Tras el decorado


Cuando salí a la calle dejó de llover.

Los edificios tenían un aspecto irreal, eso fue lo primero que me vino a la mente al verlos: cúpulas asombrosas, tejados con inclinaciones imposibles, paredes antiguas sobresaliendo de torres robustas: el plató de un cuento de hadas abriéndose espacio a codazos en el medio de la ciudad.

Levanté la vista intentando encontrar el nombre de la callejuela, a pesar del suelo resbaladizo algunas chicas trotaban sobre los adoquines sorteando a los viandantes que se detenían en la calzada. No pude ver ninguna inscripción así que continué andando mientras describía un mapa en mi cerebro.

¿"Rozena iela", quizás?

Avancé en dirección al canal ya que era el límite del casco histórico, tras cruzarlo seguí de forma caótica hasta darme de bruces con un pequeño comercio de carteles indescifrables. Me puse la mano en el bolsillo y barrí algunas monedas.

"Quiero esto y esto" dije en inglés mientras colocaba unas latas en el mostrador.

La mujer me contestó algo que no entendí, miré la caja registradora para saber cuanto dinero dar y mediante signos pude hacerle comprender que necesitaba también una bolsa.
Cogí todo y me senté en el banco de una parque contiguo, puse el maletín en el suelo, rodeando mi pie con la bandolera, me aflojé la corbata y abrí una de las cervezas.

Las farolas de las aceras tenían una iluminación anaranjada y tenue, creaban pompas de luz entre la oscuridad profunda de la noche.
Le di otro sorbo a la lata empujando todo el contenido por el gaznate y la sepulté en la papelera.
Me bebí dos más observando el suelo con la mente en blanco. Desapareció la noción del tiempo.

Cerré los ojos por unos segundos. Al abrirlos mis pupilas se clavaron en un simulacro de rascacielos que ascendía entre los árboles.

"Radisson blu"