Las aldeas (En Rusia parte IV)

Tras pernoctar dos noches en una cabaña abandonamos Kostamus y nos dirijimos a las aldeas del interior.
La carretera estaba en tan deplorables condiciones que el todoterreno se debatía de arriba a abajo y de derecha a izquierda como una embarcación a punto de zozobrar. Nuestras cuerpos rebotaban dentro del habitáculo hasta que un enorme bache hizo que mi cabeza acabara golpeando la parte interior del techo. Hilkka decidió disminuir la velocidad aun más para no quebrar la suspensión.
El resto de automóviles conducían por ambos lados de la calzada serpenteando entre los agujeros como infantería a través de unas alambradas. No había normas de tráfico ni código de circulación que valiese en medio de ese campo minado.

Había algo grandioso, por otra parte, en el hecho de conducir por Rusia: la reformulación de las escalas, el pálpito de sentirse un mero insecto entre las inacabables arboledas y la magnitud de los ríos, entre las colinas milenarias y los grupos de ciervos salvajes.

¡Qué importaban la política, la religión o los ideales en ese entorno duro genuino y ajeno, qué importaban las hipotecas, lo que los vecinos pudiesen pensar de tí o las tribulaciones laborales, qué importaban las pérdidas de tu compañía, el hambre en el mundo o las desgracias amorosas!

Llegamos a la aldea, un ruso cortaba bloques de pino con un hacha mientras que en la propiedad contigua una joven rubia ordeñaba a su única ternera. No había nada en sus ojos grisáceos que denotase una mayor tristeza que en los de cualquier ingeniero que yo pudiera haber conocido. Cuando inviertes el ochenta por ciento de tus energías en sobrevivir el coste de las gilipolleces se equilibra con el de su importancia. Tal vez en Moscú, Helsinki, Madrid o Dublín la ansiedad por no pagar la hipoteca pueda llevar al suicidio, tal vez en Melbourne, Nueva York o Barcelona sea completamente lógico pasar una noche a la intemperie para adquirir el nuevo producto de Apple, tal vez en Tokio, Reykjavík o San Petersburgo una camiseta con letras diferentes pueda cobrarse a precios de rubíes.

En el bosque vacío nadie invierte sus energías en satisfacer a los demás.

12 comentarios:

furi3r dijo...

Me gusta tu manera de escribir y comparto tu punto de vista,

el mundo es demasiado grande para ir contando las baldosas de tu calle.. o algo parecido decía algún sabio

Anónimo dijo...

Eso depende del entorno, cuando no se tiene nada y se está en un pueblo se trata de currar para traer las habichuelas pero si se está en un lugar bastante habitado entonces se pasa a emplear todas esas energías en robar a los demás.

monttse dijo...

Estando en entornos hostiles es donde aflora nuestro yo más produndo.

Hay gente que aprovecha y se libera de las convencionalidades y de las cargas inutiles de la sociedad en la que vivimos... otros las adaptan al medio y siguen siendo igual de patanes.

Yo lo he vivido en mis carnes :)

Rusia es inmensa! Podrías hacer algún día la ruta del Transiberiano (y la del Transmongol). Seguro que te gusta.

Marcos dijo...

Que bonito escenario has dibujado, dan ganas de irse alli a vivir en plan Jack London ...
Me ha chocado lo de "..en la propiedad contigua una joven rubia.." en un pais donde la propiedad no existe :-)

Dashiell dijo...

Marcos, La propiedad va y viene :)

Monttse, muy de acuerdo en lo que comentas de los entornos hostiles, es ahi donde aparece el yo salvaje.

Dashiell dijo...

Furi3r, que el mundo es grande es algo de lo que uno se da cuenta al pisar Rusia, es sobrecogedor.

Anónimo dijo...

Hombre, yo creo q debe más por l asugestión que tu mismo te creas en la cabeza al estar en Rusia que por lo que ves y percibes en si mismo. "estoy en Rusia, esto es muy grande". Y ya tá.

Cuando estás en Castilla La Mancha también parece que sea enorme, de ahi la frase "ancha es castilla"

Anónimo dijo...

y el "yo salvaje" aparece en las situaciones de tensión, sean en medio de Siberia, en el amazonas, en Las Vegas, o en la Puerta del Sol.

Buen relato, en cualquier caso. esperamos próxima entrega ;)

monttse dijo...

Anonimos: No es lo mismo sacar la verdadera naturaleza de uno, el yo profundo, a sacar el dedo por la ventanilla del coche mientras maldices, jarto, a alguien en la Puerta del Sol.

No es lo mismo la estepa rusa o los paisajes groenlandeses que cualquier paisaje civilizado. :)

Anónimo dijo...

No me referia a momentos que todos tenemos conduciendo(aunque también, pero tienen menos mérito porque sabemos que podemos salir echando leches si la cosa se pone fea), sino a momentos vitales realmente complicados, donde escoges tu camino sin tener en cuenta los prejuicios sociales, puesto que son lo que menos te importan (reacción natural, se le llama). Y eso te puede pasar en cualquier lugar del mundo.

Que es un paisaje civilizado???? porque si las llanuras de Castilla la Mancha, el desierto de los monegros o según que zonas pirenaicas te parecen civilizadas poco las conoces.

P.D. Los dos anónimos éramos los mismos, obviamente :D

Anónimo dijo...

Por cierto:

yo me di cuenta de lo grande que era Rusia haciendo el Transiberiano, viviendo en mis propias carnes lo que te demorabas cruzando el pais, no visitando una zona concreta puesto que sólo te quedas con lo que abarcan tus ojos (en ese aspecto me dio más sensación de salvaje y enorme la Patagonia Argentina que Rusia).

P.D. Floppy, esperamos más de esas grades fotos(junto con sus grandes pies de foto, of course)

monttse dijo...

A los dos anonimos en uno, la definición es lo que nos hará entendernos, ya veras ;).

Yo creo que es incomparable una cosa con otra porque mi concepto de paisaje incivilizado es uno que no tiene carreteras o caminos practicables, no tiene vida vegetal, su tierra no da para cultivar, no tiene rios, ni arboles, solo algún arroyo con sus pececitos, matorrales, vegetación enana, musgo, piedras y algo de vida animal, incluso humana, pero poca.

Por eso para mi lo que descubres de tí mismo y en los demás no es comparable con lo que se puede ver en Castilla o en la Puerta del Sol.

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