Los cadáveres en el armario

Abraham siempre llegaba al colegio quince minutos antes de que terminaran las clases, aparcaba el coche cerca del edificio y se dirigía hacia la puerta con uno de los libros de la universidad bajo el brazo. Cuando el timbre sonaba la acera se convertía en un caos de niños revoloteando alrededor de sus madres entre risas y gritos de felicidad, Abraham recogía a su hermano pequeño y escuchaba atentamente todas las hazañas que había logrado: tres goles en el recreo, un sobresaliente en matemáticas, dos peleas ganadas... ambos estaban  unidos y el hecho de que sus padres trabajasen tanto no hacía más que incrementar ese vínculo.

Pero aquel día ocurrió algo.

Quizás el niño se soltó de la mano o tal vez fue el coche que no se detuvo ante la luz roja. Pero un cuerpo vuela, alguien grita, la gente corre....

Lo siguiente es una pesadilla que incrementa su intensidad al despertar: la mirada de una madre cosida a opiáceos recorriendo de noche una habitación vacía, los lamentos de un padre estricto que culpabiliza a su otro vástago, una carrera abandonada en el último curso, irse de casa para trabajar de lo que sea...


Raquel quería ser modelo pero se quedó embarazada a los 20, su novio la convenció para no abortar ya que con su sueldo de chapista podían alquilar un piso, vivir juntos y formar una familia, al fin y al cabo el amor lo puede todo.
Cuando el niño nació y las noches de fiesta tuvieron que convertirse en veladas de insomnio los golpes empezaron a llover por la más mínima excusa.
La chica que iba para maniquí, la belleza del instituto que había dicho "NO" a sus compañeros más brillantes, se veía divorciada a los 22 y en medio de continuos problemas jurídicos con su ex-pareja.
El caballo de la ansiedad dando coces en un corazón taquicárdico y los nervios rotos por los gritos, los lamentos y las amenazas de muerte.


Alberto acudió a la entrevista de trabajo y el dueño se lo dijo claramente: el local no era un restaurante sino un burdel, si aceptaba la oferta debía comprender que su jornada se ejecutaría en un club de alterne de lujo sirviendo copas a tipos en busca de furcias.
Lo pensó durante unos segundos y contestó "sí", al fin y al cabo no era él quién tenía que vender su culo.
La primera semana le hizo gracia ver como uno de sus profesores trató de pasar desapercibido al notar su presencia, la segunda consiguió esconder una sonrisa al ver a su vecino, un mes más tarde ya no prestaba atención a las caras y hasta empezó a trabar amistad con las putas.
Ucranianas, brasileñas, moldavas...
Chicas que venían de entornos descarnados donde la mierda llega hasta el cuello y la única forma de abrirse paso para respirar en la vida es a patadas.
Se convirtió en inseparable de una rusa, Katerina.

Tras dos meses más ella le invitó a su habitación, Alberto se quedó sorprendido al entrar: estaba llena de peluches y dibujos de príncipes. En el fondo se estaba convirtiendo en uno. Tres meses cortejándola hasta enamorarla.

Ennoviado de una zorra, las películas terminan ahí.

La realidad empieza cuando el sueldo se va en demandas de droga de tu pareja o cuando en la noche se mezcla el llanto con la humillación por haber durado un minuto en la cama.

 "No sabes follar, cualquiera de mis clientes lo hace mejor que tú"

A veces, la más inconsolable de las víctimas, aquella hundida en la peor de las fosas sépticas, puede acabar convirtiéndose en el verdugo de quién intente salvarla.
Ser tratado como basura durante toda tu vida deja una cicatriz indeleble, el corazón y el alma solo pueden romperse un número determinado de ocasiones.
 A partir de ahí el resto es inercia, caída libre.
Ochenta hombres a la semana, mil al año, únicamente son capas de dolor asentándose sobre las más profundas de las violaciones de proxenetas o de los golpes de un padre abusador.


Jukka da otro trago a su cerveza, está tremendamente bebido.

Lo sé porque ha abierto el armario y me ha enseñado uno de los cadáveres: su matrimonio, ese que parecía perfecto, no es más que fachada, su esposa y él duermen en habitaciones distintas y van a divorciarse, ella ya no le soporta.

Los mismos chistes que la hacían sonreir ahora le causan desprecio, todo se ha convertido en un mundo que se desmorona, en un teatro con dos actores en el que al final de la función ambos se desenmascaran clavando los ojos en el otro.

Ya no queda nada.

Solo resentimiento.

Y entonces comprendí por qué Jukka desviaba las respuestas cuando alguien le preguntaba por su mujer, al igual que años antes había entendido las razones por las que Abraham quería trabajar todas las horas extras posibles, o lo equivocado que estaba al pensar que Raquel parecía anoréxica porque trataba de ser maniquí o las causas que habían llevado a Alberto a repetir constantemente que todas las chicas son unas zorras.

Es imposible hacerse viejo sin ir acumulando cadáveres en el armario.

"¿Qué hay de tí?" me pregunta Jukka tras haber abierto las puertas que escondían el olor putrefacto de sus secretos.

Me quedo en silencio mirando la mesa, sé que la cuestión subyacente, la que quiere averiguar es otra.

"¿Cuál es tu cadáver en el armario Dashiell?"

13 comentarios:

Anónimo dijo...

escribes muy bien.

supongo que vas a contar cual es no?

Anónimo dijo...

Todos guardamos cadáveres, grandes o pequeños lo que ocurre es que intentamos esconderlo y a veces hasta lo conseguimos y ni siquiera nos acordamos de ellos.

Marcos dijo...

Bonita historia, supongo que no tendrás ningun cadaver escondido, yo no tengo ninguno pero creo que todo el mundo deberia publicarlos para avanzar en una sociedad mas mas justa y con menos miseria.

Chess dijo...

Un post muy bueno...coincido en que todos tenemos cadáveres en el armario según envejecemos. Y hasta intentamos olvidar que han existido.

Pero obviando los casos que has nombrado, que algunos son trágicos, también eso indica algo bonito: que aprendemos más.

Las canas a veces también dan algunos beneficios.

monttse dijo...

Lo describes de una forma perfecta.

Yo, por más que cuente de mí, de mis cadáveres hablo muy poco.

No creo que sean cosas faciles que se puedan contar en un blog a la ligera, se necesita intimidad,...

Harry Callahan dijo...

Gran texto, felicidades.

Anónimo dijo...

Todos los tenemos, el que diga lo contrario es que no se conoce.

Santiago dijo...

hola dashiell, te cuento que soy de uruguay y hace ya bastante tiempo que sigo tu blog, el cual me gusta mucho, hace poco decidí empezar uno yo también y me gustaría invitarte a que te pases.. saludos

Anónimo dijo...

Dashiell,
Hace tiempo que te sigo, así que creo estar enganchado a tu blog. Porque haces que la gente se identifique, que reflexione, que piense, que nuestra cabeza no se convierta en cadáver.

Sigue así.

ClaveDeSol dijo...

Todos tenemos cadáveres en el armario. En algún momento dado, con suerte, y en la situación y momento apropiados, salen a la luz. Y eso significa que has depositado confianza en alguien que consideras que la merece, lo cual es positivo y de agrader. Y cuando esto ocurre, el cadáver deja de oler a putrefacto para convertirse en otra cosa. Tal vez un aprendizaje, tal vez una lección... lo que sea.

Aireas la habitaciñon, ventilas y vacías el armario para llenarlo de cosas nuevas. Y por fín, dejas de cargar un muerto a la espalda eternamente.

Dicen que compartir es vivir, y parece que las penas compartidas pesan menos cuando alguien te ayuda a cargar con un poquito de tu dolor.

Aorijia dijo...

Me engancha cómo escribes.

Supongo que nunca nos hablarás de tus cadáveres.

Tarja dijo...

Why is it big deal if you have hard things in your life?
And why to make dead bodies of those things which are totally normal life (unhappy love, kids, dying...)?
Would it be just easier to forgive yourself and move on?

Pilar dijo...

Brillante como siempre!

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