Los mecanismos del éxito

Howard Hugues acabó convirtiéndose en el hombre más rico del mundo, a pesar de ello, tras visitar sus fábricas siempre pedía a los trabajadores dinero para el taxi aduciendo que no llevaba la cartera.

El ser humano se siente atraído por la abundancia y por el éxito, este, no es otra cosa que cumplir los objetivos marcados, para ello se está en disposición de dos vías dependiendo de si se tiene el control o no. Si se ostenta, las decisiones a tomar se imponen a las de los demás.

En esas circunstancias los sistemas de gobierno no democráticos van unidos a economías dónde la planificación, el intervencionismo y los oligopolios dominan el mercado de forma que aquellos que poseen el poder político actúan de acuerdo con su voluntad en todos los sectores.

Al actuar siguiendo los propios impulsos y sin atender a los del resto se requiere de la servidumbre de los medios de comunicación y de la ausencia de libertad en el mercado puesto que esta última crearía centros económicos que servirían de contrapeso al poder oficial.

Así pues, existe una relación directa entre el nivel de atribuciones políticas en un grupo, ya sea una familia, una aldea o un país, la democracía y la libertad económica.

No es casual que las decisiones más comunes que pueda tomar un maltratador sean las de conseguir que su pareja corte los lazos familiares y no disponga de un trabajo o sustento propio, tampoco que el país con menor cantidad de poder centrada en unas mismas manos durante el siglo XVIII, Estados Unidos, sentase los cimientos de la democracia moderna y fuera desde entonces el máximo defensor del capitalismo.

Por tanto, cuando se dispone del control la vía para alcanzar los objetivos, es decir, el éxito, acaba siendo una autopista donde el abuso, la ineficacia y la desigualdad van de la mano en un coctel inquietante con destino al infierno ya que todo dependerá de las decisiones arbitarias de los dirigentes y aquellos que no lo son careceran del más mínimo poder sobre sus vidas desconfiando además de las clases pudientes que han alcanzado el éxito, pues lo consiguieron con las cartas marcadas.

Hay contextos en los que, sin embargo, el sistema está sujeto a numerosos contrapesos que impiden que las metas puedan ser alcanzadas atendiendo únicamente a las pulsiones o deseos de una única persona, en esas circunstancias la vía no es el imponer las decisiones tomadas, puesto que sería algo imposible, la forma de alcanzar el éxito es adaptar el comportamiento propio para que coincida con el del mayor porcentaje posible de individuos que ostentan el poder.

En el caso de la televisión se simplifican los contenidos y se añade un mayor número de programas de deporte o farándula no para mantener a la población en la inopía si no para satisfacer las necesidades del perfil del ciudadano medio que se sienta frente a ella.
Esa es la causa de que, tras años de democracia, los partidos mayoritarios presenten y ejecuten unas políticas tan semejantes puesto que para conseguir el poder o para alcanzarlo se niegan a aplicar aquello que puede convertirse en un foco de contestación social.

En un sistema con diferentes centros de poder y con un mayor control sobre el mismo el éxito tiene un perfil diferente dado que si la partida fue jugada sin trampas el ganador es alguien que merece respeto, el mismo que poseen aquellos que lo alcanzan en los países anglosajones, al mismo tiempo cada uno de los ciudadanos, al ser libres para mejorar su situación económica entran en una espiral competitiva reduciendo las ineficiencias.

Debido a todo lo anterior para alcanzar el poder y mantenerlo en un sistema de esta índole los individuos se comportan como vendedores, comercializan símbolos y esperanza más que ideas concretas dado que cualquier cambio radical del statu quo genera repulsa en una parte u otra de la población, es por ello que la mayoría de medidas de calado profundo solo acaban siendo tomadas cuando no existe otra alternativa posible, cuando el vaso va a desbordarse o ya lo ha hecho.

Así pues, en cualquier comicio que derive en la consecución de una meta, la importancia del vínculo afectivo se vuelve más relevante que los meritos del candidato. Ningún bachiller que presente su redacción al concurso literario del instituto podría acabar siendo el ganador si cae mal a sus compañeros, aunque sus obras sean las de mayor calidad.

Elegir significa gustar mucho más que merecer.

Es por eso que los verdaderos pobres no le importan a nadie, aquellos que carecen de televisor, de casa, que nunca votaron, que están sumidos en el agujero negro de las adicciones...su poder es nulo y su existencia un universo virtual en la dimensión paralela de los horrores, aquella con la que se toma contacto en las fiestas de guardar de los seísmos y los huracanes.

En un sistema de contrapesos la sonrisa en el cocktail son cien gramos del Oscar, el beso al niño rubio dos senadores y las tetas operadas el golpe definitivo para aumentar el share.
El mundo se convierte en un baile de disfraces en el que cada persona va vestida de lo que los demás esperan que sea.

Eres tú y a la vez más nosotros, una versión para todos los públicos de tu cara oscura.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Howard Hugues era un personaje interesantísimo y muy deconocido, la película de Scorsesse no da una imagen real del hombre.

monttse dijo...

En eso de que los pobres realmente no importan a nadie estoy totalmente de acuerdo.

Cuando hay tragedias mediáticas, se movilizan los grandes poderes para captar inmejorables referencias de cara al futuro y poder rentabilizarlo en votos, socios, dinero....

-gran entrada-

Anónimo dijo...

Una de las cuestiones que más me fastidian de las democracias actuales es que los políticos no tengan que conseguir unos determinados méritos para obtener sus cargos. ¿En que cabeza cabe que una ministra de educación no haya tenido anteriormente ningún trabajo en el sector o que un ministro de sanidad acuda a un curandero cuando enferma?

O la misma existencia de partidos políticos que son como pastores que se encargan de reunir rebaños y hacer que sus ovejas digan be al unísono. Dejad que se presenten personas a título individual, así igual alguien lee sus expedientes en lugar de escuchar discursos vacios del manual para enaltecer a las masas.

Las actuales democracias actuales estuvieron bien, pero ya va tocando subir el siguiente peldaño.

Dashiell dijo...

Anónimo, es evidente que los políticos a día de hoy son un 50% actores.

Dashiell dijo...

Monttse, lo mejor son los concieros en favor de los damnificados, es un indicativo de muchas cosas.

Anónimo dijo...

El éxito es siempre el de las pequeñas cosas y el ser útil a los que te quieren.

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