una casa allí y está vacía" dijo Erika.pueblo islandes

Di el visto bueno con la cabeza y volví a centrar mi atención en el pavimento, la noche empezaba a azular el cielo, asediando a los últimos estertores de un sol rojizo y lejano que se despeñaba entre los fiordos.

Aceleré.

Aceleré hasta llegar al norte.

Aceleré hasta llegar a las lenguas de tierra que rebañan del Círculo polar ártico.

Podría estar emborrachándome en Londres, maldiciendo mi suerte en Roma o teniendo una conversación sobre fútbol en un bar de Madrid, pero estaba en esa carretera, fondeando las aguas oscuras que golpeaban como un martillo los acantilados.

"Ese pueblo debe ser Ólafsfjörður" dijo Sergei.

Lo era.

Se trataba de un grupo de casas que se derramaban desde la colina hasta la ensenada como un alud.

Aceleré de nuevo y no disminuí hasta llegar a sus calles.

Erika me indicó el camino hacia la vivienda en la que íbamos a pernoctar, detuve el coche frente a ella y sacamos del maletero las mochilas y los sacos de dormir.

Tras abrir la puerta y dejar las bolsas las chicas decidieron preparar la cena, yo vagabundeé por los pasillos y las habitaciones.

Todas las paredes estaban cubiertas de fotografías.

Era la historia de una vida en imágenes, bebés, niños, adultos, sonrisas, besos auténticos, nuevas generaciones, muerte, existencia.....
playa
"Erika" dije

"¿Si Dashiell?"

"¿Qué ha ocurrido con los dueños de esta casa?"

"Son muy viejos, tienen casi 90 años, todos sus hijos y nietos viven en el sur"

Ni siquiera necesitaba de la aclaración, las paredes susurraban esa historia: las fotografías eran el intento de sustituir el contacto de la piel por imágenes.
Eran la crónica de un pueblo que se desangraba en una hemorragia constante y mortal en dirección a Reykjavík.

Ólafsfjörður, Þórshöfn, Bíldudalur, Þingeyri... compartirían el mismo destino tarde o temprano.

En ese momento comprendí que, en Islandia, emboscada entre las heridas de la tierra y la severidad del clima, la naturaleza iba a ganar la batalla al hombre.

11 comentarios:

Scott Joplin dijo...

Acabo de recorrer el camino que hicisteis en coche en el google maps, y me he sentido sobrecogido.

He paseado un rato por las calles de Dalvik, y me he intentado imaginar lo que debe de ser vivir allí día tras día.

He visto la carretera atravesando el terreno islandés, y me he parado un rato en el cruce que sale de la carretera principal y va hacia el norte.

¿Qué debe sentir el ser humano viviendo en un sitio así? Probablemente no se pueda explicar con palabras.

monttse dijo...

Que bonito relato! Tienes que ir a Groenlandia. (me suena que ya te lo he dicho antes)

La naturaleza siempre gana y al mismo tiempo no hace ganar "algo" con esas derrotas a quien lo vivimos.

Yo antes lo intuía pero ahora lo sé y por cierto, hablando de naturaleza ganadora, hace dias que no escribo nada de groen... esta noche cae.

monttse dijo...

Al mismo tiempo NOSS hace ganar.

Errata fatal.

Scott, vivir en un sitio así al principio es desesperante, porque quieres vivir como en sitios civilizados, como siempre has vivido...y no puedes.

Por lo menos para mi fue complicado las primeras veces de cada cosa nueva que vivía. Luego aprendes a vivir de otra forma y te rindes.

Y luego vuelves a la civilización cambiado para siempre.

Eso es lo que me pasó a mi.

Mister Floppy dijo...

Hay que haber nacido allí o ser una persona muy especial para vivir toda una vida en uno de esos pueblos Scott.

Mister Floppy dijo...

El problema cuando se planea visitar Groenlandia es el tiempo, más de un grupo de turistas se han tenido que quedar toda la semana en una habitación de 4X5 esperando a que escampe para poder volver.

monttse dijo...

Pues si, muy especiales. Yo me quedé con las ganas de vivir un año ártico completo.

Y el clima manda, si, es muy facil que no puedas coger el avion de vuelta por niebla, o no puedas hacer tal excursion por lluvia y poca visibilidad... o que viene el foen y no puede salir el barco por las olas y la fuerza del viento.

Pero todo esto empieza a pasar a finales de julio, cuando acaba el verano artico.

Agosto ya es otoño. Asi lo viví yo.

Yo te aconsejo siempre la segunda quincena de junio o la primera de julio si no hay mas remedio que ir solo quince dias.

Anónimo dijo...

!Alucinante!

señorfrodo dijo...

Preciosa entrada, me has echo revivir (dentro de lo que cabe) mis escursiones tanto en coche como andando por Islandia, me quedé con las ganas de volver....,

aunque creo, no, estoy seguro que siempre me quedarán las ganas de volver a esta fantática tierra...,

tengo un problema, me tiene engatusado Ultima Thule..., y si, hay que nacer para poder vivir en un entorno tan hostil, aislado y poco habitado....

Por cierto, como diantres se puede escribir las letras típicas islandesas con el teclado??

Ya estoy esperando la segunda entrega.....

Te vuelves a superar Dashiel...

Anónimo dijo...

Quería decir, que por muchas veces que vaya a Islandia siempre me quedaré con ganas de volver.....

Estoy pensando....que cuando me jubile, pa Islandia que me voy....(ahora tengo unas cuantas ataduras, pero todo llegara....)

Mister Floppy dijo...

Vivir fuera de Reykjavík no ha de ser fácil.

jacuster dijo...

Hola Mr Floppy:
Tengo intención de venir a Islandia (poco tiempo, quizás repita), en agosto 2010 con mi mujer y mis hijos. La verdad, no vengo demasiados dias (9) y aunque he reservado ya dos noches en la capital, agradecería que en este breve tiempo me pudieses orientar que zonas visitarías. Inicialmente quería hacer la "vuelta" pero vi que por tiempo no daba tiempo de nada. Luego, viendo el tema del volcán, considero que no debe ser demasiado adecuado viajar mucho por el sur, imagino que debe de ser un mar de cenizas. Muchas gracias desde Barcelona. Lo guardo en favoritos para entrar regularmente. Javier

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