Recuerdos de la niñez

son goku recuerdos infanciaMi infancia no fue un patio de Sevilla, solo las calles iluminadas del Mediterráneo donde los chicos construían escudos de hojalata para defenderse de espadas de madera y las niñas saltaban a la comba mientras entonaban canciones.

Los recuerdos de las mujeres dejando la llave en la puerta, las noches calurosas en las que los vecinos cenaban juntos en las aceras, el tirador de vino que no podía probar, las aceitunas rellenas con las que todos se relamían menos yo, el correr con todas mis fuerzas hacia el puesto de golosinas...

Caramelos Drácula de melón, también de cereza, nubes, Escalofríos, Kojaks, Bubaloos, Peta zetas y la estrella de los gourmets de los mocos y las rodillas peladas:

El Fresquito.

Ese chupa chup en forma de dedo alojado en una bolsa con polvo ácido...costaba 15 pesetas y siempre lo comía al final.

¿Aún existían? ¿y los helados Camy durante julio? ¿El Colajet con premio en la madera? ¿El Apolo y el Superapolo?
dulce fresquito
Seguía corriendo en mi cabeza para comprarlos, seguía corriendo tras acabar las clases para encender la tele y gritar como un poseso viendo "Bola de dragón", haciendo kame-hames imaginarios para destruir todo lo que odiaba...seguía en el colegio gritando "los que se pelean se desean" y continuaba con el asedio a mis padres para que adquirieran un ordenador Amstrad y una Sega Master system.

Hipopótamos tragabolas, partidas de Monopoly que nunca pude acabar, amigos enganchados a Cluedo y encuentros de futbol que terminaban cuando los adolescentes decidían seguir la ley de la selva y expulsarnos del campo.

"La vida es así, a mi también me lo hicieron"

Nada de eso volvería a mi existencia más allá de los recuerdos, esa bodega de la mente donde el vino nunca se pica.

Pero todos, en cada generación, negaron un beso a una chica o la posibilidad de casarse siendo adultos, quisieron que un enemigo de fila se rindiese en una pelea, falsearon un corazón de tiza, corrieron para ver un nuevo monopatín, enseñaron con orgullo un sobresaliente.

Mi estómago y mis entrañas tenían hambre de Fresquitos.

Somos como las naves de Star Trek

los hombres son como las naves de star trek"Todos los que se ahorcan mueren con la polla tiesa y el agujero del culo suelto" dijo Andrew

"No es verdad" respondió Michael tras apoyarse en la pared.

"Sí que lo es, puedes buscarlo en Google, escribe -suicidio ahorcamiento erección- y te ha de aparecer, es así, no hay vuelta de hoja, si alguna vez decides matarte cuando te encuentren verán que estás empalmado"

"Eso es una tontería, ¿Dashiell lo estás oyendo?"

"Emmmhh" traté de contestar pero la sorpresa y el alcohol me tenían fuera de juego.

"A tí te gusta leer, estoy seguro que has oído hablar de esto antes, la gente se caga, se mea y la pilila se pone en marcha cuando te estrangulan" exclamó Andrew mirándome.

"Ehhhh....yo no....no lo sé, ¿Cuál es la razón de eso?" dije.

"Ni idea, tal vez es porque todos somos como las lavadoras"

"¿Como las lavadoras?"

"Sí, claro, a veces se atrancan, has puesto la ropa dentro y se va la luz o tiene una avería o lo que sea, por eso los diseñadores ponen un botón escondido para abrir la compuerta y sacarlo todo"

"A ver si lo entiendo, nosotros tenemos un interruptor así, ¿no?" exclamé.

"Puede ser, tiene sentido, encaja perfectamente, si te ahorcan es como si presionaran ese botón del cerebro, las compuertas de la nave se abren como en Star Trek y el cuerpo puede expulsar toda la mierda y los pedos para empezar limpio en la otra vida"

"Y el rabo se pone como una piedra" añadí.

"Claro, porque si vas al cielo..... si vas al cielo....debe de poderse follar.... sería inaudito lo contrario y si te destinan al infierno te han de coger el culo salvajemente, así que una cosa se te afloja y la otra se endurece, ¿No es lógico?"

"Emmmm no, si, bueno... supongo" dije tratando de mantener la verticalidad.

"¿Y por qué no le ocurre a todo el mundo que estira la pata?" preguntó Michael.

"¿Cómo?"

"Joder, si has de ir preparado para empezar a chingar como un poseso o para que te rellenen el culo como a una aceituna ¿Por qué no todo el mundo muere empalmado y con el ojo abierto?" inquirió Michael como habiendo encontrado una grieta en el andamiaje filosófico de la argumentación de Andrew.

"Tal vez lo hacen... solo que no está probado porque es un momento familiar, íntimo, los ahorcamientos son ejecuciones públicas y el condenado no le importa un carajo a nadie, todo el mundo puede verlo y no se oculta, además....¿a cuánta gente le has quitado los calzoncillos o las bragas justo al morir? Ahhh...a ninguno....¿Entonces qué coño sabes tú? ¿Te has preocupado de googlearlo alguna vez?"

"No"

"Hazlo, somos como las lavadoras, como las lavadoras y las naves de Star Trek"

Fútbol y deporte

gerd muller futbol y deporte en islandia
"Goooooool" grita la muchedumbre en el Sports bar de Austurtraeti, el lugar perfecto para reunirse y apoyar a tu equipo, algo que en Reykjavík equivale a que sea inglés.

Cada ciudadano de Islandia tiene un centímetro del corazón hipotecado a un conjunto británico, los otros nueve lo están a Icesave.

"¿Quién está jugando?" pregunté a Biggi

"El Liverpool y el Olympique, necesitamos ganar como sea"

Alguien dijo "el deporte es la guerra en el tiempo de paz".

Era cierto.

Más allá de cualquier consideración estética solo se trataba de un acuerdo social para dar importancia a acciones que no la tenían.

"Gooooooooooooooooooooooooooooool.................en el último minuto, el cabezazo llevó el esférico entre los tres palos" podría gritar alguien para generar abrazos entre desconocidos que en otra situación llevarían a la vergüenza y el oprobio.

No me jodas, ¿si? ¿ la pelota ha acabado en la red? ¿he de ir a bañarme a una fuente repleta de personas que han de compartir su felicidad y mostrarla a todos blandiendo banderas y escudos?
¿Debo pertrecharme con el uniforme del soldado de infantería curtido en las batallas de los bares y los descansos del café y el pitillo?

"Sí, sí.... el balón ha entrado, es un momento histórico, once personas residentes en Madrid o Milán han introducido un balón de piel en un rectángulo de bordes metálicos más veces que otras once que viven en Munich o Manchester....¿No es maravilloso? ¿No deberías ir a remojar tu polla incandescente y psicótica en cerveza?

"Es el momento más feliz de mi vida" exclamará algún anónimo enajenado antes de corregir mintiendo "es el momento más feliz de mi vida exceptuando la noche que nacieron mis gemelas"

Pero una ocasión trascendental, un estallido de jolgorio auténtico, solo puede ser genuino si la derrota equivale a una debacle.
No hay verdaderos ganadores sin grandes vencidos, no puede haber finales de cine en los que todo el mundo sea feliz. La existencia es competición.

Yo no podía sentir ninguna de las dos cosas, esa es la manera en que la vida premia y tortura a la indiferencia.

Algún perturbado, fan del grupo de 11 personas de su ciudad que se dedican a patear entre los postes un balón de piel, dará un navajazo a su vecino en la cafetería en la que coinciden llevado por la ofuscación y la vergüenza de su Tratado de Versalles personal, ese que le obliga a fingir una sonrisa cada vez que alguien se mofa de su ejército impar.

Es la familia del reponedor, el ejecutivo y el chapero, la mara del tipo de clase media.

Son lágrimas, desazón, abrazos, gritos, cánticos, ira, violencia y éxtasis.

El deporte solo era la forma de competir, de socializar, de mantener la tiranía del "nosotros" y del "ellos", de tener un tema de conversación con el jefe o de aplacar un silencio en el ascensor.

Ofrecía, al fin y al cabo, el modo de pasar a la posteridad evitando genocidios.

El sumarse a un ejercito heroico con el que conquistar el mundo.

Icelandic fashion week

Salí de mi casa silbando, la diferencia entre un europeo del sur y un nórdico consiste en que el primero no necesita saber a donde va cuando camina.

Chaqueta calada, bufanda y auriculares Sennheiser.

Pasear por las calles de Reykjavík es como hacerlo por un pueblo abandonado y fantasmagórico, más allá del triángulo que conforman Hallgrímskirkja, Hlemmur y la plaza de Ingólfstorg las aceras no reflejan el más mínimo atisbo de vida.
Solo tras caminar unos 800 metros pude ver a otro peatón: una mujer polaca que llevaba a su hija de la mano mientras cargaba de la otra una bolsa de comida.

Seguí paseando bajo el frío y el viento, Islandia empezaba a aburrirme tras casi dos años en el país, era una nación ideal para un estudiante de intercambio o para una vida familiar y tranquila pero después de haber visitado todos los rincones más importantes de la isla quedaba muy poco que descubrir.

No existía la posibilidad de trasladarse de Nueva York a California, de París a Niza o de Bilbao a Madrid.

Reykjavík era la única opción.

Mantuve el paso como un autómata, concentrado en mis pensamientos y sin prestar atención a los coches o los semáforos.

Unos aplausos me sacaron de mi letargo, volví la cabeza y traté de buscar de dónde provenían.
A lo lejos, en el puerto, un grupo de personas jaleaban a unas modelos que desfilaban por la dársena rodeadas de barcos, algas y mierda.

Miré de nuevo para cerciorarme y caminé hacia el sitio exacto pero tras llegar al borde del recinto no pude aproximarme más.

"Sael" dije saludando a una islandesa que observaba el desfile.

Me miró como a un enajenado y no contestó.

Me la sudaba, volví a hablar.

"Perdón, ¿Qué es esto?"desastre en la semana de la moda islandesa

"Es la Icelandic fashion week" dijo sonriéndome.

Las palabras no podían describir la chabacanería de un evento aderezado por el clásico hedor de las zonas portuarias.

Dos diseñadoras salieron corriendo del improvisado perímetro mientras discutían en inglés con uno de los organizadores.

"Esto es una auténtica estafa y una absoluta humillación" gritó una de ellas

"Entiendo vuestro enfado pero todas las semanas de la moda, en cualquier parte del mundo, son parecidas, está siendo un éxito"

"¿Un éxito? , nos habeis hecho dormir en una base militar abandonada, nos prometisteis una pasarela oficial de 40 a 45 metros y las modelos tuvieron que desfilar en una de 20 construída con palets de madera y botellas de agua envueltas en plástico, no hay perchas ni tomas de electricidad y tenemos que vestir a las maniquíes en tiendas de campaña con goteras.
¿Me estás diciendo que esto es un éxito?"

No tuvo respuesta.

Empecé a reirme y volví a casa, días después, ojeando la prensa internacional, descubrí que la "Icelandic fashion week" ,publicitada como la semana de la moda más glamourosa al norte de París, se había convertido en uno de los clásicos desastres organizativos islandeses:
Modelos desfilando entre puestos de perritos calientes, castings para maniquíes en gimnasios, catwalks y muestras de colecciones de diseño en concesionarios de coches, pasarelas construídas con palets... la lista de quejas de diseñadores de todo el mundo que habían acudido a Islandia tras aceptar la invitación a su semana de la moda seguía y seguía.

Es sencillo engañar a alguien cuando está dispuesto a creerte, algo que la reputación de un país nórdico facilita.

Seguí buscando datos al respecto y di con un artículo en español sobre Islandia, hablaba de las iniciativas del país para mejorar la economía, me detuve a leer los comentarios al respecto de internautas españoles y sudamericanos.

"Eso es un país y no esta península de mierda llena de politicastros e incompetentes"

Un buen samaritano

un buen samaritano que no nos ayudo ante un percanceEl coche no pudo arrancar tras el repostaje en la gasolinera.

Saqué la llave y la tiré sobre el cuentakilómetros.

"Inténtalo de nuevo" dijo Sergei

"No va a ponerse en marcha" exclamé mientras miraba por el espejo izquierdo

"Hazlo, por favor" repitió.

Cogí por segunda vez la llave y giré el contacto, el motor carrespeó como un enfermo pulmonar aquejado de tos seca pero no pudo iniciar su proceso.

"No ha funcionado y no va a hacerlo, necesitamos conectar las pinzas al motor de otro coche"

"Hay que preguntar a alguien si nos da permiso" dijo Sergei recalcando lo obvio.

Salimos del automóvil mientras me mordía la boca, no teníamos otra opción que pedir ayuda, algo que me hizo hervir la sangre.

Pinta de polacos y coche viejo.

Miré hacia la avenida, dos lexus se acercaban para repostar. Sergei y yo esperamos a uno de ellos, un islandés bajó de su automóvil de forma parsimoniosa y se puso a toquetear el cuadro de mandos de la bomba contigua.

"¿Hola, podríamos conectar los cables de batería a su motor?"

El tipo se quedó mirándonos pero sin contestar, como una especie de autista.

"No, si quereis ayuda pedidla a los trabajadores de la estación de servicio" dijo mientras elegía la cantidad de combustible a pagar.

"Gracias de todas formas" contesté.

Sergei y yo empujamos el coche hacia un lado alejándolo de la bomba de repostaje, aún así su ubicación equivalía a una grúa y una multa.

Caminamos un poco, mirando a nuestro alrededor, el eslavo no se atrevía a preguntar de nuevo, había vivido suficientes pequeños desplantes en los últimos meses.

Un taxista apareció, de inmediato supe que era la persona adecuada, los profesionales de la carretera son mucho más solidarios al haber vivido todo tipo de contratiempos en sus propias carnes.

Me aproximé al taxi.

"Góðan daginn"

"Daginn"

"Nuestro coche se ha quedado sin batería ¿podríamos conectarlo al suyo para arrancarlo?"

"Sí"

"Muchas gracias"

Sergei sacó las pinzas mientras el islandés abría el motor.

Me senté al volante e inmediatamente tras recibir el visto bueno le di al contacto, el automóvil se puso en marcha tras aplicarle ese electroshock para moribundos.

"Takk fyrir, ha sido muy amable"

"Me debes 1.500 krs" respondió.

Sonreí ante la broma.

"¿Vas a pagarme o qué?"

"¿Perdón?"

"Son 1500 Krs, este es mi negocio, no estoy aquí para hacer amigos"

Subí la ventanilla y Sergei entró en el coche.

El islandés volvió a pedirme el dinero, yo negué con la cabeza.

"Volved a vuestro país gentuza"

De cómo hacer que todo se vaya al carajo (La pobreza en el mundo parte III)

pobreza en el mundoDavid O'Keefe nació en Irlanda en 1828, como tantos otros de sus conciudadanos acabó emigrando a los Estados Unidos al cumplir la veintena espoleado por el hambre y la falta de oportunidades, ese matrimonio incestuoso con residencia permanente en Dublín hasta que llegó Google.

Tras instalarse en Savannah fue saltando de empleo a empleo sin encontrar la fortuna con la que siempre había soñado.

Huyendo de varios asuntos turbios y tras abandonar a su mujer estadounidense acabó enrolándose como marinero en una embarcación destinada a los Mares del sur. Después de entablar contacto con los habitantes de Micronesia y conocer el funcionamiento de las redes mercantiles de la copra y los productos derivados del mar decidió establecer una pequeña oficina comercial en Yap, una isla conocida entre los marineros europeos por la tradicional mentalidad de sus habitantes y por el extraño dinero de piedra que estos utilizaban para sus transacciones, dinero que debían traer de otras islas en peligrosos desplazamientos debido a la ausencia de roca caliza en Yap.

Aunque O'Keffe no había sido el primer hombre blanco en tratar de establecer líneas de comercio en el lugar, (de hecho la isla contaba ya con centros mercantiles germanos y holandeses) el resto de europeos no habían tenido un éxito excesivo negociando con los locales, éstos, al contrario que los habitantes de otros puntos de Micronesia no demostraban interés en los productos del viejo continente ni enloquecían  dispuestos a oferecer sus cosechas o los resultados de su pesca a cambio de ropa o bisutería de cambalache.

Su inconsciencia de indígenas les hacía incapaces de comprender por qué deberían de trabajar mucho más para adquirir cosas que no necesitaban: simplemente seguían prefiriendo sus ropas tejidas a mano y sus adornos florales a las telas, piedras y juguetes de los europeos.

Pero O'Keefe tuvo una idea brillante:

Si los yapeses solo estaban interesados en sus productos y en el dinero de piedra tradicional lo adecuado sería darles lo que buscaban. De esa forma, y teniendo clara su visión, se reunió con los jefes de las diferentes tribus de Yap para ofrecerles un negocio perfecto:

O'Keefe pondría a su disposición herramientas de metal endurecido así como los barcos necesarios para traer muchas más monedas de piedra en un mismo trayecto disminuyendo a su vez la posibilidad de naufragio, a cambio los yapeses pagarían por el servicio con una ingente cantidad de copra, aceite de palma y productos marinos.

Ese trato cambiaría su vida, y tras unos pocos meses O'Keefe se convertiría en millonario al vender los bienes conseguidos en los mercados de Asia y adquirir grandes superficies de tierra en Oceanía.

Era (aparentemente de nuevo) un negocio perfecto en el que todo el mundo salía ganando por lo que el irlandés siguió trayendo piedra caliza a la isla, aumentando si cabe la producción al enseñar a los locales las técnicas básicas de la minería.
Sin embargo, apenas un año después, algo empezó a fallar, algo no funcionaba correctamente en el paraíso, el número de monedas de piedra había aumentado geométricamente mientras que los bienes producidos en Yap seguían siendo los mismos.
El valor de las rocas calizas empezó a caer en picado y los precios aumentaron de una forma inversamente proporcional.

Se había generado un fenómeno de superinflación en la isla que estaba dinamitando su rudimentario sistema económico. Pero O'Keffe iba a salir indemne, ya había convertido en líquido la copra, el aceite y las algas, ya había comprado a los yapeses su propia tierra e incluso el poder en la isla.

Nada como poner en marcha la maquina de impresión de dinero para pagar a toda una sociedad con millones de miseria.

"¿No es el mundo algo sorprendente?" pregunta Marcus de forma retórica mientras cierra la tapa de su Apple.

 "Unos tipos en un garaje diseñan un ordenador por sus propios medios y acaban alterando la historia de la informática"

Pienso en Yap, y le explico al danés su historia, ninguno de sus jefes tribales podría haber imaginado nunca que alguien nacido en una aldea pobre del sur de Irlanda, en los confines del mundo, se convertiría en su señor.

Solo hay que darle a cada ciudadano lo que quiere:

Dinero.

Dinero....algo que no es más que un acuerdo social, una medida de intercambio que carece de valor más allá de los productos reales que lo respaldan.

El dinero de piedra (La pobreza en el primer mundo parte II)

isla de yapEn la isla de Yap, perteneciente a los Estados federados de Micronesia, se da una de las mayores peculiaridades monetarias del mundo.
El origen del fenómeno se remonta a siglos atrás cuando un grupo de sus marineros alcanzaron las costas de una lejana isla y descubrieron inmensas formaciones de piedra caliza, material completamente desconocido en Yap.
Llevados por la sorpresa y atraídos por lo insólito de las rocas tallaron grandes bloques a los que dieron forma de cetáceo y los subieron a las canoas para llevarlos de vuelta consigo.

Los jefes de la tribu se mostraron extremadamente interesados por ese desconocido material y enviaron de inmediato nuevas expediciones para conseguir más.
La peligrosidad de la travesía, las grandes distancias a recorrer y la alarmante posibilidad de morir en medio de un naufragio causado por el peso de las piedras no hizo otra cosa que fomentar su valor hasta que estas acabaron sustituyendo a las conchas como moneda de cambio en las transacciones de mujeres, tierras y poder.

Los trozos de roca comenzaron a ser tallados en forma de disco, horadando su centro para facilitar el transporte debido a las enormes dimensiones y peso de muchas de las piezas, este hecho llevaba a que tras una compraventa cambiase la propiedad de la enorme moneda pero no su ubicación, que podía permanecer inalterable durante siglos, y a que el valor de cada una fuese determinado por su tamaño, historia y antigüedad

El dinero de piedra permanecía en los caminos, a las puertas de las chozas, en la playa o incluso entre los árboles, lo importante era la asunción por parte de la sociedad relacionando a cada uno de sus individuos con el número de piedras que poseía, como en la ocasión en que, tras un viaje heroico, un grupo de marineros de la misma familia, transportaron a Yap la mayor moneda de piedra conocida hasta entonces para acabar naufragando a escasos metros de la playa frente a la muchedumbre que esperaba recibirlos con enorme jolgorio.

Fue indiferente que la roca descansase en el fondo del mar, gracias a ella la familia pasó a ser considerada como la de mayor riqueza de la tribu.

"Necesito parar en un cajero automático" dijo Sergei.

"Puedes ir al que está próximo a Dressman en Laugavegur" exclamó John.

"Sí, ese está muy cerca" añadí
dinero de piedra de yap
Caminamos hacia la calle principal de Reykjavík hasta alcanzarla, en cien metros tuvimos que detenernos tres veces para saludar a algún conocido.

Esa era la forma adecuada de medir el tamaño de Islandia.

Sergei sacó su cartera e introdujo la tarjeta en el cajero.
Mientras esperabamos John dió un salto hacia atrás, dos mendigos se habían detenido cerca de él y le habían preguntado amablemente si tenía un encendedor.

Tras negarlo el estadounidense caminó hacia mí.

"No digas nada Dashiell, he notado como me mirabas cuando he retrocedido y no pienses sobre mí "es el típico americano derechista", tú no puedes ni imaginar la cantidad de sintecho que hay en Los Angeles, y no son como los islandeses, cuando se te acercan nunca sabes si lo que pretenden es atracarte o algo peor"

Observé a Sergei recoger el dinero y volví a mirar a John.

"Estoy convencido de que los mendigos islandeses no son como los americanos" dije mientras uno de ellos introducía su visa en el cajero y seleccionaba 10.000 coronas.

La Última Tule era la Meca del dinero de plástico, el lugar donde los billetes se habían convertido en una entidad fantasmal, en una abstracción de la que se conocía su existencia pero que nadie era capaz de constatar.

John observó sorprendido la escena.
rai moneda de piedra
"¿Está sacando ese tipo dinero?" dijo con incredulidad.

"Diría que si" contestó Sergei "muchos de los desamparados cobran ayudas mensuales de 100 a 120 mil coronas al mes"

"Eso es casi lo mismo que gano yo sirviendo cafés"

Sergei se encogió de hombros y yo sonreí.

La diferencia entre los habitantes de Yap y la de los ciudadanos del mundo occidental no era tan pronunciada.

No al menos a la hora de catalogar la riqueza.

La pobreza en el primer mundo

pobreza y mileurismoHay una banalización generalizada de la miseria, por alguna extraña causa los medios de masas se llenan de testimonios de ciudadanos describiendo sus penurias, describiendo el dramatismo de sus existencias de funambulista sobre el alambre de los mil euros.

Me daban ganas de vomitar las entrevistas a jovenes que superando la veintena y sin asomo de sonrojo se autocalificaban como pobres por tener un salario de 900 euros, me daban ganas de vomitar sus quejas describiendo sus desventuras ante la imposibilidad de independizarse con ese nivel de ingresos.

Me daban ganas de vomitar las explicaciones de los sociólogos, esos obispos de una ciencia basada en la ficción, relacionando la precariedad con el bajo nivel de nacimientos, sobre todo cuando las familias que vivían en la verdadera miseria, esa que recorre La Barranquillas y otros centros de marginación, podrían ser capaces de repoblar un desierto.

En Islandia no existía ese culto a los últimos que algún día se convertirían en los primeros, sobre todo cuando ese día empezaba al estar muerto.
Los ciudadanos de la última Thule escondían por vergüenza sus problemas económicos, nunca se centraban en los causantes sino en las soluciones.

A pesar de ello y sin rebuscar demasiado la verdadera pobreza también podía encontrarse, también estaba allí: la del alcoholismo, la de los indigentes, la de los adictos, la de los divorciados que lo habían perdido todo, la de las maltratadas.
Todas esas causas y consecuencias frecuentemente se mezclaban con resultados desoladores.

Pude comprobarlo al acompañar a Marcus y Piotr al albergue de acogida para sintecho, la verdadera miseria genera repulsión, es desasosegante y demencial.
Facciones deformadas por el alcohol, tonos de voz que delatan problemas mentales, ropas ajadas y hediondas, cicatrices recientes producto de trifulcas de borrachera, risas enloquecidas, soledad y miedo.
Las desgracias son animales sociales y al igual que las mujeres, nunca visitan los baños de la vida solas.

Marcus se acercó a un mendigo que caminaba con dificultad para saludarle, tras unas cuantas palabras el danés dijo adiós y el cojo se puso a dormir a pierna suelta sobre un sillón.

"La mayoría de las personas que vienen aquí a pasar la noche tienen serios problemas con el alcohol o enfermedades mentales, a menudo ambas, en el fondo una es causa de la otra"

"No me gustan los borrachos" dijo Piotr interrumpiéndole.

"No digas eso. Hay que ayudarles, son gente enferma" exclamó Marcus

"Lo entiendo y me parece bien pero no les tengo ninguna simpatía, tampoco lástima, me he criado en el país con más alcohólicos del mundo y he visto de lo que un verdadero borracho es capaz, lo siento pero todas sus desgracias se las han buscado por si mismos"

Mientras ellos hablaban volví mi cabeza, un bizco y un tipo con problemas de dicción discutían a gritos.

"Oído al parche con el tuerto y el mudo" me dije a mi mismo al verlos caminar hacia nosotros.

El mendigo con estrabismo empezó a quejarse de su compañero explicando deshilvanadamente a Marcus las razones, todas ellas de un poso febril.

"Me voy de aquí" dije

La pobreza no es la ausencia de dinero. Al menos no en el Primer mundo.

Caminé hacia la calle dejando ese lugar atrás, dejando a mis espaldas a esos hombres y mujeres que la extremaunción convertiría en ejecutivos.

El eterno adiós

reloj del adiosVivir en el extranjero es comparable a haber envejecido, cada mes alguien se marcha para siempre, cada lunes alguien vuelve a casa tirando la vida por la ventana en una concluyente borrachera de proporciones suicidas.

Como en la última cena de un condenado a muerte que verá ajusticiada su juventud en unas pocas horas, todo son despedidas, mezcla de buenos deseos, tristeza y locura.

El alcohol ha de correr, al fin y al cabo siempre fue las agallas de los cobardes. Ha de facilitar el último desvarío, los últimos halagos mutuos, la última confesión de un amor secreto.

En Islandia el proceso se repetía de forma constante con cada nueva ola de extranjeros que seis meses atrás habían llegado para quedarse de por vida.

Tras dos años de adioses, abrazos y "has de visitarme" todo se convertía en un mero trámite mecánico.

La reiteración es el mayor de los anestésicos.

Por encima de un determinado nivel todo pierde su efecto, como si solo se pudiera mantener un cierto número de amigos, un cierto número de intereses, un cierto número de adhesiones.
Como si el ser humano sintiera la necesidad de un núcleo estable.

"Me voy a casa" dije despidiéndome.

"¿Vas hacia Midbaer?" preguntó Giorgio.

"Sí"

"Voy contigo, me pilla de camino"

El italiano y yo recorrimos Laugavegur en dirección a Austurstræti bromeando respecto a todo.

"Parecía que te daba igual que John dejase el país"

Miré a mi alrededor, todos los borrachos son seres decadentes cuando los observas desde la sobriedad.

"Es lo que ocurre a partir de la vigésima despedida"

Giorgio aprovechó mi sinceridad para lapidarme con hipocresía.

"No te des tantas palmadas en el corazón no sea que acabes rompiéndote la mano" dije interrumpiéndole.

Él sonrió y nos dimos la mano para despedirnos en Ingólfstorg.

"¿Cuando yo me vaya también actuarás así?" dijo mientras caminaba hacia atrás.

No me giré, solo seguí.

"Tal vez yo lo haga antes..."

Dolor, salud y calidad de vida

dolorSentí un golpe eléctrico en la espalda y caí al suelo. Marcus se acercó corriendo y trató de incorporarme.

"No me toques por favor" dije

Mi mente recordó de inmediato la última vez que tuve que pasar por algo así.

Ocurrió en mi ciudad natal durante un partido, hice un movimiento seco y violento tratando de recuperar la pelota y mi cuerpo se colapsó. No hubo bromas, todos notaron de inmediato que se trataba de algo grave, el encuentro fue interrumpido y me llevaron a urgencias.

Una vez allí un doctor joven y sonriente me recetó paracetamol.

"Has sufrido un ataque de lumbalgia si no has tenido problemas anteriores al respecto lo más probable es que empieces a mejorar en 48 horas."

Dos días después continuaba en la cama y el dolor persistía, tanto era así que incluso podía notar la ligerísima inclinación del suelo de una forma salvaje y desgarrada.

Abrí un libro pero era incapaz de leer o concentrarme.

Al día siguiente visité a un segundo médico, enfermera me tumbo en la camilla y me dijo que esperara, no pude hacerlo, la inclinacion de 10 a 20 grados me estaba matando, descendí hacia las baldosas y ahogué un grito desesperado apretando los dientes con todas mis fuerzas.

Unos minutos después apareció el traumatólogo, al verme en el suelo pidió ayuda a la enfermera y me levantaron tratando de no doblar mi espalda.

"Ahora has de aguantar unos segundos, agarrate a la barra" dijo el doctor mientras el técnico se preparaba para hacerme una radiografía.

Me así al acero como si se tratase del único tablón flotante de un barco que se hundía.

Una vez tomada la imagen me colocaron sobre una camilla móvil y la enfermera me inyectó una solución.

"Es un relajante muscular" dijo el doctor "voy a pedir los resultados de la radiografía ahora mismo para que no tengas que venir mañana.

En apenas unos minutos el técnico los trajo y el traumatólogo colocó la imagen sobre un panel.

"Sufres un cuadro agudo de lumbalgia, los músculos de esta zona están totalmente colapsados, tu columna tiene ahora la forma de una C invertida en lugar de una S" dijo señalando con el dedo la zona lumbar.

El médico caminó hacia su butaca y empezó a escribir, "Guarda reposo total durante tres días y sigue la medicación que te indico en las recetas cada ocho horas, te estoy ordenando un analgésico y un relajante"

Tras una semana nada había mejorado excepto la cuenta bancaria del traumatólogo.

La medicación me estaba destrozando, no podía ingerir ningún tipo de alimento, perdí cinco kilos y pude conciliar el sueño aún menos horas.

Decidí visitar a un segundo doctor y luego a un tercero, el último fue claro, honesto y directo:

"Vas a tener que tomar un opiáceo durante algunos días para rebajar el nivel de dolor, tienes una hernia discal entre la vertebra cuarta y quinta, tal vez incluso estenosis, con el tiempo que llevas en reposo deberías haber mejorado ya"

"¿Que alternativas tengo?"

"Puedes operarte, si no cambia tu situación tal vez tengas que hacerlo pero no te lo aconsejo salvo como última opción, no siempre funciona y en no pocas ocasiones hay que volver a intervenir, también existe la alternativa de un tratamiento con ozono pero es caro y soy muy escéptico respecto a su efectividad"

"Así que no hay soluciones que ofrezcan una total garantía"

"No, no las hay"

Dos meses y medio después seguía aún en la cama, podía conciliar el suelo y el dolor había rebajado su intensidad pero los opiáceos me estaban destrozando el estómago.

Mi madre venía al dormitorio y se sentaba a mi lado cada noche, podía percibir como aguantaba las lágrimas dentro de los ojos, lo hizo hasta que llena ya de agua y sal no pudo encerrarlas más.

"Cada día rezo para no verte así" dijo sollozando.

La miré, estaba luchando como una madre abnegada para mantener la entereza.

¿Qué es la vida cuando alguien no puede valerse por si mismo, cuando la debilidad del cuerpo destruye lo que eres convirtiéndote en un despojo cuya única salida es ajena a tí.

La esperanza solo era el curandero de la mente, la última solución cuando todo lo racional falla.
El sueño de que tu existencia mejore volviendo al estado de cosas en el que se suspendía.
Podía serlo todo, esperar que aquella pareja que te dejó volviese contigo, que algún laboratorio inventase una píldora para que tu astenia desapareciese o que los rezos a una estampa hicieran que aprobaras un examen.

El soñador es un viajero que siempre avanza hacia el pasado.

En ese mismo instante empecé a odiar a la esperanza, empecé a abandonar esa creencia en una solución ajena a mis manos y mi mente.

"La voluntad es el doctor y la forja del hombre" dijo alguien.

Me levanté de la cama agarrándome al cabezal y las paredes.

"¿Qué haces?" gritó mi madre.

No respondí solo caminé hacia la puerta superando un dolor salvaje y constante, todo ese tiempo en la cama había envenenado mis músculos destruyendo su fuerza, caminar 20 metros dentro de la casa me hizo desfallecer y vomitar.

Al día siguiente repetí el proceso, estuve haciéndolo durante quince días, superando el martirio al que me sometía el dolor y la inactividad, un mes más tarde empecé a caminar sin sentir cansancio y los pinchazos en la espalda disminuyeron, solo una cojera persistente mostraba algo extraño en mí. Tras tres semanas de natación diaria también despareció esta.

Pensé en todo ello durante ese minuto en el suelo, duante ese minuto tirado sobre las baldosas de una habitación de Reykjavík.

Marcus me miró de nuevo y repitió:

"Quieres que te ayude a levantarte"

"No, puedo hacerlo solo"

De miserias y noches

miserias de la crisis islandesa"¿No es ese Jón Ingibergsson?" preguntó Arnar mientras apuntaba con el dedo en dirección a Sudurgata.

"¿Quién?"

"El que está al lado del coche" dijo para ubicarlo.

Miré hacia allí, un tipo vestido de manera impecable trataba de entrar, sin conseguirlo, en un Porsche Cayenne, parecía el capitán de un barco que hubiese ahogado todas sus penas en un mar de busconas y cerveza barata.

"Sí, ha de ser él" respondió Bjarni.

"¿Está en el parlamento?" pregunté.

"No, Jón es uno de los ejecutivos más influyentes de Landsbankinn" contestó Arnar.

"Vamos a hablar con él"

"¿A hablar con él?" dijo sorprendido Bjarni.

"Sí, ¿Por qué no? está todo lo borracho que puede estar alguien que se mantiene de pie"

Los dos hippies islandeses y yo corrimos hacia el banquero con la esperanza de alcanzarle antes de que se perdiese en su coche, afortunadamente cuando llegamos a su lado seguía tratando de encajar la llave en la cerradura.

"Está muy mal" dijo Bjarni

"Shhhhhh" susurró Arnar tratando de que bajase la voz

El banquero se volvió hacia nosotros y empezó a hablar en un islandés ebrio y arrastrado.

"Strákur rokoki koki rokoki, quiero ir de fiesta ablurtok mordien vintenur amagen alavientegid bonej winta"

"¿Qué dice?" pregunté

"Dice que tiene un piso en esta calle y que si queremos beber con él"

"Claro"

"Pero se rumorea que es marica..." silbó entre dientes Arnar.

"¿Y eso que tiene que ver?" le interrumpí "No te preocupes, no va a ponerte una manzana en el culo y a jugar a ser Guillermo Tell con su polla"

Le ayudé a abrir la puerta mientras Bjarni y Jón charlaban en islandés.

"Dadme ese papel" exclamó el ejecutivo aunque él mismo se estiró para alcanzarlo sin esperar a recibir ayuda.

Tras darle una ojeada durante unos segundos dijo "Sí, es en esta calle"

"Jón cogió una bolsa con cervezas del coche y caminó adentrándose en Öldugata con los ojos clavados a la altura de los números de los edificios"

Tras veinte metros se detuvo en un portal y sacó de la bolsa un enorme manojo de llaves.

"Empezó a mirarlas una por una comparando sus números con los del papel"

"¿Qué está haciendo?" preguntó Bjarni "¿Va a robar?"

Me reí.

Islandia era el único país del mundo en el que poder observar a los ojos las miserias de los dirigentes y las instituciones.

"Trata de entrar en una vivienda expropiada" dije rascándome la mandíbula "la más cercana a su coche"

Tal vez eso era lo que ocurría con Robin Hood tras obtener un título universitario.

El gato orondo

gato gordoLlamé al timbre pero nadie acudió a abrir la puerta, tras esperar cinco minutos en la calle me decidí a empujarla y entrar. Mientras subía por las escaleras las voces de Patrick y Simon se hicieron cada vez más presentes.

"Es la cosa más estúpida que he oído en mi vida"

"¿Y? ¿Acaso es tu problema?"

"Lo es en la medida en que le puede pasar algo"

"¡No digas gilipolleces!"

Entré al salón.

"Sæll og blessaður" dije saludando en islandés.

No hubo respuesta.

"Escucha" dijo Patrick alzando la voz "no es tuyo, no puedes hacer algo así si no lo és y mucho menos ponernos en peligro a tí y a mí"

"¡Por todos los santos.... parece que ahora vas a estar más amenazado que Salman Rushdie!"

Les miré atónito, discutían con verdadera cólera, el irlandés notó mi presencia y empezó a aclarar el por qué de la trifulca.

"Hola Dash, Simon ha escrito su nombre y su teléfono en una nota y la ha atado a una cuerda alrededor del collar del gato"

"¿Qué gato?" pregunté confundido.

"No se si lo sabes pero hay uno bastante peludo y simpático que suele entrar en nuestro apartamento por el jardín, si lo veo aquí juego con él y le doy un poco de comida porque es muy social"

"¿Qué decía la nota?"

"Algo así como "Hola soy Simon vivo en el apartamento de la calle tal y tu gato siempre está aquí, te parece bien que le demos de comer y que nos hagamos cargo algunos días?" dijo Patrick tratando de imitar, ridiculizando, la voz del danés.

"No trates de hacerme pasar por idiota" intervino Simon.

"Yo no hago nada, es lo que decía, si te gato orondoparece estupido es porque lo era"

"Creo que voy a dejaros solos" susurré con incomodidad.

"No te preocupes Dashiell, no pasa nada, ¿no crees que no merece tanto revuelo?" dijo Simon

"Sí lo merece" contestó Patrick "Primero: El gato no es tuyo, ¿Por qué coño le atas nada al cuello? ¿sabes que suben por los arboles y se rascan las bolas contra la corteza?, pues sí, lo hacen, y en medo de eso podría quedarse enganchado a una rama gracias al puto hilo con lo que puede acabar ahorcado y tu nombre está en la nota.
Segundo, como tu nombre y nuestra dirección están en la nota si el dueño es un loco o si cree que eres gilipollas, (que lo eres), puede venir aquí y partirte la cara, y lo que es peor a mi también si me confunde contigo.
Y tres, el gato me gusta mucho y quiero seguir jugando con él, su propietario puede tener miedo de nosotros y no dejarle salir"

"¡Pero qué más te da a tí! ¿acaso estaba tu nombre en el papel?"

"No"

"¿Entonces? No es de tu incunbencia"

"Sí que lo es"

"Oíd, ¿Seguro que no os parece mejor que me vaya?"

"No, ¿en qué te afecta a tí?" dijo Simon dirigiéndose a Patrick e ignorando mi pregunta.

"Me afecta en que lleva dos días sin venir cuando antes lo hacía cada noche"

"Mañana iré al hogar de los animales y te traeré uno, no te preocupes, no tendrás que pagar nada" contestó el danés con una mezcla de tristeza y cólera en su voz y en el vidrio de los ojos.

Nadie habló tras ello.

Tal vez esa era la forma en la que nacían los divorcios y los asesinatos.

Tal vez esos eran los estúpidos detalles que gestaban la muerte de una amistad.

Salí al jardín y me apoyé en el árbol.

Un gato orondo saltó desde las ramas y corrió zigzagueando hacia el apartamento.

"Ha vuelto" gritó Simon como una zahorí "Ha vuelto Sunnu"

Entré de nuevo al salón.

El irlandés también corrió hacia el tigre en miniatura.

"Aún lleva la nota" murmuró Patrick "Quítasela por favor, tal vez tengamos suerte y aún no la haya visto su dueño"

El danés cortó el hilo con unas tijeras y retiró el papel.

"Espera, esta no es mi letra" dijo Simon.

Tras unos segundos empezó a leer el mensaje en voz alta.

"Hola, gracias por la nota, me llamo Helga y mi teléfono es el 840 32 43 te importaría llamarme para hablar de mi gato, tengo clase en la universidad hasta las 5 pero estoy libre a partir de esa hora, saludos"

Cómo hacerse rico

como hacerse rico Cogí el teléfono a tientas y descolgué.

"Dash, hola ¿Te he despertado?"

"Sí" dije tratando de parar los rayos del sol con los dedos.

"Lo siento, pero hoy tengo una entrevista de negocios en Hresso.
¿Te importaría acompañarme?" dijo Marcus.

"¿Una entrevista de negocios en domingo y en un bar?"

"Ya, pero es que no voy a tenerla en mi habitación y esta persona no podía en su casa"

"¿Cuándo es?"

"Dentro de dos horas"

"Ok"

Tras una ducha y un intento infructuoso de llevarme algo a la boca empecé a vestirme, lo hice lentamente, como arrastrando una pesada carga que reducía la velocidad de mis movimientos.

Me miré al espejo y esparcí de nuevo jabón por mi frente aclarándolo más tarde con agua fría y sin secarme, deseaba que el viento hiciera aumentar la sensación de gelidez en mis mejillas.

Tras cinco minutos caminando llegué a Hresso, Marcus ya estaba allí, hablaba con una chica de traje ajustado, sus facciones eran cláramente polacas.

"Hola, mi nombre es Wioletta, soy distribuidora autorizada de la multinacional Herbalife"

Tras el saludo y la presentación comenzó a describir con trazos generales lo que buscaba en sus colaboradores, las características que un emprendedor debía tener para triunfar en la empresa.

Mientras hablaba detalladamente sobre el proyecto de negocio de su compaía encendí mi PDA y entré en Wkipedia utilizando la red WI-FI del local.

Tras unos segundos el artículo mostró las cifras de negocio de la compañía.

Leí en voz alta.

"Herbalife es una empresa estadounidense fundada en 1980, dedicada a la producción y comercialización de complementos nutricionales y productos para el cuidado de la piel, comercializados a través del sistema de marketing multinivel o marketing de redes.
La compañía tiene su sede en Los Angeles, California y emplea a 3.500 personas en todo el mundo. Sus productos son distribuidos en 69 países a través de una red de aproximadamente 1.500.000 distribuidores..."

"...Para marzo de 2007, la compañía estaba recibiendo ganancias de más de tres mil quinientos millones de dólares."

"Si, como puedes comprobar Herbalife es una multinacional líder en el sector, los datos son impresionantes y lo van a ser cada vez más porque el interés por la salud y la belleza no deja de aumentar"

Dividí mentalmente para sacarle los huesos y la piel a las cifras.

"Eso quiere decir que cada distribuidor, suponiendo que todas las ventas se realicen a través de ellos, tiene un beneficio medio de..." conté con los dedos "...unos 600 dolares"

"No, no, la empresa factura más de 3.500 millones"

Bebí agua, el dolor de cabeza era insoportable.

"Sí, la empresa factura esa cantidad, pero si se divide por 1.500.000 de distribuidores da como resultado unos 2.350 dolares al que se ha de aplicar el 25% de benefico con lo que este ronda los 600"

La chica me miró sin decir nada, solo meditaba la respuesta, una respuesta que ayudó a buscar entre el guión de papeles.
piramidal
"Esa solo es la media, hay gente que gana cero y gente que gana un millón, es como todo en la vida, puedes ser débil y abandonar, tomártelo solo como un sobresueldo o tener alma de emprendedor y hacerte rico... te aseguro que hay miles de hombres y mujeres que se han convertido en millonarios a través de Herbalife"

"Los primeros que convencieron al resto de idiotas"

"¿Oye, es esto un timo priramidal?" preguntó Marcus.

"No, no, esta es una empresa de marketing multinivel y, lo creas o no yo misma gano una buena cifra de dinero y no empecé en los 80, con Herbalife puedes ser tu propio jefe y ayudar a los que te rodean para que mejoren su salud y bienestar"

No tenía sentido discutir, no iba a cambiar nada así que alargué la mano y empecé a ojear el periódico mientras Wioletta y Marcus seguían hablando.

Tras 20 minutos ella se levantó y dijo adiós despidiéndose afectuosamente yo le contesté moviendo la cabeza unos centímetros.

"Dash, menudo timo" susurró Marcus.

"No es un timo, solo una pérdida de tiempo...además ahora ya sabes porque no te has reunido con ella en su casa"

"¿Por qué no?"

"Porque vive en una habitación alquilada como tú"