¿Cómo son los finlandeses? Primeras impresiones

La imagen de los finlandeses en Europa arrastra dos tópicos extendidisimos: el de su carácter silencioso, bordeando la melancolía, y el de su honestidad.

La base en la que se fundamenta el país, es el del acuerdo tácito del cumplimiento de las normas por todos los miembros de la sociedad. Un finés cumple con las reglas, esperando y exigiendo de los demás el mismo comportamiento. La contravención de este principio básico supone el hundimiento de la imagen del infractor y, en cierta forma, su muerte social.

Islandia y la nación de los suomi comparten la alabable característica de poseer una población con un extraordinario respeto a la propiedad privada, pero, mientras que en el caso islandés sus habitantes sufren las consecuencias de un gobierno basado en el nepotismo y un enloquecedor culto al dinero, en Finlandia hay una fuerte tendencia a la igualdad y una palpable aversión a los individuos que tratan de aparentar ser algo más que el resto.

"No hay huevos"

Cuando llegué al pub se levantó para estrecharme la mano.

"¿Vas a beber?" dijo señalando hacia la barra

"Solo si hay alcohol" respondí.

Alexis sonrió.

"Seguro que tienen algo"

Cuatro horas después un racimo de vasos y botellines se acumulaba en la mesa, el local se había llenado y en el ambiente flotaba una densa neblina de cigarrillos.

"Siempre hay dinero para beber" murmuró ironicamente Alexis.

"¿Vas a pasar mucho tiempo en España?"

"Hasta septiembre"

Miré alrededor, él también lo hizo a la vez que empezaba a alzar el tono.

"Fíjate, ahí está la crisis, en toda esa gente que ha perdido el empleo, sobre todo porque parece que nada importa un carajo a nadie ¡Que puta mierda de país....! ¡La crisis del siglo nada menos....! ¡La crisis del siglo con discotecas a rebosar y centros comerciales abarrotados...! ¡Todos estos hijos de puta no irían a una huelga ni aunque los políticos les metiesen un flotador en el culo y luego se lo hincharan!

Alexis continuó su ametrallamiento.

"Me da asco todo, empezando por este país ¿Qué mierda de futuro puedo tener aquí...? solo estoy rodeado por mediocridad, amiguismo, progres de tres al cuarto y la misma derecha rancia de siempre....
Me asfixio en la península...necesito aire..."

Se calla y me mira, arranca parte de la etiqueta de su Heineken, hace una pequeña bola y la tira contra la pared.

"Dashiell....me han despedido"

Saco unas monedas de mi bolsillo y las hago sonar en la palma de la mano.

"Bueno, ahora cobrarás un sueldo del Estado"

Me incorporo y camino hacia la barra, él viene conmigo.

"¿No vendrás jodiendo ahora con que necesitas que te invite?"

Alexis deja escapar una pequeña sonrisa, pedimos dos nuevas cervezas y volvemos al mismo lugar.

"No es solo el  asunto del trabajo, estoy hasta los cojones de muchas cosas, estoy harto de ir al pub de siempre para ver las mismas caras, oír la misma música de hace cinco años y aguantar a las mismas pedorras que creen ser algo que no son cuando en realidad no pasan de mierda seca, joder...una mierda seca que encima trata de mirarte por encima del hombro..."

La batalla de Kollaa (La velocidad de una bala parte 2)

Dejó la granja y fue al frente con su fusil de caza m28 "pystykorva".


Iba a servir en la duodécima división, ubicada en la Karelia ladoga, en cierta manera había tenido suerte, la región a la que iba destinado no sufría el grueso de las hostilidades, que recaían a lo largo de la línea Mannerheim, ni tampoco era un núcleo secundario del conflicto como podía ser Kainuu.


Estratégicamente el área alrededor del río Kollaa carecía de suficientes caminos transitables para que los rusos pudieran movilizar a su ejercito haciendo valer su superioridad numérica dado que sus tropas no estaban pertrechadas para avanzar campo a través.


Simo Häyhä, el pequeño hombre de 1m52, apocado y modesto, tal vez conseguiría sobrevivir a esa guerra de conquista y volver a Raujärvi, la minúscula aldea junto a la frontera rusa en la que había nacido ya que la duodécima división del ejercito finés en la que servía se limitaba a defender los pasos entre el bosque susceptibles de ser atacados por los rusos.


Nadie esperaba un potente ataque en Kollaa.


Tal vez por eso se realizó.


Cuarenta mil rondas de artillería fueron disparadas sobre las defensas nórdicas el primer día de la batalla.


Debido a la dureza del suelo, a lo inesperado de las hostilidades y a las extremas temperaturas de treinta bajo cero, cavar trincheras se antojaba una labor imposible a contrarreloj, los soldados se limitaban a crear su propio hoyo y a saltar en él como si de animales acosados se tratase.


Las líneas nórdicas fueron diezmadas y ante el peligro de que los soviéticos las superaran, el Estado mayor del ejercitó finlandés ordenó reforzarlas con los pocos soldados de refresco que existían.


Tras el fuego de los cañones llegó el turno de la infantería rusa apoyada por blindados, los soviéticos se adentraron en los caminos esperando poder avanzar con rapidez y dirigirse hacia el sur para flanquear la línea Mannerheim.


Había llegado el turno de los francotiradores.


Simo Häyha no era uno al uso, carecía de experiencia en combate y su formación castrense se limitaba al servicio militar.


Había desechado el uso de fusiles más modernos y, sorprendentemente, se negaba a utilizar una mira telescópica.


"Un disparo, un muerto".


Ese es el lema de los francotiradores. La primera bala delata la posición por lo que ha de equivaler a un billete al infierno.


El ejercito soviético fue atacado desde el bosque por pequeñas unidades móviles que avanzaban sobre esquíes colocando bombas lapa en los tanques y diezmando a la infantería con cócteles molotov a los que se les añadía aceite para que las llamas se adhirieran a la piel.


Morir carbonizado a treinta bajo cero era una forma salvaje e irónica de morir.


Sin embargo los proyectiles de los francotiradores fineses causaban estragos a un nivel menos brutal pero más profundo: los oficiales y los destacamentos de suministros eran los objetivos principales con lo que se causaba un clima de terror ante la perdida de mando en las unidades y el desabastecimiento de las mismas.


"Un disparo, un muerto"


Paciencia, camuflaje, capacidad para tomar la decisión correcta, para permanecer en el mismo árbol, detrás de la misma piedra, paciencia para avanzar como un depredador emboscado, paciencia para encontrar el mejor objetivo.


Calculas la dirección del viento, su fuerza.


"Un disparo, un muerto"


El pequeño Häyhä, de honestidad inquebrantable y mirada triste, el tipo taciturno y acomplejado por su escasa altura, había convertido el bosque que separaba las líneas rusas y finlandesas en una suerte de puerta entre el mundo de los vivos y el vacío eterno de la muerte.


En menos de tres semanas abatió a cien enemigos.


Sus heroicidades no tardaron en ser objeto de la prensa, los periodistas le convirtieron en un mito inmediato mezclando deliberadamente verdad y ficción para insuflar ánimos a un país acosado por la tragedia.


"Un disparo, un muerto"


La ley de oro se convirtió, si cabe, en más cierta cuando los rusos enviaron a sus propios francotiradores para darle caza.


Un error significa también un muerto: tú.


Simo lo sabía y su mecánica se convirtió en una elaborada acción compleja en la que cuidar cada detalle:


Nunca a cara descubierta: pasamontañas claro bajo la capucha blanca.
Nunca un tiro sin antes haber compactado la nieve junto a la obertura para no levantar una pequeña nube que delate la posición.
Nunca pretender arreglar un error.
Nunca utilizar mira telescópica, el reflejo de la luz sobre el cristal puede ser una sentencia de muerte.


Simo llenaba, incluso, su boca con nieve para impedir la aparición de vaho.


"Un disparo, un muerto"



Cien.