
Sentí un golpe eléctrico en la espalda y caí al suelo. Marcus se acercó corriendo y trató de incorporarme.
"No me toques por favor" dije
Mi mente recordó de inmediato la última vez que tuve que pasar por algo así.
Ocurrió en mi ciudad natal durante un partido, hice un movimiento seco y violento tratando de recuperar la pelota y mi cuerpo se colapsó. No hubo bromas, todos notaron de inmediato que se trataba de algo grave, el encuentro fue interrumpido y me llevaron a urgencias.
Una vez allí un doctor joven y sonriente me recetó paracetamol.
"Has sufrido un ataque de lumbalgia si no has tenido problemas anteriores al respecto lo más probable es que empieces a mejorar en 48 horas."
Dos días después continuaba en la cama y el dolor persistía, tanto era así que incluso podía notar la ligerísima inclinación del suelo de una forma salvaje y desgarrada.
Abrí un libro pero era incapaz de leer o concentrarme.
Al día siguiente visité a un segundo médico, enfermera me tumbo en la camilla y me dijo que esperara, no pude hacerlo, la inclinacion de 10 a 20 grados me estaba matando, descendí hacia las baldosas y ahogué un grito desesperado apretando los dientes con todas mis fuerzas.
Unos minutos después apareció el traumatólogo, al verme en el suelo pidió ayuda a la enfermera y me levantaron tratando de no doblar mi espalda.
"Ahora has de aguantar unos segundos, agarrate a la barra" dijo el doctor mientras el técnico se preparaba para hacerme una radiografía.
Me así al acero como si se tratase del único tablón flotante de un barco que se hundía.
Una vez tomada la imagen me colocaron sobre una camilla móvil y la enfermera me inyectó una solución.
"Es un relajante muscular" dijo el doctor "voy a pedir los resultados de la radiografía ahora mismo para que no tengas que venir mañana.
En apenas unos minutos el técnico los trajo y el traumatólogo colocó la imagen sobre un panel.
"Sufres un cuadro agudo de lumbalgia, los músculos de esta zona están totalmente colapsados, tu columna tiene ahora la forma de una C invertida en lugar de una S" dijo señalando con el dedo la zona lumbar.
El médico caminó hacia su butaca y empezó a escribir, "Guarda reposo total durante tres días y sigue la medicación que te indico en las recetas cada ocho horas, te estoy ordenando un analgésico y un relajante"
Tras una semana nada había mejorado excepto la cuenta bancaria del traumatólogo.
La medicación me estaba destrozando, no podía ingerir ningún tipo de alimento, perdí cinco kilos y pude conciliar el sueño aún menos horas.
Decidí visitar a un segundo doctor y luego a un tercero, el último fue claro, honesto y directo:
"Vas a tener que tomar un opiáceo durante algunos días para rebajar el nivel de dolor, tienes una hernia discal entre la vertebra cuarta y quinta, tal vez incluso estenosis, con el tiempo que llevas en reposo deberías haber mejorado ya"
"¿Que alternativas tengo?"
"Puedes operarte, si no cambia tu situación tal vez tengas que hacerlo pero no te lo aconsejo salvo como última opción, no siempre funciona y en no pocas ocasiones hay que volver a intervenir, también existe la alternativa de un tratamiento con ozono pero es caro y soy muy escéptico respecto a su efectividad"
"Así que no hay soluciones que ofrezcan una total garantía"
"No, no las hay"
Dos meses y medio después seguía aún en la cama, podía conciliar el suelo y el dolor había rebajado su intensidad pero los opiáceos me estaban destrozando el estómago.
Mi madre venía al dormitorio y se sentaba a mi lado cada noche, podía percibir como aguantaba las lágrimas dentro de los ojos, lo hizo hasta que llena ya de agua y sal no pudo encerrarlas más.
"Cada día rezo para no verte así" dijo sollozando.
La miré, estaba luchando como una madre abnegada para mantener la entereza.
¿Qué es la vida cuando alguien no puede valerse por si mismo, cuando la debilidad del cuerpo destruye lo que eres convirtiéndote en un despojo cuya única salida es ajena a tí.
La esperanza solo era el curandero de la mente, la última solución cuando todo lo racional falla.
El sueño de que tu existencia mejore volviendo al estado de cosas en el que se suspendía.
Podía serlo todo, esperar que aquella pareja que te dejó volviese contigo, que algún laboratorio inventase una píldora para que tu astenia desapareciese o que los rezos a una estampa hicieran que aprobaras un examen.
El soñador es un viajero que siempre avanza hacia el pasado.
En ese mismo instante empecé a odiar a la esperanza, empecé a abandonar esa creencia en una solución ajena a mis manos y mi mente.
"La voluntad es el doctor y la forja del hombre" dijo alguien.
Me levanté de la cama agarrándome al cabezal y las paredes.
"¿Qué haces?" gritó mi madre.
No respondí solo caminé hacia la puerta superando un dolor salvaje y constante, todo ese tiempo en la cama había envenenado mis músculos destruyendo su fuerza, caminar 20 metros dentro de la casa me hizo desfallecer y vomitar.
Al día siguiente repetí el proceso, estuve haciéndolo durante quince días, superando el martirio al que me sometía el dolor y la inactividad, un mes más tarde empecé a caminar sin sentir cansancio y los pinchazos en la espalda disminuyeron, solo una cojera persistente mostraba algo extraño en mí. Tras tres semanas de natación diaria también despareció esta.
Pensé en todo ello durante ese minuto en el suelo, duante ese minuto tirado sobre las baldosas de una habitación de Reykjavík.
Marcus me miró de nuevo y repitió:
"Quieres que te ayude a levantarte"
"No, puedo hacerlo solo"