Dos vidas

 Quería violar a una mujer.

Winston Moseley salió de su apartamento a las dos de la madrugada y condujo caóticamente atravesando una Nueva York vacía en busca de algún posible objetivo.

Casí a la misma hora Kitty Genovese, una veinteañera pálida y menuda, cerraba el club nocturno del que era manager y se dirigía en automóvil a su vivienda en la zona de Kew gardens, uno de los sectores del barrio de Queens.

Hay algo extraño en la forma con que se cruzan las líneas vitales de dos desconocidos.

Moseley vió como el coche de la italoamericana reducía su velocidad para detenerse en un parking e hizo lo propio virando la dirrección. Solo le quedaba esperar a que la chica bajase, algo que ella hizo minutos después sin apercibirse de que un tipo corría  por ese mismo lado de la calle.

Pequeñas cosas que joden

Apunto en un papel todas las pequeñas cosas que me joden:

 1.- Me molesta que al acabar de ducharme la toalla no esté en el colgador si no en el otro lado del baño y que eso provoque que tenga que salir cubierto de agua, tiritando y con la pilila temblorosa en busca de algo para secarme.

2.- Me molesta tener que escuchar "Pues tu primo/amigo/vecino Luis ya es funcionario".

3.- Me molestan las canciones y programas oportunistas que buscan recaudar dinero para los damnificados de algún desastre natural o hambruna, especialmente "We are the world" y cualquier hez sentimentaloide similar que en el fondo solo pretenden ser vehículos de egos en lugar de resolver algo.

4.- Me molesta llegar a la estación de metro y que el tren haya acabado de salir mientras corres como un enajenado tras él.

5.- Me molesta estar descargando una película interesante y que un aviso del ordenador me diga que el disco duro está casi lleno y he de liberar memoria.

6.- Me molesta ir a comprar ropa durante las rebajas para ahorrarme unos euros y que las únicas tallas que queden sean la S y la XXL.

7.- Me molesta que la gente sin gracia trate de contar un chiste, que algún incauto sonría para mantener el decoro y que el tipo se agrande y lo vaya repitiendo cada veinte minutos aplaudido únicamente por sus propios comentarios jaleantes.

8.- Me molesta estar empalmado en público y tener que sentarme con los calzoncillos prietos mientras Alien el octavo pasajero pugna por salir.

9.- Me molesta que en la mayoría de series españolas los protagonistas sean una pareja madura con tres hijos, un abuelo,  un amigo retrasado y todos se reunan a desayunar en una mesa grande con los zumos PMI y la leche Pascual en primer plano.

10.- Me molesta particularmente el cagar y que la mierda se quede colgando del culo, rígida como una especie de botella de coca cola de 25cl y que al hacer el último esfuerzo para soltar la bomba radioactiva esta acabe cayendo sobre el agua y el tsunami nuclear creado termine mojándome el escroto y las mejillas del trasero.

Incompatible

"Te quiero"

Esas fueron las primeras palabras que oí salir de su boca después de quedarnos solos.

Una frase concisa y directa.

La clase de comentario que uno no espera oír de la boca de otro hombre.

Hay una especie de liturgia a la hora de declararse: labios temblorosos, miradas nerviosas que suben desde los zapatos hasta las pupilas opuestas y el discurso deslavazado antes de la pregunta final.

En ese momento supe la razón que le había empujado a beber esa noche.

Decidí parar aquello antes de que continuase hablando.

"No soy gay" exclamé de forma rotunda "Siento si algo de lo que yo haya hecho te ha llevado a pensar lo contrario"

Ángel enrojeció.

"Perdona...." dijo en voz baja "Raquel, la amiga de Pelayo te ha visto muchas veces en locales de Chueca con otros hom...".

"Y te ha contado que yo era homosexual"  añadí interrumpiéndole.

Asintió.

La situación se havía convertido en algo embarazoso para los dos, algo así como descubrir la traición de un compañero de trabajo con el que se siente afinidad.

Hice un comentario gracioso para intentar disminuir la tensión:

"Esto es como cuando los niños se reunen para jugar a "Teléfono" ¿Sabes?  Forman un círculo y el primero dice la palabra "brújula", cuando llega al último se ha convertido en "rinoceronte"

Ángel enmascaró su incomodidad con una sonrisa del top manta y nos quedamos en silencio.

Ese tipo de silencio cortante como cuando se espera a un amigo común en compañía de alguien con el que no existe química.

"Deberíamos volver con los otros" dije por fin.

"Iba a decir lo mismo" respondió.

Estaba seguro de que a partir de ahí todo habría cambiado, era el tipo de noche que diluye una amistad para siempre.

Ibamos a evitarnos.

A evitarnos de la misma forma que lo hacen tantos otros.

"Si no me lo resuelves te parto la cara"

"Solo en un conlicto bélico puede aprenderse tanto de la bajeza humana como en un call center."

Esa fue una de las primeras lecciones que recibí tras aceptar un empleo como teleoperador durante las horas vacías de mi periplo universitario.

Tipos que llamaban de noche para masturbarse, locas que requerían de una voz anónima para conciliar el sueño, ciudadanos grises erigiéndose en despotas con empleados que ni siquiera eran suyos, gritos, embustes...

Y en el vértice superior de la pirámide del deshecho se encontraban todos aquellos que pretendían que les fueran resueltos sus problemas, la mayoría de ellos estúpidos, sin la voluntad de querer aceptar el más mínimo de los inconvenientes.

"Buenos días le atiende Dashiell ¿En qué puedo ayudarle?

"Mira, lo que me pasa es que Internet no funciona, el CD que me dieron para configurar el programa de acceso... no....no...no me aclaro con él"

"¿Ha seguido los pasos?"

"Ehhh..yo no...esto me lo tendríais que hacer vosotros joder" gritó.

"No se preocupe, voy a ayudarle, siga mis instrucciones"

Tras un par de minutos todos los campos tenían la información correcta.

"Señor...ahora debería reiniciar su computadora"

"¿Ya mismo?"

"Sí, de esa manera serán asentados los cambios"

"Pero es que tengo una partida del Doom en marcha......además ¿Y si luego no va qué? ¿He de volver a marcar vuestro número..? vosotros lo que quereis es que me gaste más dinero...menudo atajo de sinvergüenzas"

"Señor la llamada es gratuíta"

"Ya, ya...claro...si cobrais hasta por respirar...pero a mi me da lo mismo, yo cojo y me borro de vosotros y me apunto a la competencia ¿lo entiendes?"

"Entiendo" dije con un soniquete de indiferencia.

"Que coño vas a entender tú"

"Como le decía, es necesario para poder navegar que inicie el ordenador de nuevo"

"Escucha, ya te he oído, pero tengo el Doom en pausa, además, que te quede algo muy claro ¡¡¡Si no me lo resuelves te rompo la cara!!!" berreó enloquecidamente.

"Necesita seguir el último paso para acabar la configuración, aún así puede reiniciar, si lo prefiere, cuando finalice la partida..."exclamé con aburrimiento.

"¡¡Que te digo que te parto la cara!!  ¡¡¡Buscaré la dirección de tu empresa en la guía y me vas a tener allí en la puerta!!!"

Después de vomitar una ristra de improperios colgó.

Ese era el modo de hacer que se extendía por la sociedad

"Que alguien me arregle el problema sin que yo pare de jugar 20 segundos al Doom"

"Que alguien eduque a mi hijo sin que yo tenga que perder el tiempo con él"

"Que alguien me haga adelgazar hasta unos niveles normales sin hacer deporte ni comer basura"

 Esa era la filosofía del matonismo con la que se llama a un Call center aplicada a la vida: resuélvemelo ya y sin que yo tenga que asumir el más mínimo esfuerzo.

Sin sacrificios.

Institutos con seguridad privada para evitar agresiones a los profesores, hospitales donde algún padre ha de apalizar al médico de turno que intentó, sin conseguirlo, que su hijo no quedase parapléjico tras hacerse mierda con el coche estando hasta arriba de alcohol y coca, ciudadanos que entran en un estado de histeria belicosa cuando se anuncia la flexibiliación del mercado laboral para reducir el déficit...

Todo ha de arreglarse de un modo limpio y rápido, y lo han de hacer los demás algo que se mama desde la cuna en un mundo dónde la palabra NO es una especie extinguida.

¿Que el niño llora porque quiere un helado en el bar a pesar de que ya ha comido? se le compra y punto aunque no lo termine, no vaya el churumbel a entristecerse.

¿Que la sociedad exige alargar el subsidio de desempleo más allá de 2 años a pesar de que se trate de una medida económicamente disparatada? se introduce no sea que que alguien pida una huelga.

¿Que el paciente quiere trankimazin porque lo toma la vecina? se le dan dos recetas no sea que me ponga un ojo a la funerala si decido enterrar sus argumentos.

¿Y qué ocurre cuando todos los niños consentidos y todas las economías subvencionadas van al universo exterior para competir con los demás?

Que todos los meses son abril cuando llueven hostias, que el paro se va al 18, al 20 al 24% mientras se espera que surjan por algun lado brotes verdes, que el puto niño es un tirano con los padres, un aprendiz de maltratador con la novia y un cobarde con el que le para los pies.
Que la sociedad reclama sueldos norteamericanos con un nivel de competitividad congoleño.

"Resuélvemelo o te parto la cara" eso es algo que no puede exigirse cuando desciendes desde los graderíos y posas tus pies en el cuadrilatero para ser un boxeador más.
 
Esa era la realidad de una nación descalza cuyo presidente es su mayor piedra en el zapato.

El mismo al que consideran un rufián por ofrecer lo que todos pidieron.