El país olvidado: una historia de democracia contra deuda

Hoy es un hecho olvidado pero  la crisis de deuda más extraordinaria de la historia no se dio en Latinoamérica, tampoco en Europa o Asia, ocurrió en un país anglosajón, un país que ya no existe habitado por irlandeses y británicos en el que la democracia y los acreedores se enfrentaron en un conflicto dramático que desembocó en una solución sin precedentes.

Newfoundland (Terranova) había arranacado de Londres un sistema de autogobierno amplísimo en 1855, lo consiguió antes que Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia o Malta y su Parlamento se convirtió en el segundo más antiguo del imperio Británico después del de Wenstmister. En 1907 dejó de ser una colonia y alcanzó el estado de "dominio" lo que equivalía en la práctica a la independencia aunque quedando ciertos vínculos con la metrópoli (especialmente la corona).

Tras el fin de la primera Guerra Mundial el país ejecutó un importante plan de infraestructuras, en concreto carreteras y mejoras en los ferrocarriles lo que unido al esfuerzo financiero realizado durante la contienda dejó al país fuertemente endeudado, tanto era así, que al estallar la crisis de 1929 Terranova se encontraba en una posición delicadísima, mucho peor que el resto de naciones ya que unía a las consecuencias de La gran depresión sus propios problemas internos consistentes en:


a) Una economía basada aplastantemente en la pesca (25% del PIB y 50% de la masa laboral)

b) Infraestructuras deficitarias, el Estado tuvo que hacerse cargo del desastroso ferrocarril e inyectar 1 millón de dolares anuales en él (lo que equivalía al 9% de sus ingresos)

c) Un fuerte déficit.

d) El descrédito absoluto de la clase política a la que se consideraba incompetente y corrupta.

En esas circunstancias  la crisis mundial golpeó como un martillo. La demanda de pescado se redujo y el precio cayó a la mitad, los ingresos del Estado se hundieron pasando de 11'6 a 8 milliones y el desempleo aumentó hasta el 30%.
El gobierno de Terranova decidió tomar más dinero prestado dado que era incapaz de  mantener con sus propios recursos la estructura administrativa y social del país. Se entró en una espiral, Newfoundland, tenía ya a un tercio de sus habitantes viviendo del Estado y al mismo tiempo debía devolver crecientes sumas de dinero. En 1931, dos años después del inicio de la gran depresión, el Banco de Montreal (que era el encargado de colocar los bonos de Terranova) informa al gobierno del país de que es incapaz de encontrar a alguien que quiera adquirirlos. Los mercados habían dicho basta, la deuda de Newfoundland alcanzaba el 300% del PIB y se necesitaban dos tercios de los ingresos solo para pagar intereses.

El cierre del crédito generó pánico en los políticos, el primer ministro Richard Squire viajó con urgencia a Ottawa con la intención de convencer al gobierno canadiense de la necesidad de presionar a sus bancos para que les prestasen más dinero. Tras algunas reuniones se llegó a un acuerdo por el que las entidades del país vecino les otorgarían un nuevo crédito de 2 millones.

Pero Terranova no sólo se vió incapaz de devolverlo sino que más tarde pidió otro por la misma cifra ya que  no podía cubrir los depósitos bancarios. Esta vez las entidades financieras se negaron en redondo y de nada sirvió la intermediación política del gobierno canadiense, sólo aceptaron cuando los dirigentes de Newfoundland dieron el permiso para que los bancos controlasen los gastos del país.
A pesar del pequeño balón de aire Terranova continuaba desesperadamente sedienta de financiación, se estudiaron todas las posibles opciones hasta que únicamente se encontró la salida de vender la mitad del país a Canadá, en concreto su territorio de la península de Labrador (fronterizo con Quebec)
Ottawa declinó la oferta, si algo le sobraba al país eran kilómetros cuadrados de tierras vacías, quizás en otro momento hubiese sido aceptable el adquirirla, pero en medio de la mayor crisis de la historia del capitalismo no era la mejor idea.

Los acreedores de Terranova obligaron al país a hacer más y más recortes, recortes que llegaban en un momento absolutamente desesperado para la población. No se trataba de que los ciudadanos de Newfoundland corrían el peligro de perder sus viviendas ni siquiera de que tuviesen que acudir a comedores sociales, se trataba de que decenas de miles de hombres y mujeres subsistían con menos de seis céntimos diarios, se trataba de que los niños padecían malnutrición, se trataba de que las enfermedades producto de la falta de alimentos debilitaban y hacían morir a seres humanos.

Detrás de cada guarismo hay una tragedia.

Los recortes llegaron a tal extremo que las personas desempleadas que recibían una mísera cántidad insuficiente para sobrevivir pasaron a ser pagadas en especie (té y azucar). La desesperación hacía hervir las calles y el 11 de febrero de 1932 se encendió la mecha.

El ministro de finanzas Peter Cashin, un duro ex veterano de guerra,  dimitió tras acusar al jefe del gobierno ,Richard Squires, de haber falsificado la cantidad de minutos en los que el gabinete se había reunido para cobrar un cifra mayor en dietas.

La noticia no tardó en extenderse por la capital de Terranova, Saint John, y una multitud compuesta por millares de desarrapados se dirigió espontáneamente a las puertas del edificio del gobierno.

No tenían trabajo. No tenían ingresos. No tenían con que alimentar a sus hijos.

El hecho de que los políticos estuvieran apropiándose de bienes públicos en una situación así  hacía que el odio ardiese por las calles de toda Terranova. Para calmar a las masas se distribuyeron inmediatamente cupones de racionamiento y se prometió estudiar la denuncia de Peter Cashin. Se formó una comisión para investigar el hecho que rápidamente exculpó de todos los cargos al primer ministro. La noticia se sumó a un recorte en las pensiones y a un incremento de los impuestos sobre el consumo. la unión de todo ello generó una ola gigantesca de odio entre los ciudadanos. 23.000 personas corrieron desordenadamente hasta la sede del gobierno pero esta vez no habría forma de comprarlas. Una multitud destrozó los cristales del edificio hasta que consiguió acceder al interior arrasando con todo a su paso.

Su objetivo era claro:  linchar a Squires y a todos sus ministros.

El jefe del gobierno pudo escapar milagrosamente aunque fue perseguido por un grupo que le acechaba mientras él corría calle abajo. Se extendió el caos por todo el distrito de negocios de la capital y no pudo recobrarse la tranquilidad hasta que grupos de veteranos de la Primer gran guerra empezaron a patrullar por la ciudad. La legislatura terminó inmediatamente y se convocaron elecciones para el 11 de junio.


Revuelta de 1932 frente al Edificio Colonial, el pueblo de Newfoundland destroza las puertas y se abre paso hacia el interior  para ajusticiar a sus políticos.

El United Newfoundland Party consiguió 24 de los 27 asientos del congreso, el nuevo primer ministro, Frederick Alderdice (un empresario conservador) había alcanzado el poder prácticamente sin haber realizado ninguna propuesta para resolver los problemas de la nación.

Examinadas las cuentas y las posibilidades Alberdice comprendió que el país no tenía ninguna salida, pretender afrontar una deuda cuyos intereses ascendían a tres cuartas partes de los ingresos de Terranova era una tarea imposible. Alberdice comunicó a Canadá y gran Bretaña su intención de suspender pagos a los acreedores.

Ottawa entró en cólera, el propio gobierno había intercedido ante sus bancos para garantizar unos créditos que aquellos no querían dar, un default de Terranova causaría daños a sus entidades financieras e indirectamente a su tejido productivo en medio de una profunda crisis mundial. Gran Bretaña, por su parte, se negó en redondo, los británicos temían que la suspensión de pagos pudiera dañar la credibilidad de todas sus colonias y la suya propia elevando con ello los intereses de su deuda. Se trataba, además de una cuestión de prestigio, para los dirigentes británicos ese tipo de incumplimientos sólo se daban en Sudamérica y era lo que justificaba que Estados Unidos hubiese invadido Haití o cañoneado Venezuela.

En ese momento Londres y Ottawa presionaron para que se ejecutase una solución distinta y que iba a convertirse en histórica: dada la desastrosa evolución de la economía, el nepotismo y la corrupción rampante que asolaba el país, Terranova necesitaba de un "descanso en su sistema de partidos", de hecho una comisión
estudió sus finanzas determinando que:

"that until such time as Newfoundland may become self-supporting again, there should be substituted for this (Responsible Government) a form of Government under which full legislative and executive power would be vested in the Governor acting on behalf of a specially created Commission of Government over which his Excellency would preside." 


A pesar de los tecnicismos era evidente que se estaba promoviendo un cambio de sistema político en el que un país democrático debía ser transformado en una dictadura manejada por un grupo de personas no elegidas por el pueblo y que tampoco iban a responder ante él.

Aprobar una decisión de ese calibre iba a requerir del visto bueno tanto de Terranova como de Gran Bretaña (dado que la comisión que debería gobernar el país sólo iba a responder en última instancia ante Londres).
El parlamento de Newfoundland apoyó la propuesta e incluso la población no se mostró contraria dadas las terribles condiciones de vida y su escasa fe en los partidos.
En Gran Bretaña, en cambio, el inaudito plan para solventar el problema económico de Terranova generó virulentas reacciones opuestas, el político laborista David Grenfell afirmó que la iniciativa no sólo era antidemocrática sino moralmente indefendible ya que se pretendía destruir una forma de gobierno justa simplemente para salvar a acreedores que habían hecho una mala inversión.
A pesar de las voces contrarias el proyecto salió adelante y el dieciséis de febrero de 1934 Newfoundland se convertía de nuevo en una colonia del imperio inglés, la carta magna del país fue abolida y una comisión de seis miembros pasó a regir la nación, era un grupo de seis personas que respondía solo ante Londres.

Gran Bretaña y Canadá se hicieron cargo de dos tercios del pago de la deuda mientras que Terranova tenía que cubrir el 33% restante, también se redujeron los intereses convirtiéndola en libras.

La situación internacional continuó complicándose, en 1933 Hitler había accedido al poder en Alemania y poco a poco iba apareciendo como inevitable el conflicto en toda Europa. Newfoundland tenía una importante posición estratégica en la defensa del río Hudson y con ello la costa este de Estados Unidos y las mayores ciudades de Canadá.

Una vez iniciada la contienda millones de dolares fueron destinados a construir infraestructuras militares, primero canadienses y luego americanas, 20.000 ciudadanos de Terranova fueron contratados en ellas recibiendo un sueldo 3 veces mayor al que podían obtener de pescadores y junto a ello millares de soldados americanos pasaron a residir en el país, dejandose en él todos sus ingresos.

La llegada de los estadounidenses causó un profundo shock en Terranova, los habitantes del pequeño país, hombres y mujeres que estaban sufriendo de hambruna y desesperación pudieron comprobar como sus vecinos mascaban chicle sonrientes, vestían ropa limpia y cuidada e incluso disponían de gramófonos para escuchar música. Un tercio de los jóvenes de Newfoundland (especialmente mujeres) se casaron con ciudadanos de Estados Unidos.

Cuando la guerra acabó la economía del país se encontraba de nuevo saneada de forma que la dictadura ya no tenía ningún tipo de justificación. Se fijó la fecha de un referéndum para dictaminar el futuro de Terranova, un referendum que debía llevarse a cabo en 1948 y en el que podrían votarse 3 opciones: volver a la independencia, unirse a Canadá o seguir siendo una dictadura.

Los resultados no fueron concluyentes, el 41% de los votantes eligió confederarse con el país vecino, el 44% retornar a una situación política en la que Terranova fuese independiente, y ¡Un 14% secundó el continuar siendo una dictadura!

La consulta tuvo que repetirse, las posiciones se volvieron enconadas, los partidarios de la unión con Canadá
realizaron discursos emotivos recordando la pobreza pasada de la nación, su líder, Joseph Smallwood, periodista y granjero de cerdos, hizo rememorar a todos los tiempos de penurias sufridos:

"We all love this land. It has a charm, it warms our hearts, go where we will, a charm, a magic, a mystical tug on our emotions that never dies. With all her faults we love her. But a metamorphosis steals over us the moment we cross the border which separates us from other lands. (...) 
We might manage, precariously, to maintain independent national status. We can resolutely decide to be poor but proud. But if such a decision is made it must be made by the sixty thousand poor families, and not by the five thousand families who are confident of getting along pretty well in any case."


La oposición pro-independencia le acusó de traidor y troskista pero en el segundo referendum ésta fue la opción más votada por los electores.

La disolución de Newfoundland como país fue firmada a las 11:56 del 31 de marzo de 1949.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

se te ha ido: es ración no razón.

Sergio dijo...

Un escrito genial. Desconocía la historia, pero indagaré más allá para enterarme bien.

Gracias por compartirla.

Anónimo dijo...

Muy entretenido y curiosa la historia. Miedo me dan las comparaciones.

Henry Dark dijo...

Aquí estaríamos aplaudiendo a los corruptos y la gente se diría "yo si estuviera ahí haría lo mismo..."

Anónimo dijo...

Muy parecido a Ejpaña, solo hay que cambiar pescado por ladrillos.

monttse dijo...

Que desaparezcamos como país no se, pero que desaparezcan entidades locales muy españolas como las diputaciones provinciales e incluso municipios, ... podría ser, ya veremos.

Espero que nadie con mayoría democrática se vuelva dictador. Y por si acaso, espero que no saque nadie mayoría absoluta!

Nordes dijo...

Increíble historia. Parece una ficción que alguien se le hubiese ocurrido sobre lo que podría suceder ahora en algún sitio...

Quiero animarte a que sigas sacando a la luz capítulos de la Historia tan apasionantes como este!

Rachael dijo...

Gran historia Dashiell.
La libertad y la soberanía de un país, cuando no se tiene lo que comer, no sirven para nada.

Ramon dijo...

No puedo evitar disentir del titular del articulo. La deuda de Newfoundland era tan democática como el pais, y, por eso mismo, debia pagarse. Si el pueblo soberano, los votantes, se dejo liar por unos politicos a los que votó a pesar de su gestion irresponsable, es este pueblo y nadie mas quien debe pagar por sus pecados.
Seria muy comodo que el pueblo "siempre acierte", como suele decirse en las elecciones, cuando sale cara, y que en cambio se presente como una victima cuando sale cruz. Era responsabilidad del pueblo elegir gente seria y competente para governar el pais, y era tambien responsabilidad del pueblo controlarles. Si el pueblo voto al mas resulton o al mas guapito y salio rana, el pueblo debe pagar... y andarse con mas cuidado la proxima vez

Dashiell dijo...

La democracia no es únicamente votar cada cuatro años.

Anónimo dijo...

A mí me parece también legítimo que democráticamente un estado en dificultades decida que no paga su deuda, y asumir que por lo menos durante un tiempo nadie va a volver a prestarles dinero. Y no por ello es obligatorio disolver la democracia o vender a el país a trozos.

Los acreedores puede que pierdan parte o todo su dinero, pero es que así son los negocios: se hace una inversión y puede ir bien y obtener beneficio, o salir mal y tener pérdidas. ¿O es que acaso las inversiones en deuda pública se guían por normas distintas?

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